Cuentos para leer en la casa | La muchacha encantada del cerro Santa Lucía

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¿Quién puede cantar tan bellamente? Se preguntaban noche a noche los que, por una u otra razón, pasaban cerca del cerro Santa Lucia.

Una maravillosa canción como venida de todas partes, sin que nadie pudiera identificar claramente de buenas a primeras. Pareciera que todo cantaba, también los árboles, las plantas y las flores que durante el año eran delicia del lugar.

Cuentan que una hermosa joven es la que canta. Desengañada de su primer amor, se fue al cerro para siempre. Ahí vive guardada en una caverna por un viejito barbón. Al llegar la noche hasta el amanecer canta su propia y larga historia de amor. Nadie que tenga los oídos bien limpios deja de escuchar la dulzura de estas canciones.

En los tiempos en que el cerro Santa Lucía estaba abierto por todos sus costados y no había cuidadores que controlaran la entrada y salida de sus numerosos paseantes, era común que alguien se aventurara a pasar la noche allí. Lo motivaba la belleza vegetal del lugar o la tranquilidad nocturna del verano o el inicio evocador de un romance. Se estaba cerca de la tierra y del cielo, a la vez que nada extraño perturbaba el sosiego deseado.

Era entonces cuando veían, con asombro y alegría, la figura de un viejito pequeño y barbón, corriendo como a saltos de un lugar a otro atraído por la cautivante canción. Mientras más la escuchaba, más joven y apuesto se iba poniendo, hasta el punto de transformarse en un noble y enamorado galán.

Como el canto llegaba a su término a la hora del amanecer, la fina postura del joven volvía de nuevo a su condición anterior, haciéndose pequeña y vieja. Con los primeros rayos del sol, el encantamiento desaparecía. Por eso, el cerro Santa Lucía causa todavía tanto irresistible embrujo a los jóvenes enamorados.

De Leyendas chilenas, relatadas por Jaime Quezada (1973).

El autor:

Jaime Quezada (Chile, 1942). Poeta, ensayista y crítico literario. Fundador del Grupo Arúspice. Fue presidente de la Asociación de Escritores Chilenos y actualmente preside la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral. Como ensayista, ha contribuido especialmente a la difusión de la obra de poetas latinoamericanos y chilenos, como Nicanor Parra y Pablo Neruda.