La Caraqueñidad | La monja fantasma del Calasanz

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Si decide pasar por allí lleve su agua bendita

El colegio San José de Calasanz, enclavado en las Lomas de Urdaneta, en Catia, no solo es tendencia noticiosa desde hace un montón de años por su producción de buenos futbolistas –muchos, incluso, han vestido la casaca vinotinto– sino por su educación de calidad a bajo costo y –no podía faltar el toque extraterrenal en esta Caracas embrujada– por el fantasma de la monja que ha asustado a muchas generaciones de escolapios.

Desde siempre esta prolija capital ha creído en espantos, espíritus que desde el más allá dicen presente con mensajes de advertencia o simplemente por solo asustar, como suelen hacer esos espíritus burlones. Y este famoso recinto estudiantil, al igual que otros, incluso en latitudes internacionales como México, Costa Rica, España y Perú, tiene su propio espanto encarnado en la terrible aparición de una monja espectral.

Muchos lo negarán, pero un montón de calasancios saben que es así. De que vuelan, vuelan…

Retrospectiva fantasmal

Cuando el movimiento de escuelas Pías de España mandó al cura Constantino Garosoain como máxima autoridad para inaugurar el Calasanz de Caracas –hay uno en Valencia y otro en Carora– no proyectó jamás el gigante educativo y de rica historia que estaba viendo luz en septiembre de 1952, erigido a la par de la famosa urbanización Colinas de Urdaneta, luego rebautizada con su actual nombre Lomas de Urdaneta.

Todo fue inspirado en su progenitor San José de Calasanz, considerado el santo de la educación gratuita por sus tangibles obras al respecto en España e Italia. Claro, los curas acá tenían que cobrar aunque fuese tarifa mínima mientras lograban acuerdos de subsidio. Pero eso es harina de otro costal.

Relatan algunos testigos de aquellos días en los que ni siquiera un rancho asomaba en el Cerro Piloto (El Amparo) ni en Los Magallanes –ambos, linderos de las Lomas y por ende, del Calasanz construido en cuatro hectáreas que pertenecían al INOS y al Banco Obrero– que varios obreros perdieron la vida en plena ejecución de la para entonces flamante obra traducida en un megaedificio de varios pisos.

La exigencia de estar en plena armonía arquitectónica y ambiental propuesta por los ideólogos de la gran urbanización en homenaje a Rafael Urdaneta (Carlos Raúl Villanueva, Guido Bermúdez y Carlos Brando), suponía mayores riesgos, y por medidas de seguridad laboral apenas incipientes, sobre todo para trabajar en las alturas, hubo lamentables accidentes. Desde entonces son incesantes los llantos y las quejas que espantan al más pintado durante las interminables madrugadas bañadas del rocío que baja en los albores desde El Junquito.

¿Y qué tiene esto que ver con la monja? Dicen que esos quejidos están asociados a la aparición de Sor Espanto. Siempre privó el misterio en ese ambiente lúgubre propio de las exigencias eclesiales de un colegio cristiano, con misas y ciertos enigmas jamás revelados. Uno de esos misterios es el cobro de matrícula –accesible en realidad– a pesar de que en agosto de 1948 José Calasanz fue declarado por el papa Pío XII, patrón de las escuelas cristianas, populares y gratuitas.

Siguen los misterios

Ya se dijo, el Calasanz es productor de buenos estudiantes, futbolistas a granel, uno que otro basquetbolista, y mucha historia a veces diluida en anécdotas, cuentos y mitos.

No se sabe por qué, pero en 1980, coincidencialmente año bisiesto, el fantasma de la monja fue visto con extraña frecuencia, aunque la cosa no pasaba del miedo que generaba el cuento de quien la veía, generalmente mujeres.

Lo muy duro y real es que ese año el destino cobró la vida de tres adolescentes, excelentes deportistas y mejores amigos, en circunstancias diversas: un accidente de moto, un accidente deportivo –qué increíble: dejó sus sueños jugando baloncesto–, y una enfermedad terminal que duró dos años en lograr su cometido. Silencio sepulcral. Lamento. Llanto colectivo. Luto indefinido. Y entre una y otra situación la monja aparecía quizás anunciando más dolor.

