LA ARAÑA FEMINISTA | Un feliz encuentro con Wolf

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En mi lista de libros por leer hay obras significativas del movimiento feminista, libros que siguen en la pila de “por leer”. Finalmente pude hacerme cargo de uno de los pendientes: Una habitación propia (Virginia Wolf, 1929).

Tomar este libro de Wolf me daba un poco de miedo. Enfrentarse a alguien de principios del siglo XX, inglesa, podría ser un boleto al país de los sueños y entonces Una habitación propia habría pasado de la lista de los pendientes a la de los imposibles e imagínense la culpa.

La primera alegría que da este libro es que es divertidísimo, lleno de imágenes, ironías y fino sarcasmo. Un texto, que juega entre la ficción y el ensayo, en el que nos vemos aún las mujeres reflejadas. Y ¿cómo en un libro del siglo pasado todavía nos podemos ver?
La autora en los textos se pregunta ¿dónde están las novelistas y sus obras? Así, emprende la búsqueda en las bibliotecas, universidades, para ubicarlas finalmente en salones familiares abrumadas por los deberes domésticos.

Virginia nos pasea en su texto por limitaciones estructurales aún presentes, por más que vivamos en el siglo XXI. A medida que leemos podemos identificar cómo las exclusiones económicas, educativas o culturales se han transformado y adaptado para seguir controlando la creación de las mujeres y su circulación y perpetuando la idea que nuestro lugar está en lo privado.

Pero, lo que más me impresionó de este libro es la puesta en blanco y negro de uno de los debates medulares de la creación artística: ¿qué es lo universal o como dice Virginia “lo importante”?

“Pero muy a menudo, es evidente, los valores de las mujeres difieren de los que ha implantado el otro sexo, son valores masculinos los que prevalecen. Hablando crudamente, el fútbol y el deporte son “importantes”; la adoración a la moda, la compra de vestidos “triviales”. Y estos valores son inevitablemente transferidos de la vida real a la literatura.

Este libro es importante, el crítico da por descontado, porque trata de la guerra, este otro es insignificante porque trata de los sentimientos …”

Por último, se aproxima a la necesidad que tienen las mujeres de encontrar sus propias voces como mujeres y no ser un remedo de lo que los varones, el patriarcado dice que es “importante”, que a principio y final de cuentas excluye lo que sentimos, padecemos, vivimos y queremos expresar las y los otros, que no somos varones, blancos, del norte.

Virginia termina con una invitación:

“En resumen es un exhorto a vivir intensamente y poner con una voz propia las experiencias en los libros, cualesquiera que quieran escribir porque todos son necesarios para tomar la palabra”.

Por Alejandra Laprea