MICROMENTARIOS | Ana, susana, pedro y ramón

Armando José Sequera

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En nuestro idioma, los vocablos ana, susana, pedro y ramón (en minúsculas) no solo se utilizan como nombres propios de personas. También sirven para designar objetos.

Según el Diccionario de la Lengua Española, la palabra pedro es de origen germánico y, antiguamente, daba nombre a un tipo de vestido afelpado que usaban los ladrones.

Pedro se llama también otra prenda de vestir contemporánea que conocemos como tudesco. El tudesco es la versión alemana del capote, ese abrigo en forma de capa que cuenta con mangas. La palabra pedro distingue además al cerrojo de puertas y ventanas que habitualmente llamamos pestillo.

Ramón tiene dos acepciones en el citado diccionario. Por una parte, alude al conjunto de ramas que los pastores cortan para apacentar el ganado en tiempos de sequía o cuando está cayendo una nevada. Por otra, da nombre al grupo de ramas que resulta de la poda del olivo o de cualquier otro árbol.

De dicho vocablo procede el verbo ramonear, que alude a la acción que realiza el ganado al comer las hojas de las ramas cortadas de los árboles y los arbustos.

La palabra ana designaba a una antigua medida de longitud que equivalía a, aproximadamente, un metro. Además daba nombre a un signo que se utilizaba en las recetas médicas para señalar que los ingredientes de un medicamento debían añadirse a pesos o partes iguales. Este signo se expresaba mediante dos aes mayúsculas, colocadas una a continuación de la otra (AA).

En la India, ana es el nombre de una moneda de níquel, equivalente a un dieciseisavo de rupia.

En la antigüedad, susana era un adjetivo empleado para indicar que algo estaba situado arriba o en la parte superior. Se usaba no solo en su forma femenina, sino también en la masculina, esto es, susano.

La misma palabra –tanto en femenino como en masculino–, aún se utiliza en la jerga marítima para indicar que algo está cercano o próximo.

Nuestra lengua está repleta de curiosidades y paseos como éste por los diccionarios sirven para llenar las tardes tediosas, cuando llueve mucho y nos quedamos sin electricidad.

Armando José Sequera