ENTREVISTA | David Gómez Rodríguez: Busco en las entrañas de la guerra salidas para construir la paz

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El enemigo ha propagado la especie de que Venezuela es un país del que las personas mejor capacitadas, la inteligencia y la juventud se están marchando en bandadas. La cifra que manejan los mercaderes de la migración, con el fin de recibir millones de dólares, hablan de más de 6 millones de venezolanos huyendo despavoridos de un lugar donde se acabó toda posibilidad de vivir y progresar. Nadie puede tomarse en serio semejante disparate: 6 millones de personas (la población de Caracas, casi 20 por ciento del total) se ha marchado, “posiblemente en 2022 ya sean 7 millones porque nadie quiere vivir en Venezuela”, aúllan los que recibirán muchos recursos para atender a esa presunta y fantasmal legión de refugiados. Imposible establecer ningún diálogo con ese monstruo de mil lenguas viperinas.

Aun así, es un gratificante ejercicio encontrarse con personas que rompen la norma inventada por esa loca matriz, e invitarlas a expresar su parecer. David Gómez Rodríguez tiene 31 años recién cumplidos. Anduvo cuatro de los últimos años por Rusia, estudiando una maestría en Ciencias Políticas en la universidad de Lobachevsky, de la que egresó con las más altas calificaciones. También tuvo la respectiva maestría y posgrado en un oficio que nos toca a todos los pobres: pasar roncha para sobrevivir en algún oficio insólito. El que más recuerda es el de “cargador de discos”; el muchacho le sostenía la mercancía como un atril, pedestal o mostrador, a un peruano que la vendía bajo el solazo de alguna playa de Rusia (sí, hay playas con sol en Rusia). También fue ancla y analista político en Telesur.

Pero por sobre todas las cosas fue militante, promotor y creador de grupos de solidaridad con Venezuela, creador y difusor de la poesía nacida en sus recorridos larenses (es de Barquisimeto) e internacionales. Tiene obra publicada y presentaciones en escenarios de varios países, adonde llevó el verbo-fuego de la juventud venezolana. Se casó con una rusa, tuvo una pequeña hija en aquellos lares y de pronto, en este segundo año de la pandemia, fue convocado para que se viniera a Venezuela a asumir una responsabilidad: es director general de la Fundación de Capacitación e Innovación para el Desarrollo Rural (CIARA), conocida más justicieramente como Fundación de Capacitación e Innovación para Apoyar la Revolución Agraria, ente adscrito al Ministerio de Agricultura Urbana.

—Abandonó su zona de confort en Rusia y decidió acudir al llamado de un país en guerra. Explíquenos las razones de ese proceso.
—No tiene nada de extraordinario cuando uno tiene conciencia de patria, revolucionaria, y conciencia del tiempo histórico. No es un proceso que debe verse solo desde la individualidad. Si uno entiende que cuando los jóvenes de la generación Chávez asumen su rol histórico ese gesto repercute en la moral de todos los jóvenes del continente y del mundo, el desafío se vuelve estimulante. Si nos imponen una guerra es porque somos una garantía de paz. Siento que, como generación y también particularmente, como joven revolucionario, busco en las entrañas de la guerra las salidas para construir la paz. Tal vez citando a Silvio Rodríguez: “Y comprendió que la guerra era la paz del futuro”.

—Hay una matriz que dice que la actual generación de jóvenes no es tan resistente, y que por eso es preferible para el país seguir admirando las hazañas del pasado. ¿Usted lo ve así?
—Un sector de nuestra juventud ha sido alienada y desmoralizada por un aparato de propaganda, por emporios de la comunicación que tienen gran capacidad para manipular. Pero conozco a otros jóvenes de mi generación que han regresado aquí para cumplir tareas y misiones para la Revolución. Estoy recordando a una compañera que estudió allá en Rusia una maestría en una de las universidades más prestigiosas del mundo en materia energética, y se vino a trabajar como analista a Pdvsa. La Revolución ha insurgido con un esquema de formación que ha dado origen a un conglomerado de jóvenes que han asumido su rol histórico en el tiempo que le tocó: un difícil momento de agresión imperial.

—¿Lo mueve la conciencia de estar protagonizando un acto heroico?
—Lo estamos asumiendo como un desafío cotidiano al que nos ha traído un proceso que se inició hace más de 500 años. No nos sentimos protagonistas de un acontecimiento heroico. Tal vez en el futuro nuestros nietos se admirarán y se preguntarán cosas: “¿Cómo hacía mi abuelo para sobrevivir sin gasolina en un país petrolero?”. Somos conscientes de ser continuadores de una historia donde encontramos a Bolívar, a Argimiro Gabaldón, a muchos héroes de su tiempo. Pero mientras cumplimos la tarea la asumimos como lo que es, nuestra cotidianidad dentro del tiempo que nos correspondió vivir.

El mundo con Chávez

El historial formativo de David Gómez tiene antecedentes diversos, los más lejanos relacionados con el quehacer cultural y literario, y con la formación codo a codo con una familia llena de resortes históricos y artísticos. De los acontecimientos que lo han marcado, rescata uno particularmente conmovedor: “Recuerdo el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en 2006. Ese fue el evento en el que Chávez convocó la construcción del socialismo. Recuerdo que en ese discurso, en Los Próceres, escuché un murmullo lejano, que al principio no lograba entender. Hasta que al fin se aclaró el grito y escuché: era una consigna que gritaban miles de jóvenes, que decía: ‘Chávez, amigo, el mundo está contigo’. Lo impresionante es que uno miraba a los lados y quienes estaban gritando eso eran un chino, un árabe, un africano. Entonces aquello dejó de ser una consigna para convertirse en una verdad: el mundo estaba con Chávez. Fue cuando entendí que mi vida debía estar al servicio de la Revolución y del proletariado internacional”.

—¿Cómo entiende la agricultura, y desde qué perspectiva es posible acudir a los poderes creadores del pueblo para profundizar la Revolución en la institución donde trabaja como directivo?
—La agricultura es un hecho cultural, una forma de resistencia y una forma ancestral que tiene nuestro pueblo, que al final es campesino. En nuestras ciudades se está viendo un renacer de la actividad agrícola, y eso tiene que ver con las necesidades creadas por la guerra que nos han impuesto. Pero también con el hecho de que ya existe una identidad campesina en el pueblo venezolano. ¿Cómo potenciar esa realidad, cómo convertirla en una forma orgánica y organizada de acción? Ese es nuestro reto. El nuestro y el de los dos ministerios que rigen la actividad agrícola en este país. La fórmula es avanzar junto con el poder popular.
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*Biografía Mínima

Licenciado en Desarrollo Humano por la UCLA, con maestría en Gerencia Política por la Universidad Lobachevsky (Rusia). Ha sido editor de revistas culturales y poeta con publicaciones locales y una edición en Rusia: su Puentes de miel sobre la grieta, que constituye “el primer registro poético de las relaciones entre Venezuela y Rusia en el siglo XXI”, a decir de los críticos de Rusia.

En su temporada en Rusia (2017-2021) fue responsable de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la JPSUV en Rusia, reportero de Telesur y habitual analista político en esa televisora y en medios digitales. Regresó a Venezuela en mayo de 2021, y desde junio es director general del CIARA.

JOSÉ ROBERTO DUQUE / FOTO JESÚS ARTEAGA