Cuentos para leer en la casa | Cuando el amor mueve montañas

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Cuenta la leyenda que en tiempos muy antiguos, la costa del Pacífico de Nicaragua era una tierra llana como un plato. Allí reinaba el poderoso príncipe Chontal, amado por los dioses y los hombres.

Los dioses le habían dado un corazón generoso y grandes poderes mágicos. Los hombres le daban su confianza en que los protegería de todo mal. Pero el príncipe no era feliz.

El gran guerrero, señor de la tierra y el agua, añoraba la compañía de una princesa para compartir vida e hijos. Y no es que faltaran mujeres bellas e inteligentes en su pueblo, pero ninguna había logrado entrar en sus sueños.

Chontal solía vagar solitario entre los malinches floridos y los ríos serpenteantes  de su tierra. Era impresionante ver su figura fuerte, vestida con un taparrabos de piel de jaguar.

De su pecho colgaba un colmillo de jabalí y en la frente llevaba una corona de palma tejida.

Cuando cazaba pumas, venados o pecaríes, desplegaba su gran arco de guayacán, con flechas de punta de hueso, o hacía silbar el lazo mágico que le habían dado los dioses para que hiciera prodigios.

Pero, un año, en los dominios del príncipe hubo una gran sequía y los animales huyeron en busca de agua. Chontal decidió explorar otras regiones donde cazar y así se internó en las extrañas tierras de los gigantescos volcanes y las enormes serranías, al occidente de su reino.

Cierta tarde en que perseguía un ciervo, creyó escuchar un chasquido de ramas y se ocultó detrás de una roca para aguardar a su presa. Con el arco tenso y la flecha lista, vio de pronto un gran venado que se acercaba desprevenido. A punto de disparar, algo lo detuvo. Detrás del venado caminaba una hermosa mujer de larguísimos cabellos.

El príncipe se quedó inmóvil. Esa era la mujer que siempre había esperado para dejarla entrar en sus sueños. El cazador fue cazado con otra flecha que no era la suya: la del amor repentino.

Sin pensarlo dos veces, corrió tras ella y, luego de la primera sorpresa, la misteriosa aparecida le sonrió. Chontal supo que se llamaba Donaji, que en lengua chorotega significa “copos de nieve”. También supo que era princesa de su pueblo.

Chontal y Donaji caminaron largamente por los bosques, cazando y hablando. Las miradas decían mucho más que las palabras pero el príncipe, de todos modos, le dijo que la amaba en sus sueños. Que ya jamás podría vivir sin ella. Los ojos de Donaji dijeron lo mismo.

Los días pasaron rápidos como el viento y llegó la hora en que Chontal debía volver a cuidar de su pueblo. Cuando le pidió a Donaji que lo acompañara, su gesto se ensombreció.

Ella sabía que moriría de tristeza sin sus montañas sagradas, sin el rugido de sus volcanes.

Entonces ocurrió el prodigio. Chontal, el enamorado príncipe, señor de las llanuras, hizo silbar su lazo mágico y lo lanzó alrededor del volcán más hermoso que había en esas tierras.

Luego se puso el volcán a cuestas, y se fue caminando en compañía de su amada, hasta llegar a un punto situado al noroeste de su reino.

Allí se detuvieron y depositaron al volcán en el suelo. A su pie, los príncipes  vivieron inmensamente felices. Pero, con el tiempo, también fueron trayendo otras cumbres, hasta formar la cordillera de la llanura del Pacífico.

Así cuenta la leyenda que nació el volcán San Cristóbal, como una prueba de que el amor mueve montañas.

De América mágica. Cuentos, leyendas y misterios, de Graciela Pérez Aguilar y Graciela  Repún (2010).

 La Autora

Graciela Pérez Aguilar (Buenos Aires, Argentina, 1947). Profesora y licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Trabajó como docente y editora de libros de texto y de literatura infantil para diversas editoriales. Fundó, junto con otros compañeros, la revista de literatura infantil La Mancha – Papeles. Participó del comité organizador de la Feria del Libro Infantil de Buenos Aires, fue jurado de varios concursos y escribió muchos libros de texto, algunos libros de cuentos y una novela. En la actualidad, sigue desarrollando parte de esas actividades junto con otras nuevas, pero siempre relacionadas con la lectura y la escritura.