CARACAS CIUDAD CARIBE | La Patria Grande: de Miranda a Bolívar y Chávez (1)

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Francisco de Miranda, el Precursor
Francisco de Miranda fue precursor de la Independencia de América y actor resaltante de nuestra gesta emancipadora nacional. Hizo flamear por primera vez nuestro pabellón patrio el 3 de agosto de 1806, en La Vela de Coro. Como Mariscal de Ejército participó en las guerras que tuvo que sostener Francia en el siglo XVIII contra las monarquías europeas, para defender el triunfo de las ideas republicanas de la Ilustración, y estuvo presente en todos los escenarios principales donde se desarrollaba la lucha política entre los viejos imperios y las nuevas ideas de la modernidad.

Su mirada, sin embargo, estaba puesta en la liberación de América del yugo imperial español y, más todavía, en la necesidad de, una vez liberadas, integrar todas las antiguas colonias en una sola patria. Miranda consideraba esta gran tarea como necesaria basada en los rasgos culturales comunes que sus poblaciones compartían, particularmente una lengua común, tradiciones históricas comunes y una base social común. Con base en esta integración cultural, se facilitaría posteriormente el establecimiento de un Estado Común.

La existencia de estructuras administrativas y jurídicas coloniales compatibles en todas las colonias permitiría extender esas redes de gobierno dentro de una nueva unidad territorial que recibiría el nombre de Colombia, país que abarcaría de norte a sur toda la América Española.

Para cristalizar la idea de esa enorme entidad territorial se convocaría un congreso continental a celebrarse en el istmo de Panamá, donde estarían representadas todas las provincias de la América Meridional o Colombia. Se proponía la construcción de una nueva ciudad en el istmo de Panamá, que llevaría el nombre de Colombo.

Pensaba Miranda que la independencia de las antiguas colonias españolas solo podría ser garantizada dentro de un sistema de integración continental. De la misma manera, una nación integrada podría unirse para explotar las inmensas riquezas que encerraba el vasto territorio de la América Española, dando lugar a un gobierno justo y libre con un poder económico similar al de Inglaterra.

Bolívar: el hombre de las dificultades

Bolívar, nos dice Miguel Acosta Saignes, sintetiza el esfuerzo de miles y miles de combatientes pardos, mestizos, negros, indios y blancos a quienes condujo, y de quienes aprendió, sin cuyo concurso no habría podido lograr su magistral hazaña emancipadora.

Siguiendo los lineamientos esbozados por Miranda, Simón Bolívar convocó en 1824 a los gobiernos de Colombia, México, Río de La Plata, Chile y Guatemala a participar en la celebración de un Congreso Anfictiónico en Panamá con el objetivo de consagrar la unidad continental de la América que, con su esfuerzo, se había liberado del yugo colonial español. Dicho Congreso solo llegó a reunirse en 1826, saboteado por personajes tales como el presidente de Colombia, Francisco de Paula Santander, quien propició la participación de países como Estados Unidos, a lo cual se oponía Bolívar debido al papel negativo que dicho país había jugado en la gesta emancipatoria de la América Hispana. Otros países, como las Provincias Unidas del Río de la Plata y Chile, se abstuvieron de asistir al parecer más interesados en preservar sus vínculos políticos y económicos con las potencias coloniales europeas.

Hugo Chávez: revivir la integración latinoamericana

La línea histórica representada por Miranda y Bolívar se prolonga hasta inicios del siglo XXI con la Revolución Bolivariana, cuando el presidente Hugo Chávez retoma la iniciativa de la unidad de las naciones americanas, proponiendo o creando efectivamente organizaciones continentales como la Unasur, la Celac, la ALBA, el Banco del Sur, Petrocaribe y el proyecto de un oleoducto y de un gasoducto que enlazarían a todas las naciones suramericanas. En parte por las mismas causas que hicieron fracasar el Congreso de Panamá, es decir, la injerencia perversa del Gobierno de Estados Unidos y la sumisión neocolonial de ciertos gobernantes y partidos políticos ante el imperio, el sueño de crear una patria integrada si bien ha calado hondo en los pueblos de Suramérica y el Caribe, no ha logrado todavía revelarse como una alternativa sólida frente a las agresiones imperiales, particularmente las dirigidas a desestabilizar y derrocar la Revolución Bolivariana.

La Independencia de la América Hispana se le presentaba a Miranda como un tiempo de refundación, de definición de la identidad social y cultural de los americanos. Este proceso de refundación de la América Hispana se produjo con más fuerza que en el caso de Angloamérica, donde la colonización inglesa originaria estuvo basada en la formación de enclaves que reproducían el modo de vida inglés formando una identidad totalmente distanciada de la que gestaban los modos de vida aborígenes originarios. Por el contrario, la conquista y la colonización del espacio territorial hispanoamericano representó una larga y sangrienta confrontación entre la minoría española, peninsular o criolla, y las extensas comunidades indígenas originarias organizadas como imperios, como verdaderos Estados, política y económicamente tan estructurados, quizás más, que la misma España, como fueron los casos del Imperio Inca, el Tihuanaco, el Imperio Azteca y el Imperio Maya. De la misma manera, la empresa de conquista y colonización tuvo que hacer frente a etnias-nación como la Chibcha, la Caribe, la Caquetía, la Taína, la Tupi Guaraní, entre muchas otras, que habitaban y controlaban extensos territorios. Ello resultó no en la construcción de enclaves que reprodujesen el modo de vida hispano, sino en la conversión de las antiguas ciudades y sitios habitados por las sociedades indígenas americanas en las fundaciones sobre las cuales se erigieron las nuevas ciudades y pueblos que conformaron el sistema colonial español, dando origen a la arquitectura y el urbanismo mestizo de las antiguas urbes latinoamericanas y caribeñas.

Mario Sanoja Obediente / Iraida Vargas
Cronistas de Caracas