En cuatro años más, otra vez bisiesto, en accidente automovilístico dejan sus vidas un exalumno y un alumno activo, y en 2004 y 2016, también bisiestos –signados como pavosos– se fueron otros hermanos de la vida.

Y ahí preferimos perderle la pista y abandonar la tétrica estadística que, más allá de los fríos y agresivos números, sembraron terror en la comunidad escolapia.

La verdad de la monja

Aunque hoy nadie alza la mano para aseverar que vio al fantasma, se antoja imborrable el recuerdo de los compañeros que cambiaron de plano cuando apenas eran estudiantes de bachillerato, cuando empezaban a tejer y destejer sus sueños, cuando sus goles acababan de romper los capullos del deseo.

Hoy, con visión más curtida de experiencia –y de malicia– muchos de esos que juraban haber visto a la amedrentadora monja, explican que casualmente apareció mientras unas compañeras de los últimos años decidieron tomar un baño e ir a un salón del último piso para desfilar como Dios las trajo al mundo en un concurso de senos perfectos. Imaginamos quién ganó.

Dicen que un cura descubrió lo referente al exótico certamen, y cual Osmel Souza se apersonó a poner orden a riesgo de ser espantado por la monja malvada. Algunos dicen que por fortuna fue ese y no otro cura el que se encargó del azaroso asunto, pues no se sabe si hubiese reaccionado de acuerdo con la fama que le precedía.

Lo cierto es que analizando en frío todo el cuento, resultaba más seguro tenerle miedo a Kojak y sus primos perros lobos que cuidaban el campo de grama que a la susodicha monja fantasmal.

Ya sabe, si algún día decide pasar por el Calasanz lleve su frasquito con agua bendita…y santo remedio.

POR LUIS MARTÍN | CIUDAD CCS
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Curiosidades de la Plaza Bolívar (I)

“Plaza Bolívar, corazón de la patria”, que título tan acertado nos dejó el gran cronista popular Don Carlos Eduardo Misle, mejor conocido como “Caremis”, al referirse a que la plaza ha sido y sigue siendo centro de muchos acontecimientos políticos, sociales y hasta anecdóticos durante los diferentes períodos que inician en la colonia hasta nuestros días. Hoy vamos a abordar este artículo desde el aspecto informal, al narrar las distintas curiosidades, que muchas veces, no aparecen en escritos oficiales.

Un sitio con distintos nombres
Desde la colonización española, se normó que todo pueblo en su fundación, debía tener al menos una iglesia, una casa de gobierno, un cuartel y un cabildo, entre otros predios; que orbiten alrededor de un sitio céntrico donde el comercio y el esparcimiento público se concentrara. De estas directrices no escapó la fundada Santiago de León de Caracas, este sitio central fue llamado Plaza Mayor, Plaza Pública, Plaza Nueva, Plaza Real, Plaza Vieja, Plaza Principal, Plaza de Armas, Plaza de la Constitución, Plaza de la Catedral, Plaza del Mercado y por último, hasta la fecha, Plaza Bolívar.

La curiosa muralla de la plaza
En el año de 1755, por órdenes del Gobernador Felipe Ricardos (1751-1757) se edificaron las llamadas “Arcadas de la Plaza Mayor”; la obra quedó en manos del regidor Fernando Antonio de Lovera y Otáñez. Esta construcción que rodeaba a la plaza tuvo 45 espacios llamados canastillas y tres grandes arcos que servían de entrada al este, oeste y sur. Todo esto con la finalidad de organizar el comercio que formaba parte del mercado.

Curiosidades divertidas y otras no tanto
La plaza tuvo diferentes escenarios, aparte de ser el mercado principal, también se celebraron corridas de toros, se organizaban juegos, danzas y bailes; se armaban tablados para la proclamación de los reyes, escenarios teatrales, celebración de fiestas religiosas, sitio de ejercicios para los soldados del Cuartel Principal, etcétera. En contraste a estas actividades, sirvió como epicentro de rebeliones, fuegos inquisitoriales, ejecuciones por empalamientos, torturas y muerte de patriotas y realistas.

Parroquia Adentro:
Julio González Chacín. Fundador †
Renny Rangel Salazar.
Ricardo Rodríguez Boades
Gabriel Torrealba Sanoja
parroquiadentro@gmail.