HISTORIA VIVA | Medallas históricas

Aldemaro Barrios Romero

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El éxito deportivo en las Olimpiadas es el resultado combinado de esfuerzos individuales de los atletas, sustentado en un equipo de técnicos y entrenadores que a su vez son respaldados por una plataforma colectiva donde el Estado aporta los recursos presupuestarios y logísticos técnicos para lograr que las preseas sean alcanzadas por los deportistas competidores. Cuando un Estado desarrolla políticas encaminadas a superar barreras presupuestarias y técnicas necesarias para que toda la complejidad anteriormente nombrada se engrane y produzca los resultados deseados en unos Juegos Olímpicos que es el alcance de preseas doradas, de plata o bronce, la victoria individual se convierte en colectiva.

Del éxito individual y colectivo al lograr los objetivos deportivos olímpicos hay un trance o más bien una catarsis general en las masas nacionales de origen, especialmente en un pueblo sitiado por flagelos financieros y económicos. Es como un respiro de victoria y de esperanzas en una nueva realidad que proyecta felicidad a la población ante otra que no ofrece sino incertidumbre y desaliento.

El impacto que genera una victoria deportiva en un evento mundial como los Juegos Olímpicos es tan significativo para los pueblos que esa presea se hace triunfo colectivo como ocurría en los ancestros de las Olimpiadas, una tradición de más de dos mil años, cuando en el 772 antes de Cristo en la ciudad griega de Limpia en el Peloponeso los pueblos de la antigua Grecia se disputaban habilidades de fuerza y destrezas físicas en competencias pacíficas cada cuatro años en una unidad de medidas de tiempo llamadas Olimpiadas.

A través de los siglos esa tradición se consolidó y en los años 30 tuvo una experiencia reveladora cuando el Comité Olímpico Internacional seleccionó la ciudad de Berlín en una Alemania controlada por el gobierno nazi de Adolf Hitler para que concurrieran las Olimpíadas Mundiales en aquella ciudad emblemática el año 1936. Así en medio del antisemitismo y el racismo de los nazis y el oportunismo de la propaganda diseñada por Josef Goebbels se impidió a los comunicadores alemanes expresar sus prejuicios racistas y “toleraron” la participación de atletas negros norteamericanos como Jesse Owens y otros atletas que alcanzaron estándares deportivo elevados, de origen étnico distinto al “ario”.

Otra historia ocurrió a los atletas judíos alemanes, como el boxeador judío Erich Seelig expulsado en 1933, Daniel Prenn, un tenista con alto desempeño expulsado de la Copa Davis de Alemania y Gretel Bergmann, una atleta que logró primeros lugares en salto alto, expulsada del equipo olímpico alemán el mismo año 1936. La excepción fue Helene Mayer, una esgrimista que a pesar de sus ancestros judíos, era blanca, rubia, alta y de ojos azules y esa condición física más parecida a los “arios” le dio el pasaporte jafético para entrar en las competencias, no así a Gretel Bergmann de tez morena y nariz voluminosa.

Hay autores que aseveran que la aceptación del Hitler para que Berlín fuera sede de los Juegos Olímpicos de 1936, se debió a Joseph Goebbels quien convenció al Führer que aceptara la idea bajo la promesa que sería beneficioso para la imagen del régimen nazi en el mundo. Además los nazis obviaron por el momento una ley que prohibía a judíos ocupar cargos públicos en tanto que el Comité Olímpico alemán estaba constituido por dos altos funcionarios con antecedentes judíos: Theodor Lewald, presidente, era mestizo hijo de un judío y Carl Diem, secretario del Comité, cuya esposa era de origen hebreo. No obstante, Hitler y Goebbels franquearon aquella afrenta como “muestra” de tolerancia ante el Comité Olímpico Internacional, igual que aceptaron el ingreso de atletas negros y judíos de otros Estados al evento. Luego de los Juegos todo volvió a la anormalidad nazi (1).

