Tres en 1 | Armando José Sequera: El humor es indestructible, contagioso e inmortal

Revele su rollo Roberto Malaver

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Escritor y periodista, ha ganado varios premios nacionales e internacionales, el premio Casa de las Américas, en 1979 y la Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, Valencia, 2001. Su obra ha sido traducida al francés, catalán, coreano, italiano, portugués, inglés y checo. Entre sus libros están: Teresa, Los hermanos de Teresa y Juan de papel. Es columnista de Ciudad CCS.

—Después de escribir más de 50 libros, ¿Armando José Sequera vive de lo que escribe?

—Mis hijos de papel ya son 92. Por ahora. Hasta el inicio de la cuarentena universal viví de lo producido por poco más de una docena de mis libros. A nivel nacional fui, entre 2003 y 2018, el autor venezolano que más libros vendió cada año. También tenía buenas ventas en el exterior. La pandemia no llegó a mí en forma de un virus tenebroso sino de un eclipse económico.

Espero que, al pasar esta contingencia, mi oscurecimiento monetario quede atrás.

—También ha incursionado en el humorismo con su libro Escena de un Spaghetti Western, ¿tiene vida el humorismo venezolano?

—Toda mi obra está impregnada, cuando no saturada, de humor. Es un ingrediente imprescindible en mis obras para niños y para adultos. Eso hace que algunos de quienes han criticado mi escritura me acusen de poco serio, como si el humor no lo fuera. Es su forma de menospreciar aquello de lo que carecen. Creo que el humor tiene vida en Venezuela y en el resto del mundo. No hay más que ver la infinidad de rostros sonrientes en las calles para darse cuenta de que el humor es indestructible, contagioso e inmortal.

—¿Es más fácil escribir para los niños que para los adultos?

—Para mí, escribir es fácil, no importa el público. Lo difícil viene después, a la hora de corregir. Ahí aparece mi personalidad de corrector de textos y corta tanto que a veces es mejor volver a empezar. No sé, al final, si el autor de mis textos es mi yo creativo o el yo que corrige. Por más que se los he recomendado, ese par de locos nunca se ponen de acuerdo.

—¿La literatura venezolana se ha ido fortaleciendo?

—Sí, por supuesto. Ya era imposible debilitarla más. Dadas las dificultades para publicar, hay que esforzarse más en obtener buenos resultados y eso acrecienta la calidad de nuestras obras. Cierto, ha habido una moda que consiste en presentar una imagen ruinosa del país –ignorando a propósito las verdaderas causas del deterioro–, pero ya la misma está quedando atrás, debido no solo a las escasas ventas sino también a la falta de autenticidad en lo que se expone. Hay autores de muchos otros países que exponen realidades peores que la nuestra y lo hacen sin poses ni afeites, desde su perspectiva de vida y de modo honesto.

—Y la cultura, Armando, ¿qué hacer con la cultura?

—Más que preocuparme por las manifestaciones artísticas me preocupa la educación de las personas. En busca de ganancias rápidas y fáciles muchas personas se han acostumbrado a que vale todo, incluso robar a la propia familia, a los vecinos, a la comunidad de la que se forma parte. Hay quienes pretenden que creamos que eso es parte de la venezolanidad, para tapar sus fechorías. Los pícaros surgen como si los clonaran y es imperioso detener esa maquinaria. Hay que “despicarizar” a nuestra sociedad. Nuestra principal deuda con el futuro es la formación de mujeres y hombres éticos, útiles a sí mismos y a la sociedad. Moral y luces siguen siendo sumamente necesarias.

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Retrato Hablado

“Quiero ganar mi verso, este verso; y quiero que vaya quedo, raudo y sereno como un dardo certero al corazón del pueblo de todos los pueblos… Al corazón del Universo”. León Felipe, ese poeta español y universal, supo siempre usar la palabra en el punto exacto. Su fuerza y su creación tenían una dirección exacta: la permanencia. Por eso hoy recordamos su poesía, su denuncia, su reflexión en torno al tiempo y la muerte: ¡Qué lástima que yo no tenga una casa! / ¡Una casa solariega y blasonada, / una casa en que guardara, / a más de otras cosas raras, / un sillón viejo de cuero, / una mesa apolillada / y el retrato de un mi abuelo / que ganara una batalla!”. Así cantaba en sus versos su vida. Sus publicaciones Ganarás la luz, Parábola y poesía, Antología rota. Y su último libro, ¡Oh, este viejo y roto violín!, es su reflexión sobre la muerte, el tiempo y el sueño. Fue un grito desesperado. Su fuerza lírica ha sido su gran valor. Nació el 11 de abril de 1884, en España y, murió en México el 18 de septiembre de 1968.

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El viernes de Lira