RETINA | Hoy en la Carta de Jamaica

Freddy Fernández

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Hoy se cumplen 206 años de la Carta de Jamaica. Es un texto al que, por razones diversas, vuelvo siempre sin que deje de parecerme nuevo y sin que deje de asombrarme por su profundidad y por la vastedad de la visión de Bolívar, sustentada en una exquisita comprensión minuciosa de la política, una gran sensibilidad humana, un pensamiento estratégico muy avanzado y la enorme capacidad para ver la historia en su movimiento, desde las causas hasta la diversidad de consecuencias que se podrían derivar de la contienda independentista.

Si bien se trata de un texto dirigido a Henry Cullen, es muy evidente que su objetivo preciso era llamar la atención del resto de Europa, con énfasis en Gran Bretaña, sobre la lucha independentista que se libraba en América. Sin embargo, cuando los británicos quisieron responder al llamado de Bolívar, el Libertador prefirió la ayuda de Haití.

Uno de los elementos que más me sorprende de esta obra maravillosa de Bolívar es su permanente vigencia. Aun cuando han cambiado muchos de los elementos propios del debate político de la época, en términos ideológicos se evidencia una suerte de inercia conceptual de las fuerzas geopolíticas involucradas que muy bien pueden servir para una comparación con la situación de hoy y para tener una mayor comprensión de las tareas que impone nuestro momento de auge de los pueblos de América Latina y el Caribe en procura de asegurar su independencia y su voz en el mundo.

“Echemos una ojeada y observaremos una lucha simultánea en la inmensa extensión de este hemisferio”, dictó el Libertador en su Carta de Jamaica. Es una observación que podemos hacer valer también hoy, con sólo mirar la extensión social y geográfica de la lucha de nuestros pueblos, pero más que constatar el parecido de los momentos, podemos observar, una vez que cambiemos el nombre de España por el nombre de Estados Unidos, que el comportamiento del resto de las potencias es tan errático como el que Bolívar describiera en este texto.

“La Europa haría un bien a la España en disuadirla de su obstinada temeridad; porque a lo menos se ahorraría los gastos que expende y la sangre que derrama; a fin de que, fijando su atención en sus propios recintos, fundase su prosperidad y poder sobre bases más sólidas que las de inciertas conquistas, un comercio precario y exacciones violentas en pueblos remotos, enemigos y poderosos”, nos dice la Carta de Jamaica.

También escribe Bolívar que “por miras de sana política” Europa por sí misma debería haber propiciado “el proyecto de la independencia americana; no sólo porque el equilibrio del mundo así lo exige; sino porque éste es el medio legítimo y seguro de adquirirse establecimientos ultramarinos de comercio”.

Es esta una idea que vale plenamente para la Europa de nuestros días, la que se pliega con demasiada frecuencia a los intereses de Estados Unidos, a pesar que esos intereses van produciendo devastadoras consecuencias en todo el planeta.

Llama la atención que el debate sobre estas consecuencias se presente también de manera similar a la discusión de los crímenes de España en la época de Bolívar. “Barbaridades que la presente edad ha rechazado como fabulosas, porque parecen superiores a la perversidad humana”.

Freddy Fernández | @filoyborde