CHAVISTAMENTE | La fiesta y los alacranes

Carola Chávez

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Una “fiesta con todos los juguetes” –decían emocionadísimos sus organizadores. En el lujoso barrio de Salamanca, Madrid, gavilán pío pío, con sus ojos puyúos, contaba los minutos para que empezara la rumba -de plomo- en Caracas. Nunca supo ese pajarote hacer nada constructivo, nunca supo ganarse las cosas sino arrebatándolas con violencia, con mentiras, con traición y con mucha cobardía.

Una fiesta para arrodillar a Venezuela en el bicentenario de su independencia. Leopoldo López, quien dice ser descendiente directo de Bolívar y a quién por respeto a los gavilanes no llamaremos más por su alias, sería el comandante de la entrega. Esta vez a control remoto, a larga distancia, desde el otro lado del charco, allá en el país del que hoy celebramos ser independientes. Mejor así, de lejitos –dice Lilian pavosísima–, porque la última vez saliste con un guacal de plátanos en la cabeza.

“Tenemos los caramelos”. Barriles de balas de calibres insospechados. Armamento de guerra en manos de bandas de malandros. Los panitas de la Fiesta de Caracas, el germen de una especie de ISIS tropical que debía tomar la ciudad recuperada y bonita y redecorarla de miedo y muerte, el nuevo recurso de quienes no tienen ni propuestas, ni apoyo, ni razón.

De primer chicharrón Freddy Guevara siempre de primerito a la hora de la violencia. El gafo más gafo que quiere ser malote y malo es, pero malo gafo, con las manos llenas de sangre. Cada uno de los muertos de las guarimbas de 2017, salpican al gafo Guevara, que siempre quiere más sangre y sangre habría en la Fiesta de Caracas.

A los primeros disparos se le disparó la bocota al gafo, que no se contiene, y dando brinquitos de felicidad como Barney, y tuitea, como un malo de Batman, sus planes antes que se concreten. “Qué tiene que ver el Acuerdo de Salvación Nacional con este mega drama que se vive en Ccs con las bandas armadas, Apure y el Arco minero? Todo: solo con un acuerdo político avalado por la comunidad internacional el Estado podrá recuperar el control territorial del país”. Una confesión clarita del gafo que jura que no es gafo y que se la está comiendo.

Mientras tanto, en Miami, en Madrid, en Bogotá, siempre lejos de Caracas, los mismos de siempre, los turbios protagonistas de todos los intentos criminales de tomar el poder “porque me da la gana”, apostando a una banda de malandros de barrio para que les hiciera el trabajo siempre sucio. Esos mismos que asustaban a sus seguidores con el cuento de los “colectivos asesinos”, refiriéndose a los colectivos chavistas, ahora montándole una “fiesta con todos los juguetes” a una banda criminal organizada. Pero, claro, en calidad de jefes malandros sifris inversionistas.

Y hablando de inversiones, en esos mismos días la Usaid se preguntaba en voz alta qué había pasado con el 98% del dinero que le entregaron a Guaidó y el team Leopoldo, porque nadie sabe dónde está… Porque nadie ha buscado en la nevera de Fabi Fabulosa, quien días antes, hecha la Bartola, le rendía las cuentas del “despacho de la primera dama” a su marido, el primer imbécil, en el salón de fiestas del edificio decorado de teatro de títeres.

Candelita que se prende… Se apagó la candelota que quisieron montar, como hemos apagado todas sus candelas, como apagamos el segundo intento de fiesta que quisieron hacer, días después, en Mariches, como apagaremos todos. Y volvemos a la parte de esta historia, esta conspiración continuada que se repite y se repite como una mosca estrellándose contra los cristales. Entonces el yo no fui, el ay, ay, ay, el esta dictadura me persigue por pensar distinto, todo esto como un conjuro gafo como para que no apliquemos la ley, no vaya a ser cosa que nos llamen dictadura malvada.

Y la ley llega, y hablan los delincuentes, lo que ellos no cuentan lo cuentan sus teléfonos con foticos y todo, porque son gafos, insisto, malvadísimos pero gafos y vanidosos y no pueden hacer el mal hacer sin jactarse, sin retratarse, sin dejar constancia de que esa maldad es toda suya. Ahí queda todo, siempre, como la cagarruta que deja la mosca donde se para.

Y corre Gafo Guevara hacia la embajada donde se escondió la última vez que quiso bañar al país de sangre, pero se le adelantó Graterón y lo dejó sin cupo. El cupo de Guevara es en El Helicoide, donde va preso porque ya está bueno. Freddy, te acaban de indultar y reincides y reincides y reincides y cada vez que lo haces dejas madres sin hijos, hijos sin padres y tanto, tanto dolor. Ya está.

Se les acabó la fiesta sin siquiera terminar de empezar. Todos huyen y se ocultan cobardemente, dejando tuits mal escritos que fingen dignidad. Nadie les para, nadie los quiere: unos los desprecian porque no han podido, otros porque no quieren que puedan, otros porque no los vamos a dejar poder.

Derrotados, vuelven a la sombra a urdir nuevos planes que volveremos a desbaratar.

A todas estas, los adecos que dejaron a Ramos Allup solo con su espoleta y algunos justicieros menos sifrinos, andan por las comunidades abrazando viejitas, cargando muchachitos y repartiendo mascarillas, en plan electoral. Los que llamaron fiesta a la masacre que no fue, llaman a estos que buscan el poder con el voto, alacranes. Así de torcidos son.

Carola Chávez