ASÍ DE SENCILLO | Yo sufro

Maritza Cabello

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Hace diez años que va del patio a la cocina, de la cocina a la habitación, en su andar lento, muy lento. Lentísimo. Carga con su cuerpo, le pesa. Casi lo arrastra a diario. Ese cuerpo que se ha convertido en su enemigo. Lo sabe enfermo, lo siente enfermo. Está convencida.

Ella se dice: “Yo sufro”.

Sufre de las rodillas, sufre de los nervios, sufre y sufre.

Así vive, vegetal. Esperando, porque: “¿Qué se le va a hacer? Fue lo que me tocó”.
Artrosis.

Es su mantra “Sufro de artrosis”.

A quien se le acerca le cuenta su aventura con la artrosis, “no puedo hacer nada, mija”.

Sus hijos vienen a traerle las previsiones, el esposo está siempre a su lado como soldado a su orden.

Los vecinos vienen a saludarla y conversan sobre cómo va la artrosis, ya conocen los nombres del río de pastillas que consume.

Por eso cuando a una visitante se le ocurrió darle una solución.

“¡Como se te ocurre!”, “¡Yo sufro, yo sufro, yo sufro y punto!”.

A cada propuesta para una posible salida, devolvió ceño fruncido, boca torcida y “yo he hecho de todo, nada me sirve, porque yo sufro de artrosis”.

Ella seguirá esperando, en estado vegetal. Así lo decidió en lo más profundo de su necesidad de amor.

Deja quieto lo que está quieto.

Sufre.

Maritza Cabello