ARTE DE LEER | “Ciudad, noche y ritmo”, o los nombres sublimes de la calle de Benito Mieses

Ricardo Romero Romero

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Deambular únicamente por el placer de andar por cualquier parte puede significar en sí mismo un camino. No tener un destino definido, donde salir de casa solo constituye un ejercicio de libertad, es cosa a veces subestimada o simplemente ignorada por los marchantes del día o la noche.

O también pudiera ser la voluntad consciente de quien disfruta desplazarse por los espacios de la calle, ese sitio que le pertenece a todos o a nadie, ese lugar que es tan amplio y plural, del que un mendigo se siente tan dueño como un ciudadano burgués.

Es así como la urbe tiene sus particularidades e identidad, su carácter se forma de acuerdo a quien se apropia de su paisaje:

Una ciudad se dice
en sus callejones
en sus intersticios
gato y nómada
dan nombre a la calle
una mano deja un signo
un grito gráfico en la pared
para que el olvido no la trague
y es objetivo el objeto
donde traza su figura.

El poeta y la ciudad son un encuentro. El versador interpreta los elementos que componen el espacio por donde transita y se convierte en huésped de su intemperie:

Hablo de gatos en basureros
sin arenas, ni tías ricas,
ni visiones filantrópicas
sino maullando, cazando soledad,
a gritos sus ardores
un gato “gato”
que pendula entre la luna
y la cornisa
escarbando en el detritus
el manjar que lo alimenta
y se mece como un príncipe nocturno
errante y elegante
entre desperdicios y orinadas.
Siempre escoge la mano
que lo acaricia
y huye desconfiado de otros pasos.
Muchas noches
nuestras miradas
se cruzan
y juntos
le cantamos a la luna.

Benito Mieses

Como animal nocturno, Benito Mieses (1) adquiere la propiedad de todo lo que se atraviesa por su paso en Ciudad, noche y ritmo (2), una sólida apuesta que la editorial La hoja de la calle nos obsequia a los noctívagos del pensamiento. Y es que Mieses se vuelve palabra y ladrillo, verbo y pavimento, y lo demuestra con poemas que son espejo de la construcción del cemento que habitamos:

Esta ciudad, de quebradas y senderos
de esquinas, estatuas y héroes, bares y bohemias
cae sobre nosotros, enérvase nuestra sangre
mientras trasnochados
bebiendo nuestra copa de mal
vagabundeamos entre plazas
calles amujeradas
para sonreír de pura contentura…

Cual Adán en su Edén, Benito se dispone a nombrar a las especies de la metrópoli, no con denominación onomástica, más bien traduce sus encantos, revela los secretos escondidos de los que simbolizan, se detiene a repensarlos y los resignifica con goce:

Hora de saltar a la calle
a dar la cara a la fresca brisa
a la contemplación del movimiento
cadencioso de los cuerpos
a la prisa en los ojos que no se ven
el calor del sol de este trópico
y el rumor, el movimiento
nada predecible
de una realidad
llena de sorpresas
que sigue su rumbo
por el maravilloso caos
que nos ofrece
el misterio.

El poeta nos invita a recordar que la vida es trasiego, que los versos no son letras inertes, por el contrario, cuando se pronuncia con metáforas lo que observamos, nos involucramos en un juego de acción, que desarrolla imágenes del placer, donde lo simple es quintaesencia:

Por las calles en movimiento
buscando el sitio
que ampare el corazón
de los signos del cielo
la sal nutre la tierra
el espíritu se levanta
en este brote germinal
renazco.

Ricardo Romero Romero | @ItacaNaufrago

(1) Benito Mieses (Maracaibo-Venezuela, 1958). Poeta, pintor, traductor, diseñador gráfico y economista. Perteneció al Grupo Aguacero, UCV, Caracas, 1980-83. Es miembro fundador de la Red Nacional de Escritores de Venezuela. Ha publicado los libros: Trece (1982); Antología de nadie (1993); Nombrarse con las cosas (1995-98); Alfredo, las noches y las calles (2001), Destruido más no derrotado (2014) Por los caminos de Bukoswski, (traducción 2003), Oscuro rumor (2004), Heridas de cal (2020). (Tomado de https://lp5.cl/)

(2) Ciudad, noche y ritmo. Editorial La hoja de la calle. Colección Poesía. Edición digital, 54 páginas. 2020.
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Ciudad noche y ritmo