Tres en 1 | Se solicita empresario honesto

Roberto Malaver

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Preocupados porque nadie los considera honestos, los empresarios se reunieron para buscar un empresario honesto y mostrarlo al país como ejemplo de honestidad.

Cuando el moreno José Melitón –conocido en la sede de Grandes Empresarios como el “Negro Raboemono”– vio que se acercaba el presidente nada menos que de la cosa esa de la que él es portero, dejó de comerse el “Cocosette” que estaba disfrutando, abrió la puerta de vidrio y dijo: “Buenas tardes, doctor, lo está esperando un gentío”. “¿Llegaron todos?”, preguntó el doctor, quien desde hace tiempo sabe que el portero tiene más información que cualquier otra persona. “Solo falta la Asociación de Empanaderos con Carne Adentro, que parece que chocaron el Mercedes bajando por Tazón”, contestó el negro José Melitón.

Una vez adentro, el presidente de los empresarios del país hizo un paneo y, sacando la cuenta mentalmente, supo que había quórum, entonces subió al estrado y tomó asiento en su silla Luis XV, hecha especialmente para él por el carpintero de la Asociación de Carpinteros de Sillas y Mesas de Unidades y Afines. Y tomó la palabra:

—Amigos y amigas, compañeros todos. Ustedes saben que yo no tengo nada nuevo que decirles porque ustedes lo saben todo. La vaina está jodida. Y todo el mundo dice que los empresarios se robaron los dólares que les dieron a 4,30, a 6,30, a 11,30 y dejémoslo hasta allí.

Es decir, que estamos necesitando un empresario honesto, un hombre que dé la cara por todos nosotros, porque con esta cara de sinvergüenza no se puede seguir saliendo a la calle y saludar a la gente. Hasta Marcel Granier nos ve con rabia, porque más tiempo pasa en la cola la señora de servicio que atendiéndolo a él en su casa. Porque, carajo, es verdad que nos dieron un montón de dólares, pero carajo, también es verdad que nos robamos un montón, y esa vaina tenemos que reconocerla. Yo quiero hacerles una pregunta: ¿hay entre ustedes un empresario honesto?

El presidente levantó la cara buscando una mano en alto y no vio ninguna. Esperó un buen rato y nada. Entonces continuó:
—¿Se dan cuenta? Esa es la vaina, que ya no podemos ocultar que especulamos que da gusto, como dijo nuestro colega y amigo Guillermo Zuloaga. No tenemos a nadie que sea capaz de decir, sí, yo soy honesto, ni de vaina, porque todos aprovechamos ese ofertón del Gobierno y pagamos dólares baratos y los vendimos carísimos y allí tenemos al pueblo haciendo cola hasta para comprar un fergambusco, que nadie sabe qué vaina es esa, pero la gente quiere pagar para saberlo.

El presidente tomó un poco de agua, se subió los lentes Armani, y viendo al montón de deshonestos que tenía al frente siguió diciendo:
—Ahora tenemos que buscar a un empresario honesto para hacer una campaña publicitaria diciendo que la honestidad es nuestro norte. Y tenemos que encontrarlo rápido para parar esa campaña que nos ha desprestigiado. Si conocen a alguno para que podamos hablar con él, por favor, nos lo dicen de una vez, que aquí está la agencia de publicidad lista para hacer el comercial.

—Yo propongo a “Raboemono”–, dijo el representante de la Cámara de Ex Raspadores de Tarjetas en el Exterior.

—¿Al portero?–, preguntó el presidente.
—Sí.

—¿Por qué?–, repreguntó el presidente.
—Porque es un digno representante de la Cámara que asocia a todos los porteros de las instituciones del país y, además, esa gente está muy informada y tiene trato diario con mucha gente y eso genera simpatía, y de repente nos hacemos simpáticos al público, porque no es por nada, pero “Raboemono” le cae bien a todo el mundo.

—Aprobado–, dijo el presidente.

Ya la productora está filmando el comercial donde José Melitón, el representante de la Cámara de Porteros del país, comienza diciendo: “Nosotros, los empresarios del país, abrimos las puertas a todos los que creen en la honestidad y el trabajo”. Y el hombre abre una puerta y comienza a pasar una fila de empresarios, los mismos que aprobaron el comercial.
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RETRATO HABLADO

“Yo no tengo fanáticos, devotos es lo que tengo yo. ¿Por qué? … Porque yo soy la canción; yo no canto canciones ni las interpreto. Yo soy”. Así dijo en una entrevista este cantante, compositor y pianista maravilloso que fue Ignacio Jacinto Villa Fernández, conocido mundialmente como “Bola de Nieve”. Uno de los músicos y cantantes más geniales que ha dado Cuba. Cantaba en inglés, francés, italiano, portugués y en español, claro. Decía que no se consideraba cantante, sin embargo tenía una simpatía que lo hacía apoderarse del entusiasmo de todos los que lo escuchaban. El poeta Pablo Neruda dijo: “Bola de Nieve se casó con la música y vive con ella en esa intimidad de piano y cascabeles, tirándose por la cabeza los teclados del cielo. ¡Viva su alegría terrestre! ¡Salud a su corazón sonoro!”. También, el escritor Alejo Carpentier dijo: “Bola de Nieve nos pone a todos de acuerdo, evidentemente. Pero ha tenido, por encima de eso, el talento necesario para ponerse de acuerdo con todos los pueblos del mundo”. Era alegría en el escenario. Vivía plenamente su canto. Nació el 11 de septiembre de 1911, en Guanabacoa, La Habana, Cuba. Y murió el 2 de octubre de 1971, en Ciudad de México, México.
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EL VIERNES DE LIRA