HORIZONTE DE SUCESOS | El black metal llegó al llano (VI)

Heathcliff Cedeño

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Cuando regresé de hacer el mandado ya era casi de noche. Lo peor de salir a esa hora era que mucha gente sacaba sillas a la puerta de la casa y se sentaba a ver al que pasaba. Y como no eran muchos los que transitaban a esa hora la incomodidad era patente cuando uno se sentía escaneado desde que aparecía hasta que salía de ese campo visual. Esto lo puedo afirmar porque en la casa de mi abuela también practicaban eso de la extensión de la sala en la calle y hablaban de cualquiera que pasaba.

Apresuré el paso porque ya se acercaba la hora en la que irían a buscarme para pasar por la casa de Carlos «Metralleta». Lo importante era que estuviera apenas llegaran para que no los interrogaran o me hicieran pasar pena. A nadie le molestaba que fuéramos unos vagos, pero sí estaban pendientes de controlar cualquier caos.

Cuando llegué, dejé el kilo de pasta «Milani» sobre la mesa y le pregunté a Adán si no me habían ido a buscar. Su respuesta me alivió un poco y me quedé cerca de la puerta para mi escapada triunfal. Unos minutos después llegaron Alfredo y Marco con una botella de «Palmita», una bebida espirituosa que solo bebían los vikingos del pueblo y nosotros. No sé si tendrá que ver, pero más de una vez vi a los muchachos arrastrarse como en trance por el consumo excesivo de esa bebida.

-¡Solo el primer trago pega!, dijo Alfredo, que veía con mirada retadora el paso de la botella entre uno y otro. Así nos fuimos derrapantes entre trago y trago hasta que llegamos a la casa de Carlos, que obviamente no nos esperaba un día como ese. Haciéndole honor a su apodo, nos dijo una retahíla de cosas en menos de un minuto. Entre todo lo que mencionó se refirió a su último hallazgo en música extrema. Y es que había pasado por la casa de Diego, más conocido como «Cochina», y este le había grabado un casette con unas piezas del Once Upon the Cross, Deicide y Lies de Krabathor.

Fue el momento perfecto para tratar de convencerlo de que nos prestara la casa.

-¡Hay cosas más extremas y satánicas, «Metra»!, le dije.

Lo que vino a continuación fue una exposición de argumentos bastante sólidos para que no dudara de la importancia de hacer esa metalrumba en su casa. Al principio se negó un poco debido a los excesos de la última vez, que casi le cuestan una temporada en el campo. Antes de decidirse puso varias condiciones que no eran negociables. Finalmente accedió y nos quedamos en la acera bebiendo «Palmita», hasta que se acabó la botella.

Heathcliff Cedeño