PUNTO Y SEGUIMOS | En la “lejana” África

Mariel Carrillo García

0

Dicen varios estudios que la humanidad desciende de África. Después de descubrirse y perfeccionarse los estudios de ADN, la conclusión aceptada es que de cazadores y recolectores de ese continente venimos todos los pueblos del mundo, como resultado de la migración desde esa tierra hacia otros territorios. África alberga la mayor diversidad de genomas del planeta y todos los no africanos tienen huella genética del continente negro. Hay, por supuesto, teorías que refutan, disminuyen o cuestionan este hecho ya tomado como realidad en la comunidad científica: algunos sugieren que fue Europa quién aportó migrantes a África y que de la mezcla salió el homo sapiens, otros afirman que no importa el continente porque somos el resultado de experimentos genéticos de razas alienígenas y así varias hipótesis sin real comprobación, tendientes a negar que ese lugar maltratado e irrespetado de este mundo es la cuna de todos: los indios, los mestizos, los amarillos y hasta los “arios”.

El euro centrismo que impera en los países de América Latina, especialmente en materia educativa y mediática, ha sembrado en la conciencia colectiva una idea mediocremente documentada acerca de África, que no pasa de ser el hogar de las mayorías negras del mundo, o de la mayoría de árabes del mundo, un espacio siempre en guerra, en disputa, en necesidad y en miseria. Si bien estas no son mentiras, distan mucho de describir o explicar la complejidad de lo que ha ocurrido y continúa ocurriendo en este amplio territorio, excluyendo deliberadamente el impacto de la colonización europea que condenó a la muerte, el desarraigo, la esclavitud y el saqueo a millones de personas, y que aún hoy cuando han transcurrido siglos del proceso de invasión, determina el destino de más de mil millones de seres humanos.

Siete países europeos lograron colonizar todo el África en apenas 30 años (1870-1910). En todo el periodo “oficial” de coloniaje desde inicios del siglo XIX, franceses, portugueses, ingleses, belgas, italianos, alemanes y españoles acabaron con los recursos, las costumbres y las formas de gobierno locales, aunque cabe recordar que desde muchas décadas antes sometieron a las poblaciones que consideraban humanamente inferiores -es decir, todas- llevando el comercio de esclavos a un nuevo nivel, al utilizar a los africanos como mano de obra gratuita en sus colonias de América. La llamada “descolonización” fue lenta y demoró prácticamente el siglo XX, en el que la mayoría de los Estados africanos declaran su independencia, marcados y atravesados para siempre por el sistema impuesto a sangre y fuego por los invasores, hundidos en la miseria, tecnológicamente atrasados y poblacionalmente diezmados.

De África, especialmente del África negra, los americanos tenemos mucho. Somos descendientes no sólo desde hace miles de años, sino hace apenas 500, cuando los europeos nos mezclaron a la fuerza, y flaco favor le hemos hecho tanto africanos como americanos a nuestro proceso de liberación y desarrollo al negarnos e ignorarnos mutuamente, teniendo tanto en común y siendo dueños del porcentaje de recursos naturales más importante del planeta, es decir, compartiendo la bendición / maldición de poseer la materia prima que requiere el imperialismo y el capital para seguir existiendo.

Esa África volvió a ser noticia, en un país llamado Guinea Conakry, ex colonia francesa, hubo un golpe de Estado. Aparentemente los golpistas tienen el apoyo de Francia y EEUU, de los que recibieron instrucción e instrucciones. El país es minero, y hay muchos tesoros, aunque su población tiene un índice de pobreza del 60%. Hay otras dos Guineas. Fueron colonias portuguesas y españolas. Del puerto de Guinea, los portugueses extrajeron miles de negros que llevaron a América. Si nos hiciéramos un examen de ADN, quizás podríamos descubrir que ese país tan lejano que parece no decirnos nada, es la tierra de algunos ancestros, unos no tan perdidos como el primer homo sapiens.

Mariel Carrillo García