ARTE DE LEER | José Asunción Silva o la frontera de la palabra

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Hay versos que en sus breves composiciones reflejan un manantial de saberes. En ellos podemos encontrar respuestas e interrogantes. Esos poemas contienen voces ocultas, como si se tratase de un ser sentipensante que dialoga con el alma del lector. Se escurre entre las cavernas del pensamiento y genera la sensación de que el hombre o la mujer tienen una multitud dentro de sí mismo:

Las cosas viejas, tristes, desteñidas,
sin voz y sin color, saben secretos
de las épocas muertas, de las vidas
que ya nadie conserva en la memoria,
y a veces a los hombres, cuando inquietos
las miran y las palpan, con extrañas
voces de agonizante, dicen, paso,
casi al oído, alguna rara historia
que tiene oscuridad de telarañas,
son de laúd y suavidad de raso.

Y así nos encontramos en la frontera de la palabra, donde el poeta también es un filósofo, sobrevuela el género de lo literario y se mezcla con la ciencia del espíritu. Una vez que el cantor espectral pronuncia sus encantos, los ojos se posicionan en las letras, cual pájaro en la rama:

El pasado perfuma los ensueños
con esencias fantásticas y añejas
y nos lleva a lugares halagüeños
en épocas distantes y mejores;
¡por eso a los poetas soñadores,
les son dulce, gratísimas y caras,
las crónicas, historias y consejas,
las formas, los estilos, los colores,
las sugestiones místicas y raras
y los perfumes de las cosas viejas!

En ese adentro del cuerpo, se alza una voz insurrecta, que se esmera en verter un caudal de símbolos, se complace en darnos una vibración melódica, bajo una lírica de calma:

Como Naturaleza,
cuna y sepulcro eterno de las cosas,
el alma humana tiene ocultas fuerzas,
silencios, luces, músicas y sombras;

Sobre una eterna esencia
pasos instables de caducas formas
y senos ignorados
de la vida y la muerte se eslabonan.

José Asunción Silva

En su pasión artística, José Asunción Silva (1), poeta que escribió a pequeños y adultos, para seres que buscan enaltecer su existencia por medio de la palabra, se mantiene vigente en la médula de la literatura. Biblioteca Ayacucho, un proyecto de conocimiento emancipador pone a disposición una publicación de la Obra Completa (2) del letrado colombiano. Bajo una edición de estudio y ahora disponible de forma digital, Silva permanece vivo, mirando nuestros rostros:

El espíritu sólo
al conmoverse canta:
cuando el amor lo agita poderoso
tiembla, medita, se recoge y calla.

Pasión hubiera sido
en verdad; estas páginas
en otro tiempo más feliz escritas,
no tuvieran estrofas sino lágrimas.

Si bien es cierto que sus versos contienen tristeza, su fuerza arropa la adversidad. Nos impulsa a volver a la cálida niñez, a mantener nuestro interior lleno de lozanía:

Con el recuerdo vago de las cosas
que embellecen el tiempo y la distancia,
retornan a las almas cariñosas,
cual bandada de blancas mariposas,
los plácidos recuerdos de la infancia.

José Asunción convoca a posarnos en esa época de oro que pensó Martí, que juguemos con el poema, para que caminemos por un sendero de súbita gloria:

¡Edad feliz! Seguir con vivos ojos,
donde la idea brilla,
de la maestra la cansada mano
sobre los grandes caracteres rojos
de la rota cartilla,
donde el esbozo de un bosquejo vago,
fruto de instantes de infantil despecho,
las separadas letras juntas puso
bajo la sombra de impasible techo

El retorno a ser niños es un regreso a la ternura. Es subvertir el orden establecido de la guerra humana, de la competencia biológica, a deconstruir este sistema-mundo que nos conduce a la rapidez y lo efímero:

Infancia, valle ameno,
de calma y de frescura bendecida,
donde es suave el rayo
que abrasa el resto de la vida
¡cómo es de santa tu inocencia pura,
cómo tus breves dichas transitorias,
cómo es de dulce en horas de amargura
dirigir al pasado la mirada
y evocar tus memorias!

Sí, para José Asunción Silva, recordar es vivir. Volver al origen de lo grande, de lo hermoso, de aquello que nos contrae de la natural barbarie de nuestra especie y por eso el poeta grita para que la realidad sea otra, llena de un abrazo radiante y un beso sabor a cielo.

Ricardo Romero Romero | @ItacaNaufrago

(1) José Asunción Silva (Bogotá-Colombia, 1865-1896). Poeta y narrador. En 1878 dejó los estudios y comenzó a trabajar en el almacén de su padre, y empezó a escribir las poesías que más adelante recogería en el libro Intimidades. En 1884 viajó a París. Este viaje marcará un cambio de rumbo en su poesía. En junio de 1887 murió su padre, dejando el negocio en bancarrota. El poeta se enfrentó a una crisis económica y tuvo fuerzas para iniciar la redacción de su novela De sobremesa. En enero de 1891 murió su hermana Elvira, a la que dedicará uno de sus más famosos poemas: Nocturno III. Viajó a Venezuela. En los años posteriores su actividad literaria se afianzó y relacionó con numerosos artistas, así como con los redactores de El Cojo Ilustrado y Cosmópolis. En enero de 1895, cuando regresaba a Colombia, naufragó el vapor en el que viajaba, lo que hizo que perdiera sus manuscritos. En 1896 le pidió a su doctor que le marcara en el pecho el sitio exacto del corazón, y al día siguiente, el 24 de mayo, fue encontrado muerto con un tiro en el pecho. Su obra fue publicada de manera póstuma. Libro de versos, en 1923 y, su novela De sobremesa, en 1925. (Tomado de https://www.escritores.org/biografias/221-jose-asuncion-silva).
(2) Obra Completa (José Asunción Silva). Fundación Biblioteca Ayacucho
Colección Clásica. Edición digital, 370 páginas. Edición impresa 1977
Descárgalo gratis: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20190905092049/Obra_completa_Jose_Asuncion_Silva.pdf