Armando Zerpa sigue entre cuerdas

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Recuerda que en un guanteo, en México, derribó a “Mantequilla” Nápoles. Foto Bernardo Suárez

Antes era el “Clay venezolano”; ahora le dicen “Armando Pueblo”, trovador revolucionario

Llegó al periódico Ciudad CCS en busca de la sección de Cultura, terciado al hombro un cuatro y con un manojo de hojas en su mano donde estaban plasmadas varias letras de su autoría, pero se sentó en la sección de Deporte y se presentó él mismo:

—Soy el “Clay venezolano” o “Armando Pueblo”.

Su nombre real es Armando Zerpa.

— ¿Sabes por qué te apodaron el “Clay” venezolano?
—Porque a inicios de la década de los setenta estaba haciendo campaña como boxeador en México y allá fue que me pusieron ese sobrenombre, en alusión al excampeón mundial del peso completo Cassius Clay (Muhammad Alí).

—¿Acaso tu estilo era igual al de Clay?
—Más que por tener un estilo parecido al de Clay, era por lo charlatán. Me dio entonces por pronosticar los rounds en que noquearía. A veces cumplía, otras veces no, pero al final llamaba la atención de los aficionados como un “Clay venezolano”.

—¿Y qué tal tu récord?
—Yo comencé a boxear en la parroquia San Juan, en Caracas. Entrenaba y boxeaba en el recordado Palacio de los Deportes. Debuté en profesional y luego de ocho victorias me largué a México.

—¿Conquistaste el mercado de México?
—No. Pero mi nombre comenzó a sonar en México luego de una sesión de guanteos en que derribé al entonces campeón mundial welter, el cubano Ángel “Mantequilla” Nápoles. Al día siguiente los diarios lo reflejaron con una gráfica en la cual se veía al monarca en el suelo (lona).

—¿Por qué no siguió en México?
—Después un promotor mexicano me contrató para combatir en Filipinas contra el retador del peso superpluma, el local René Barrientos, con la promesa de que si ganaba recibiría un chance por el título. El favorito era Barrientos. Pero vieron rodar por la lona cuatro veces a su ídolo, aunque en el segundo asalto me había lesionado la mano izquierda. Barrientos empezó a ensuciar la pelea con cabezazos y golpes bajos. Yo respondí igual y en el noveno me descalificaron. Lo dejé listo para el retiro.

—¿Allí acabó tu carrera?
—Fui aplaudido y me lanzaron dólares en reconocimiento. Pero yo, con la calentera que tenía, comencé a patear los dólares. O sea que hace casi medio siglo (7 de junio de 1972) yo ya pateaba la moneda gringa.

Regresé a Venezuela, intenté continuar mi carrera, pero no hubo apoyo. Los promotores se quedaron en puras promesas. Hoy ando con este cuatro, componiendo canciones en contra del imperialismo.

JOSÉ CUEVAS / CIUDAD CCS