LETRA DESATADA | Ella es mi amigo con tetas

Mercedes Chacín 

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“Te presento a mi amigo con tetas”. Hace poco tiempo me dijeron eso, pero la primera vez que lo escuché tenía menos de 20 años y no me sonó mal, creo que hasta orgullosa me sentí. Fui siempre una joven inquieta, como un hermano a quien admiraba. Lo admiraba tanto que caminaba como él. Sus amigos, por eso, me decían “Pedrita”. Nunca me molestó la verdad. Era mi hermano. Y de paso fue quien me habló por primera vez de feminismo, desde la cotidianidad del hogar de la familia Chacín Díaz, en Altagracia de Orituco, estado Guárico. “No tienes por qué plancharle la ropa ni a Lizardo ni a Luis ni a Harold”. Recordé este pasaje (que hemos contado otras veces) de la adolescencia a raíz de la visita de la magistrada del Tribunal Supremo de Justicia Carmen Zuleta de Merchán a nuestra Cita con la actualidad, en la esquina de Gradillas en la sede de Ciudad CCS. “Nosotras tuvimos que parecernos hombres para poder ascender”, contó Carmen.

Desde nuestra candidez adolescente, e inconscientemente, empezamos a comportarnos como hombres, primero en el Instituto Universitario de Tecnología Región Capital, luego en la Universidad Central de Venezuela. Parecerse a nuestros líderes o a nuestros amigos fue solo una cuestión de tiempo. Sentarse con las piernas abiertas, escarranchadas, como si tuviéramos unas bolitas entre las piernas, fue algo que aprendí a hacer bien carajita. Sentarnos con pose de manganzón, con las piernas estiradas y los brazos cruzados detrás del cuello, tomar cerveza insaciablemente… Era divertido andar haciendo cosas de machos. Hablar fuerte y decir groserías era muy “masculino”, sin embargo, toda esa “diversión” nunca impidió que el cerebro anduviera por otra parte. Mi ropa preferida es un vestido aunque no niego la comodidad de los pantalones, simples cuestiones de gusto. Recuerdo mis encuentros con Nora Castañeda, con Nora Uribe, con Rebeca Hackett, con Magaly Celis… Lideresas universitarias conscientes del papel de las mujeres en la política y en la vida.

Curiosamente nunca fui “militante feminista”. Ya en los 80 los estereotipos marcaron a las mujeres defensoras de los derechos de las mujeres y ser feminista no se asociaba con lo femenino. La palabra desaprender no existía como en estos tiempos pero era, y es aún, muy difícil desaprender en un mundo donde el patriarcado manda.

Quienes hemos sido de izquierda toda la vida no creemos que la gente de derecha es progresista. Es un mito. Aunque en Venezuela hay un montón de gente que siendo de izquierda (toda la vida) ahora creen que los comunistas comen niños. Eso mismo me pasa con el feminismo. Hay un montón de hombres de izquierda que ahora dicen que las feministas queremos acabar con ellos, matarlos, aniquilarlos, descuartizarlos y caparlos. Que somos feminazis y quién sabe qué otro epíteto. No es que no entendamos por qué son tan incoherentes (es difícil entender que son unos privilegiados) pero sí me da tristeza. No se han dado cuenta de que la mujer es un sector oprimido. Y que si eres de izquierda debes luchar contra eso y desaprender. Para eso deben estudiar. Imperialismo, machismo, patriarcado, todo eso es lo mismo. Estudien compañeros, que algo queda. Sigamos.

Mercedes Chacín