DATE CON LA CIENCIA | Pueblos clandestinos

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

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Cientista social encuentra en archivos históricos antecedentes de pueblos comunales que contribuyeron a la primera independencia de Venezuela

Hay que aprender a resistir.
Ni a irse ni a quedarse,
a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido”.
Juan Gelman

Contrario a lo que muchos se imaginan, la derrota del ejército español en la Batalla de Carabobo no representó el fin de la Guerra de Independencia en Venezuela. La confrontación se mantuvo por varios años. Las fuerzas coloniales trataron de organizar unidades guerrilleras mientras llegaban refuerzos de Europa. Sobre estos hechos, el historiador Jorge Berrueta identificó una fila de hitos que presenta en su obra La fiel guerrilla del rey: el accionar guerrillero en la provincia de Caracas como factor determinante en los planes de reconquista española 1821-1831.

Lo que nunca se imaginó Berrueta es que, en esta revisión, encontraría la ruta que lo mantiene hoy zambullido entre papeles de esa historia insurgente no contada por la historiografía moderna/colonial. Este “ratón de archivo” —como suele autodenominarse este investigador— consiguió documentos que dan cuentan de la existencia de algunos pueblos comunales clandestinos que se formaron al fragor de la Guerra de Independencia, y que fueron parte de la estrategia libertaria. Pueblos que estuvieron al margen del gobierno español y se mantuvieron en resistencia.

La evidencia indica que algunos grupos sociales indígenas, afro, campesinos se vieron obligados a replegarse, en la medida en que los asentamientos ancestrales eran invadidos y quedaban en manos de los partidarios de la monarquía que imponían, a sangre y fuego, la identidad del mundo “civilizado”. Colectivos en resistencia se vieron obligados a replegarse a las montañas, al campo, a los sitios alejados de la influencia de la monarquía y, en esos espacios, se ven empujados por las circunstancias a conformar pueblos que estaban fuera del alcance de la monarquía, incluso de la República que empezaba a levantarse.

Tras la Batalla de Carabobo, en esos pueblos de resistencia, se generó una dinámica bien interesante porque, habiéndose perdido la figura del Estado monárquico y no existiendo todavía formalmente el Estado republicano (levantado también bajo los cimientos del pensamiento de la Modernidad), la gente procedió a organizarse en función de la necesidad de mantenerse en pie de lucha, de sobrevivir, desde la perspectiva de las capacidades locales y de la conciencia sobre cómo resolver consensuadamente los problemas que se presentaban en el territorio.

Son antecedentes del Estado comunal, prácticamente, no estudiados en nuestra historia, olvidados en los anales históricos, tal como insiste Berrueta, actual director del Archivo General de la Nación. Entre los citados precedentes, este historiador caraqueño, criado en el estado Zulia, con maestría en Ciencias de Información, subraya la asamblea, como característica principal de la organización comunal. Es decir: el debate y la perspectiva participativa de planificar, reflexionar, llegar acuerdos y gestionar. El encuentro con el otro es una forma originaria de organización intrínseca de esos pueblos comunales clandestinos.

A estos pueblos de la resistencia les tocó sentarse en colectivo, entenderse en una situación que los afectaba a todos y a todas, y que no tenía que ver con el color de la piel, sino con la condición de un pueblo oprimido que luchaba por la justicia y la independencia. Así establecieron formas de gobernanza que les permitieron la convivencia y el entendimiento para lograr un objetivo común.

Esa génesis de los pueblos comunales venezolanos que aportaron a la independencia de Venezuela, tal como narra Berrueta, después de años de investigación, refleja una especie de utopía donde todos vivían en comunión, unos con otros. Tras estos pueblos estaría también la experiencia del cumbe y las comunidades indígenas que también se habían mantenido en resistencia.

Un estudio que suma un conocimiento vital a la marcha, gradual y progresiva, contra el Estado burgués moderno heredado del período colonial que, en tiempos de Revolución, se viene, de alguna u otra manera, desmontando para avanzar hacia ese horizonte comunal que se erige fuera de las condiciones del pensamiento eurocéntrico. En palabras gramscianas, esa crisis histórica de cuando algo está muriendo, pero aún no termina de morir; al tiempo que algo está naciendo, pero tampoco termina de nacer.

Antecedentes de la historia insurgente sobre una cultura comunal que no solo permitió resistir y vencer el asedio imperialista, sino cultivar formas de relación respetuosas de la vida, del otro distinto, de la naturaleza. Una sociedad comunal ancestral, una sociedad colectiva para el buen vivir.

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto