CARACAS CIUDAD CARIBE | Carabobo hacia el futuro (IV)

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La Guerra de Independencia Nacional venezolana, como hemos expresado en notas anteriores, comenzó como una sangrienta contienda civil, donde la lucha de clases estaba enmascarada por la oposición entre los criollos defensores de la monarquía española y los criollos patriotas republicanos. Los llamados pardos (mulatos/as, zambos/as, negros/as e indios/as), los criollos/as que combatían en ambos bandos y los canarios/as pusieron la mayor parte de la carne de cañón.

Hasta 1817, las fuerzas patriotas se dedicaron, particularmente, a vencer y capturar la provincia de Guayana que fue, hasta 1818, la reserva estratégica de fuerza de trabajo, capitales dinerarios, producción agropecuaria, aurífera, artesanal y metalúrgica en la cual se apoyaba el Gobierno español para mantener su presencia en el territorio venezolano.
Como ninguno de los ejércitos, el patriota o el realista, poseía una logística propiamente dicha, la acumulación de grandes rebaños de ganado vacuno y caballar, de sembradíos de yuca y maíz, hacían de los llanos y el piedemonte oriental andino, una reserva estratégica de recursos de subsistencia disponibles todo el año y de soldados entrenados en los fundamentos de la táctica militar: excelentes jinetes con una gran resistencia física, diestros en el manejo de las armas blancas, con rapidez de desplazamiento, capacidad para sobrevivir dentro de condiciones de extrema carencia alimentaria y lealtad a sus caudillos o jefes. Ello determinó una profunda destrucción de la población y en general del orden social, así como también de los medios de producción y los procesos de trabajo que se habían construido durante siglos.

La segunda fase de la Guerra Patria se inició en 1815, luego de la pérdida de la Segunda República, cuando una poderosa expedición de tropas españolas al mando del general Morillo invadió el territorio venezolano para tratar de reponer el poder colonial de España.

A partir de ese momento el contingente militar español comenzó a jugar un papel dominante en la guerra terrestre.

Gracias a la visión política y estratégica del Libertador Simón Bolívar, los inmensos recursos capturados en Guayana en 1817 le sirvieron para motorizar el proyecto liberador de la Nueva Granada, hecho que permitió a la República obligar al ejército español a dispersar sus fuerzas para defender sus posiciones en el norte de Venezuela, al mismo tiempo que atacaba la retaguardia de la región geoeconómica conformada por las provincias de Maracaibo y Coro, centro nodal del circuito agroexportador del occidente de la actual Venezuela. Dicho circuito había conservado hasta entonces relativamente intacta su infraestructura productiva, con la cual apoyó el esfuerzo de los colonialistas españoles hasta 1823. Luego de la gran victoria obtenida por el Ejército Libertador en Carabobo en 1821, la cual selló la Independencia de Venezuela, en aquel año de 1823 la marina patriota logró interrumpir la relación comercial de Maracaibo con el suroeste de Venezuela al derrotar a la armada colonialista en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo sellando así –definitivamente– la Independencia política de Venezuela.

Después de la victoria de Carabobo, el Libertador Simón Bolívar comenzó una ardua batalla política contra las élites sociales que habían comenzado a definir sus estrategias de poder para sustituir las del moribundo imperio español. Como lo diría el mismo Bolívar, era la lucha de un hombre solo enfrentado a los intereses de las diversas burguesías criollas de Venezuela, Nueva Granada, Ecuador, Perú y Bolivia que aspiraban, no a integrarse en una Patria Grande sino a conquistar la total hegemonía del poder en sus respectivas repúblicas. Para tales fines contaban con el apoyo del imperio inglés y del naciente imperio de Estados Unidos, interesados estos también en impedir la formación de una nación poderosa en Suramérica, como la soñada por Bolívar, que le hiciese contrapeso a sus designios imperiales.

Chavismo y Bolivarianismo

El concepto de la integración de los pueblos latinoamericanos con base en un pasado común, en la conciencia de un futuro igualmente común, que daría paso a la Patria Grande, como proponía el Comandante Hugo Chávez, alimenta los temores de las actuales potencias imperiales de Estados Unidos y la Comunidad Europea de ver surgir una unión de naciones soberanas e independientes en América Latina y el Caribe, como la que prefigura la Celac. La fuerza de esta concepción bolivariana y chavista del mundo latinoamericano y caribeño, ha inspirado también la amistad y la colaboración por parte del mundo emergente donde figuran, entre otras, potencias alternativas como Rusia, China, Irán, India y Turquía. La proyección histórica de la victoria de Carabobo hacia el futuro explica también las razones del rabioso bloqueo ilegal montado por el Gobierno de Estados Unidos contra la pequeña Venezuela y la pequeña Cuba, las pequeñas Numancias caribeñas émulo de aquella ciudad celtibera de la península ibérica que, en el siglo II antes de Cristo, resistió durante veinte años el cerco y el asedio impuesto por el Imperio Romano.

Carabobo es una hazaña plena de significados y significantes que aluden a las luchas de nuestros pueblos por salvaguardar su soberanía y su libertad, proceso que nos muestra que los imperios son históricos, que tienen un comienzo, una etapa de expansión y una de decaimiento y desaparición como la que estamos viendo ahora.

Mario Sanoja Obediente / Iraida Vargas / Cronistas de Caracas