LETRA DESATADA | Pueblos necios

Mercedes Chacín

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Cuando la Revolución Cubana triunfó, hace más de 60 años, no existían las mal llamadas redes sociales. Las noticias de afuera y de adentro no se trasmitían en vivo y en directo por los teléfonos. La radio era el medio de comunicación que se usaba desde dentro y fuera de la isla, para defender o para atacar a Fidel Castro o al Che Guevara. Se hicieron películas en Cuba que reflejaron su cotidianidad. Las de quienes se quisieron ir y las de quienes se quedaron para construir un país distinto. “No vivo en una sociedad perfecta / yo pido que no se le dé ese nombre / si alguna cosa me hace sentir ésta / es que la hacen mujeres y hombres”, cantaba la Nueva Trova Cubana, en la voz de Pablo Milanés, en 1982.

Afuera, la propaganda no descansaba. “Los comunistas comen niños”, se afirmó millones de veces y esa frase tan repetida e inscrustada en nuestras mentes por la industria cultural gringa, que domina ampliamente en el planeta, es aún tomada como una verdad. No hay imágenes que lo confirmen. Y aunque la frase es sorprendente y horrorosa, mucha gente lo cree.

Lo que sucede desde el 11 de julio de 2021 en Cuba es una “dinámica” que para las venezolanas y venezolanos es, ahora, cotidiana. Pero no lo era en 2002. Chávez escribió en un papelito, María Gabriela “trianguló” para decir desde Cuba que era un golpe de Estado. Isaías Rodríguez, entonces fiscal general, convocó a una rueda de prensa para decirlo y lo sacaron del aire. El radio bemba fue viral. La pandemia de verdades se trasmitió de boca en boca. Los medios de comunicación primero difundieron solo comiquitas y después, la autoproclamación del breve “presidente”, Pedro Carmona Estanga, fue la imagen que estremeció algunas conciencias.

El aparato de propaganda gringo nunca ha dejado de trabajar, disfrazado de entretenimiento. En sus películas los terroristas son musulmanes, cubanos o rusos. Ahora son venezolanos. A eso le agregó el bloqueo económico. Una asfixia genocida. El afrodescendiente indigno Barack Obama, lo decretó también para Venezuela. Las muertes de Chávez y Fidel entusiasmaron a los especialistas en atajos.

Casi seis años después de la muerte de Fidel, la guerra de cuarta generación, la híbrida o la asimétrica, el nombre es lo de menos, basa toda su estrategia en la mentira difundida por las televisoras y páginas web con la “ayuda” de millones de seres humanos, o bots, que usan las redes sociales. ¿A quién le importa la verdad? El mundo forrado de falsos positivos hace que las mentiras, combinadas con el bloqueo económico, conviertan al socialismo en una tragedia para el país que “ose” emprender esa ruta.

Curiosamente cuando se habla de propaganda no se piensa en Richard Nixon. Se piensa en Stalin. Eso habla de la eficacia de la dictadura mediática que hoy existe en el mundo, a pesar de Telesur, Rusia Today o Hispan TV. Ahora unos jóvenes avezados, dueños de las redes sociales, censuran incluso a un troglodita como Trump. Tigre no come tigre.

Pero lo que es igual no es trampa. Los cubanos y las cubanas, las venezolanas y los venezolanos, tenemos algo en común: dignidad. “Me vienen a convidar a arrepentirme / me vienen a convidar a que no pierda / me vienen a convidar a indefinirme / me vienen a convidar a tanta mierda”, cantó Silvio en su canción El Necio, en 1992. No son sociedades perfectas, pero son dos países llenos de necios y necias. Sigamos.

Mercedes Chacín