CARACAS CIUDAD CARIBE | Venezuela y las Antillas

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La región antillana es un espacio geopolítitico estratégico para el país.

En una de sus recientes declaraciones públicas, nuestro presidente Nicolás Maduro habló sobre el surgimiento de nuevos liderazgos que nos sorprenderían. Efectivamente, al ver en la TV la intervención de nuestro nuevo canciller Plascencia, en la reunión de la ALBA-TCP, nos dimos cuenta de que se había operado un importante cambio en la percepción que tiene nuestra diplomacia de las relaciones políticas con las naciones del área Caribe, utilizando la información suministrada por la arqueología y la etnohistoria.

La región antillana constituye hoy un espacio geopolítico estratégico para Venezuela, ya que conforma un bloque de naciones amigas que sirve de contrapeso a las intenciones intervencionistas del sector pro imperialista de la OEA. Por esa razón, es importante conocer y apreciar ciertas particularidades de la historia cultural antillana que la vinculan con nuestro pasado precolombino. En años anteriores fuimos invitados a participar activamente en el Congreso de Arqueología de las Pequeñas Antillas. Nuestras investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en el Orinoco Medio y en la costa del Golfo de Paria trataban sobre los pueblos que conformaron las llamadas –científicamente– Tradición Arqueológica Ronquín y Tradición Arqueológica Saladoide, que poblaron las Pequeñas Antillas y Puerto Rico desde el año 200 antes de Cristo. En una oportunidad acompañamos al presidente Balaguer en unas giras denominadas Cabildos Abiertos que el Mandatario efectuaba por el interior del país para hablar al público sobre la arqueología del oriente venezolano. La razón de solicitar nuestras intervenciones radicaba en la estrecha relación existente entre la denominada Tradición Arqueológica Barrancas, que se originó en el estado Monagas, y la llamada Cultura Taína, cuyos portadores son identificados con las primeras poblaciones agroalfareras que poblaron La Española. De igual manera, por los mismos motivos, fuimos invitados por la Universidad de La Habana y por la Academia de Ciencias de Cuba, desarrollando un programa de conferencias para profesores y estudiantes que redactaban tesis de posgrado. En todos los casos, la motivación era estudiar la manera cómo la cultura de las poblaciones aborígenes del oriente de Venezuela había impactado la cultura local. En otra oportunidad nos invitaron a probar la comida popular dominicana (habichuelas o caraotas negras con arroz y carne), nuestro pabellón criollo, incluyendo empanadas de yuca llamadas cativías, que con el mismo nombre las habíamos consumido en una población del estado Monagas y en Guayana.

Nuestros diplomáticos deberían saber que Venezuela, y particularmente la región del oriente de Venezuela y del Orinoco, era considerada como la Madre Patria de las Antillas, según nos informara un intelectual cubano, pues de allí provenían los grupos humanos que formaron su población originaria. Ya desde hace 7.000 años pueblos de navegantes recolectores pescadores que habitaban las regiones litorales del oriente de Venezuela comenzaron a explorar las rutas marinas que llevaban hacia las islas antillanas. Entre 2000 y 1200 años antes de Cristo, migrantes de origen andino de la vertiente amazónica de los Andes, posiblemente ancestros de grupos Arawakos, se asentaron en el Bajo y Medio Orinoco, conocidos arqueológicamente como Tradiciones Barrancas y Ronquín, desde donde se movieron hacia las costas de Paria y, desde allí, alrededor de 300 años antes de Cristo, migraron hacia las Pequeñas y Grandes Antillas dando origen a las poblaciones agroalfareras locales.

¿De dónde vienen nuestros pueblos caribes?

Según las investigaciones científicas, los caribes fueron descendientes de las primeras poblaciones asiáticas que pasaron de Eurasia a América. Salieron también del Alto Amazonas hace cuatro o cinco mil años, llegando al Orinoco Medio hacia el año 200 de la era cristiana. En el transcurso de ese largo período, los pueblos caribes originarios aprendieron a fabricar la alfarería, hacer herramientas de piedra pulida, tejidos de algodón y cestas. Sobre todo ello destaca la gesta más importante: practicaron un sistema agrario basado en la domesticación y el cultivo de plantas como la yuca y la fabricación del casabe, rasgos que tendrían un gran impacto civilizatorio sobre los pueblos caribes del noreste de Suramérica y la región insular antillana.

Los caribes caraqueños

Los caribes caraqueños, que se enfrentaron a las diversas expediciones castellanas, pertenecían a un gran cacicazgo o Señorío Caribe, cuyo centro se hallaba localizado en la cuenca del lago de Valencia. Aquellas tribus ejercieron hasta el siglo XVI un control absoluto de la región costera central de Venezuela, incluido el valle de Caracas, así como de las islas que se encuentran frente a dicho litoral. Ese cacicazgo caribe estaba vinculado con otros poderosos grupos tribales similares que habitaban las Antillas Menores desde Trinidad hasta las Antillas Mayores: Borinquen (Puerto Rico), Haití-Quisqueya (Santo Domingo) y Cuba.

Por la tenaz resistencia que opusieron los caribes al invasor castellano en defensa de su patrimonio ancestral, los cronistas de indias solo reseñaron su condición de guerreros, supuestamente feroces caníbales, estereotipos negativos que se resumen en la leyenda negra caribe que se basa en la negación de su tecnología y aportes agrícolas, de su condición de grandes navegantes y constructores de grandes embarcaciones, de conocedores de las corrientes marinas, de su vida comunitaria en viviendas colectivas y la gran identificación cultural con su territorio (insular y continental).

La colonización europea de las Pequeñas Antillas

A partir del siglo XVII las Pequeñas Antillas que, como muestra la arqueología, habían sido pobladas tanto por arawakos como caribes migrados desde Venezuela, recibieron pobladores europeos interesados en desarrollar cultivos de caña de azúcar, producto que estaba de moda en Europa. Debido a la falta de mano de obra nativa, trajeron personas africanas quienes fueron esclavizadas para trabajar en las plantaciones. Muchos hijos de aquellas personas nacidos en las Antillas fueron traídos a Venezuela por esclavistas con el mismo destino.

Mario Sanoja Obediente/Iraida Vargas*
Cronistas de Caracas