CRÓNICAS Y DELIRIOS | Viejo guión para telenovela

Igor Delgado Senior

0

La señora Tula Ancízar de Del Pinar está sentada en el salón principal y principesco de su residencia. Son las tres de la tarde (hora infame en que por mala pata mataron a Lola para quitarle unos zapatos deportivos), y la gran dama siente un caluroso fastidio dentro del traje de terso terciopelo. Sus ojos miopes no saben si admiran el jardín verdadero o si es la foto-tapiz que le regalara el marido junto con la tridimensional mansión.

Un mayordomo de librea se le acerca. Tose, vuelve a toser, y se mete dos pastillas de Halls Mentholiptus y un trago de roncayolo para el aclaramiento de la voz:

—Doña, excuse muá, acaba de llamar su hija Tita por el celular para anunciarle que no la espere a comer en los próximos nueve meses.

—Ay, ayayay, yo lo presentía, la muy bicharenga salió en estado de coma y de “bebé”. Torcuato, confírmame la embarazosa noticia o autosuicídate para siempre —exclama la doña en medio de un soponcio más grave que el de Poncio Pilatos cuando perseguía “jodíos” errantes.

—Never, misia, sumamente equivocadísima estáis, la señorita Tita ha informado que permanecerá en las Islas Caimán adquiriendo sus «chemises» Lacoste, su ajuar y su Jaguar para el matrimonio con el crónico cronista Earle Herrera.

—¿Earle, dijiste? Noooo, Torcuato, noooo, prefiero un millardo de besos boca a boca de cualquier monstruo de la Laguna Negra, antes que ver a mi hija casada con ese pobre palurdo balurdo. ¡La inopia es el opio del pueblo, Torcuato!

(En el preciso minuto aparece el Dr. Filiberto Del Pinar, bajo un nerviosismo de gafas Ray-Ban y pupilas puyudas).

—¡Tula!, recoge todo en el término de la distancia de tu vagancia, porque salimos inmediatamente para la Florida Mayami, sin pasar por el go del Banco Monopolitano ni cobrar los 200… Bonos Brady.

—¿Te hicieron caída y mesa limpia, mi vida, o ya no aguantas a los fiscales de Protección al Consumidor? —pregunta la esposa en mitad de un lagrimeo que le dan ganas de ir al baño.

—Mucho requetepeor que eso, Tula. Quieren designarme como presidente de la Asociación de Corruptos Gerenciales (Asocoge), pero no me otorgan sueldo, comisiones, viáticos ni movidas contantes y sonantes. ¿Acaso se olvidan de mi anchilargo currículum contra el taburete bancario y mis cincuenta años de ceros cupones? ¿Ahhh, ahhh?

—No hay derecho para tantos reveses y sus veces, Filiberto, qué sensación de putrefacción, qué martirios y troyanos nos rodean. Pero deberás irte solo, cielito; yo de aquí no me muevo porque tengo mi movida con Torcuato y ya falsificamos tu firma hasta en las cuentas poco corrientes.

—Me dejas lelo, Tula, ¿o sea que te vas a largar con este imperfecto imbécil que ni a menor-domo llega? ¡Primero les tiemplo el cacho que declararme cornudo!

—¡Un momentico, mesié, más respeto para un hombre que tiene dos borlas! —tercia Torcuato—, pues me gradué de Contador Púbico y de Lingüista Práctico.

(De repente, se abre la puerta y el triángulo observa las bermudas de Tita, que ha vuelto hecha un ocho de su viaje).

—¡Mami!, estoy al borde de volarme los sesos de la tapa, o como se diga, porque el tal Earle resultó casado y con unos siameses de meses.

Hija, te acompaño en tus resentimientos. Y si deseas partir, aprovecha la cola de tu papá que va saliendo sin retorno. Yo, felizmente, me embarragané con Torcuato y ambos nos dedicaremos a los oficios y orificios del hogar.

—Con Torcuato no, mamá, pues yo lo amo desde que tú me amamantabas. ¡Confiésalo ahí, Torky!

(En la exquisita mansión de los Del Pinar suenan dos tiros a quemarropa… de marca, y luego ruge un silencio espantoso. ¿Qué ocurrencia ocurrió o está a punto de ocurrir? No se pierda nuestros próximos capítulos por lo que resta del siglo…)

Igor Delgado Senior