BAJO LA LUPA | Sobre las protestas en Cuba

Eduardo Rothe

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Sobre las protestas en Cuba se ha dicho todo y más. No voy a llover sobre mojado. Sólo quiero precisar dos cosas: primero, que protestar es un derecho que la gente de todo el mundo practica con mayor o menor frecuencia e intensidad y, Cuba, no tiene por que ser la excepción; y segundo, que la manera en que el Estado trata a quienes protestan dice mucho sobre el país donde eso ocurre.

Lo que llama la atención en el caso cubano es que aunque las recientes protestas fueron violentas, no hubo manifestantes muertos ni desaparecidos, ni descuartizados, ni heridos de bala, ninguna mujer fue violada o agredida sexualmente (todo lo que ocurre sistemáticamente en la muy democrática Colombia); nadie quedó cieg@ o tuert@ por un perdigonazo (como quedaron centenares en el muy democrático Chile)…

Es más, en las seis décadas que lleva la Revolución Cubana no se conoce ningún caso de periodista o estudiante asesinado, algo tan frecuente en Latinoamérica, y todavía nadie ha podido demostrar haber sido torturado por los organismos de seguridad del Estado.

Lo que no ha impedido, dicho sea de paso, que los servicios de inteligencia cubanos sean de los mejores del mundo, al punto de darle la pelea (y ganársela) a la famosísima CIA.

Y no es que los cubanos sean ángeles, ni mucho menos, sino que su revolución está construida sobre una base ética que les viene de lejos, del ideario del Apóstol José Martí, “el más alto exponente de la raza” (latino-americana) diría Gabriela Mistral, la poetisa y premio Nobel chilena. Basta con leer a Martí para saber de lo que estoy hablando.

Y lo voy a dejar por aquí, porque no hace falta más para saber a qué atenerse cuando se habla de la represión de la protesta en Cuba. A buen entendedor, salud.

Eduardo Rothe