PUNTO Y SEGUIMOS | Deporte en TV: tirar flechas

Mariel Carrillo García

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El periodismo es una profesión de servicio. Los comunicadores estamos para buscar, recopilar y ofrecer información trabajada, revisada, verificada y procesada a la gente, a través del medio que corresponda. Al contrario de lo que mucha gente cree, el trabajo -cuando está bien hecho- es detallado, minucioso y paciente, a pesar de la rapidez que algunos géneros y formatos requieren; porque cualquier información que se publica debería estar contextualizada y contrastada. Considerando que el universo de temas de interés que hay es tan amplio, existe el periodismo especializado, es decir, aquel en el que los profesionales se dedican a tratar un área particular, como deportes (a veces un solo deporte), economía, cultura, etc.

Tanto si se trabaja “especializadamente” o no, la formación constante es una obligación. La vorágine de las redes sociales y la manera en que se han desarrollado las tecnologías de la información, han hecho que proliferen los fake news, los chismes, los rumores y que estos sean catalogados por la ciudadanía como “noticias”; uno creería que en estos contextos la producción informativa de los profesionales se destacaría fácilmente de entre el matorral de mediocridad imperante, pero en realidad ha ocurrido que desmejoró el material periodístico, al cual muchas veces ni siquiera se le puede catalogar como tal. Redacciones confusas, técnica del “copia y pega”, notas sin fuentes, sin fecha y, en formatos no escritos, la terrorífica costumbre del periodista opinador y prologuista, que parece creer que la audiencia es idiota. Y ni hablar del manejo del idioma, los calificativos abundan, igual que el uso de verbos que no existen como el inefable “aperturar”, las viejas y confiables muletillas y una serie de vicios que solo se curan leyendo, estudiando y practicando.

Si estas deficiencias dejan en evidencia la calidad del material, imagínense cuando son hechas en áreas específicas, donde aquello de tirar flechas queda al descubierto en su más amplia y penosa expresión. Pongamos como ejemplo el periodismo deportivo, sobre todo el de aquellas disciplinas que no son masivas, como lo son la mayoría de las incluidas en juegos olímpicos. En primer lugar, todo aquello que no es béisbol, boxeo, basquet o fútbol, tristemente ya sufre de falta de atención, y siempre han sido pocos los dedicados a la titánica tarea de ser expertos en “más deportes”, cosa que se extrema si las practicantes son mujeres. Casi para el olvido la historia del deporte femenino tanto nacional como internacional. En estos recién culminados Juegos Olímpicos de Tokio 2020, en los que los atletas de Venezuela consiguen su mejor participación histórica, el público nacional tuvo que conformarse con comentarios en los que se notó la poca preparación de los encargados, quienes se justificaron ante la audiencia con frecuentes “no somos expertos en esto”.

Una cosa es admitir la poca experiencia y otra es presentarse al examen sin estudiar. Antes de los juegos, había que “clavarse un puñal” con las disciplinas de nuestros atletas, y además en aquellas que son del gusto del público (dato que, por supuesto, también hay que anticipar y averiguar) como la gimnasia o el nado sincronizado, que requieren una explicación medianamente seria y el tratamiento adecuado del componente artístico que comprenden. En la mayoría de los deportes, nunca se explicó adecuadamente el sistema de puntuación, penalizaciones, clasificación, y mucho menos se ofrecieron detalles técnicos como el nombre y descripción de los movimientos -cosa comprensiblemente difícil pero no imposible- y ni mencionar la historia de exponentes destacados, récords y estado actual del deporte. En muchas ocasiones se vieron las competencias sacando conclusiones propias, y observando los datos de la pantalla; es decir, en lo que debería ser un momento único y perfecto para un comunicador, donde tiene la oportunidad de realmente informar, explicar, nutrir, crear interés e incluso emocionar a la audiencia ávida de datos, escuchamos un montón de lugares comunes, excusas y flechas. Muchas flechas.

Siempre se valora el esfuerzo de quien se enfrenta a la tarea de transmitir y comentar una cita tan importante como los juegos olímpicos, y se agradece y reconoce cuando se nota el dominio, no solo de alguna disciplina deportiva, sino del lenguaje y los modos de la televisión; pero es evidente que el público venezolano, que realmente aprecia y disfruta el deporte merece una mejor preparación por parte de sus comunicadores. Ante los retos, hay que crecerse, como nos enseñan cada cuatro años cientos de atletas de todo el globo. Las improvisaciones se notan, y esto es quizá lo que más lamenta la audiencia venezolana al final de nuestros mejores juegos. Nunca olvidaremos a Yulimar volando, o a Mayora y Keydomar levantando el mundo, ni la bici mágica de Dhers, aunque nadie nos haya explicado en el momento cuáles eran las maniobras o por qué sacó los puntos que sacó para ganarse la plata. Lo hizo wikipedia, y es una lástima.

Mariel Carrillo García