Cuentos para leer en la casa | Dos fábulas de Leonardo da Vinci

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El jilguero 

Cuando volvió al nido, con su gusanito en la boca, el jilguero no encontró a ninguno de sus hijitos. Alguien, durante su ausencia, se los había robado.

El jilguero empezó a buscarlos por todas partes, llorando y trinando, todo el bosque resonaba con sus desesperados reclamos, pero nadie respondía.

Un día, un pinzón le dijo:

—Me parece que he visto a tus hijos en casa del campesino.

El jilguero voló lleno de esperanza y, en poco tiempo llegó a casa del campesino. Se posó en el tejado: no había nadie. Bajó a la era: estaba desierta.

Pero al levantar la cabeza vio una jaula en la ventana. Sus hijos estaban dentro, prisioneros.

Cuando lo vieron agarrado a los palos de la jaula se pusieron a piar pidiéndole que los libertase. Él trató de romper con el pico y las patas los barrotes de la prisión, pero fue en vano.

Entonces, llorando con desconsuelo, los dejó.

Al día siguiente volvió de nuevo el jilguero a la jaula en donde estaban sus hijos. Los miró. Después, a través de los barrotes, los besó uno tras otro, por última vez.

Había llevado a sus crías una yerba venenosa y los pajaritos murieron.

—Mejor morir –dijo– que perder  la libertad.

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La  oruga 

Inmóvil sobre una hoja, la oruga miraba a su alrededor: unos cantaban, otros corrían, aquellos volaban; todos los insectos estaban en continuo movimiento. Solo ella, pobrecita, no tenía voz ni corría ni volaba.

Con gran fatiga conseguía moverse, pero tan despacio, que cuando pasaba de una hoja a la otra le parecía que le había dado la vuelta al mundo.

Sin embargo, no envidiaba a nadie. Sabía que era una oruga y que las orugas debían aprender a hilar una saliva finísima para tejer con arte maravilloso su casita.

Por eso, con mucho afán, empezó su trabajo.

En poco tiempo la oruga se encontró envuelta en un tibio capullo de seda y aislada del mundo.

—¿Y ahora? –se dijo.

—Ahora, espera –le respondió una voz–. Ten aún un poco de paciencia y ya verás.

En el momento justo la oruga se despertó y ya no era una oruga.

Salió del capullo con dos alas preciosas, pintadas de vivos colores y rápidamente voló a lo más alto del cielo.

Ambas fábulas fueron tomadas de Leonardo de Vinci. Fábulas y leyendas, interpretadas y transcritas por Bruno Nardini (1973).

El Autor:

Leonardo da Vinci (Italia, 1452​ – Francia, 1519). Polímata florentino del Renacimiento italiano. Fue a la vez pintor, anatomista, arquitecto, paleontólogo,​ botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista. Todas las obras de Leonardo da Vinci son conocidas, pero las más famosas son: el cuadro de La última cena; La Gioconda, más conocida como La Monna Lisa; y El hombre de Vitruvio, que es un famoso dibujo que hizo de un hombre con 4 brazos y 4 piernas mediante el cual intentaba estudiar el cuerpo humano.