Aunque Venezuela no participó en los Juegos de Berlín en 1936, el Comité Olímpico venezolano se había constituido en 1935 y fue hasta 1948 cuando por primera vez un deportista venezolano entró en las competencias internacionales, se trataba del ciclista venezolano Julio César León, quien alcanzó el 14° lugar en las pruebas de velocidad en los Juegos Olímpicos de Londres.

Cuando los Juegos se realizaron en Helsinsky en 1952, Venezuela de la mano de Asnoldo Devonish alcanzó el tercer lugar en salto tripe, de esta manera el atletismo nacional ingresaba en las altas estadísticas olímpicas con un registro de 15,52 metros, fue la primera medalla olímpica alcanzada por un atleta nacional.

Pasaron diez y seis años para que Venezuela volviera ser nombrada en el medallero olímpico cuando Francisco “Morochito” Rodríguez, del estado Sucre, venció en el cuadrilátero al surcoreano Joun Ju Jee en la categoría mosca durante la jornada olímpica de México en 1968, así llegó la primera medalla de oro en el historial nacional.

Se generó una saga durante los 70 y 80 cuando el zuliano Pedro Gamarro se ganó la primera de plata en Montreal en 1976, posteriormente Bernardo Piñango se hizo de plata en peso gallo en Moscú 1980. Luego en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984 tres venezolanos lograron bronce, en boxeo peso mosca ligero Marcelino Bolívar y en el peso pluma Omar Catarí, mientras que en natación Rafael Vidal en la final estilo mariposa alcanzó la bronceada.

El repunte del taekwondo fomentado desde el Oriente de Venezuela hizo posible que Arlindo Gouveia alcanzará la segunda histórica de oro y Adriana Carmona levantó la de bronce en los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, para entonces esa disciplina era solo de exhibición y solo en 2018 fueron reconocidas oficialmente esas medallas.

Luego de veinte años Venezuela volvió a colocar una medalla en su récord, en Atenas 2004 el atleta Israel Rubio logró medalla de bronce en la halterofilia categoría de 62 kilos, desde entonces en cada edición de los Juegos Olímpicos Venezuela colocó atletas en podios de ganadores en lo que va del siglo XXI, Dalia Contreras  medalla de bronce en Taekwondo en Pekín 2008,  Rubén Limardo  medalla de oro en Londres 2012; en Río 2016, Venezuela se llevó 3 medallas en boxeo, ciclismo y atletismo con Yoel Finol (plata), Stefany Hernández (bronce) y Yulimar Rojas (plata).

Y ahora en Tokio 2020 Julio Mayora obtuvo plata en halterofilia (categoría 73 kg), Keydomar Vallenilla, plata en halterofilia (categoría 96 kg), Daniel Dhers ganó la medalla de plata en el ciclismo BMX estilo libre, Yulimar Rojas nos entregó medalla de oro en salto triple y las que han de venir. Ha sido la temporada más productiva en cuanto a consignación de medallas olímpicas en la historia de la participación de Venezuela en esas contiendas deportivas mundiales.

Por sobre todas las circunstancias estas victorias individuales de nuestros gladiadores deportivos insuflan la alegría del pueblo venezolano, no obstante este júbilo debe ser estructural bajo la conciencia histórica y la comprensión de dónde venimos y como vamos avanzando poco a poco a convertirnos en potencia deportiva, así lo muestran las estadísticas.

Estos atletas que hoy celebramos son jóvenes que tendrán la oportunidad y virtud de desafiar tan altas responsabilidades, ellos hoy son toda Venezuela con su entusiasmo y la felicidad al lograr objetivos deportivos. Las victorias de Mayora, Vallenilla, Dhers y nuestra Yulimar Rojas, es la victoria de todo el pueblo venezolano que hoy levanta en ristre las banderas de Carabobo. ¡Viva Venezuela!, ¡Viva la Patria!

Aldemaro Barrios Romero – Red de Historia de Caracas | venezuelared@gmail.com