HORIZONTE DE SUCESOS | El black metal llegó al llano (IV)

Heathcliff Cedeño

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El objetivo de la reunión era que Rafa y Daniel llevaran los discos nuevos. Sabíamos que era un momento que no iban a desaprovechar para demostrar superioridad. Siempre buscaban la manera de chapear con que sabían más, habían ido a conciertos más allá de las dos banditas del pueblo que versionaban a Metallica.

Planificamos la metalrumba en casa de «Metralleta», aunque aún él no se había enterado. La otra complicación era planificar cómo íbamos a hacer para invitarlos a esa emboscada. Estábamos seguros de que no se iban a negar, pero ninguno de los que ahí se encontraban quería sentir que le adulaba a unos carajos que siempre esperaban que les pusieran una alfombra por donde pasaban.

La voces cada vez más inintelegibles. Lo que al principio era planificación con detalles, anécdotas de estos personajes nefastos y conversa sobre música se volvió un balbuceo. Los rayos del sol se colaban entre las ramas del tamarindo que nos cubría del sol inclemente, pero no nos salvaba del vapor ubicuo que sin darnos cuenta nos adormecía a la hora del burro, como decían. Las matas de ciruelas con hojas, la tierra arenosa un poco más compacta y el verdor disperso en pequeños mogotes indicaban que eran tiempos de lluvia. Sin embargo, el calor sabanero es autónomo de las estaciones.

El crujir de las tripas y luego las risas de los demás me sacaron del estado de apendejamiento en el que me encontraba. Me di cuenta de que mi estado se debía al hambre y el primer instinto fue ver hacia unas matas de guayaba. Peiné la zona con la vista y no encontré nada comestible, salvó una gallina, pero la razón me asistió y pasé de largo.

Vi hacia el grupo y ya no hablaban, por lo que deduje que ya todo estaba cuadrado. No quise preguntar ni pedir un resumen para que no se arrecharan. Después de unos minutos de silencio, Héctor dijo -bueno-, se golpeó las rodillas con las manos abiertas y se levantó de un tirón. Siguió repasando los detalles mientras caminaba lentamente hacia la calle. Nos dimos cuenta que el último fragmento de la conversación era un gancho con el que nos estaba guiando hasta la salida para corrernos disimuladamente. Abrió, esperó que saliéramos.

-Nos vemos el viernes, dijo, y cerró la puerta.

Heathcliff Cedeño