EstoyAlmado | Niños con celulares (I)

Manuel Palma

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Una niña de 9 años publicó en un grupo de wasap un video que advertía sobre un virus en China. Era enero de 2020. El niño de 10 años que administra el grupo le respondió con una grosería alusiva a la falta de cerebro. Después de desacreditar y ridiculizar el video, el flamante “administrador” amenazó a la niña con sacarla del grupo si no publicaba “cosas pro”.

En la jerga de algunos niños “pro” significa algo así como interesante, atractivo, a veces “moderno”. Sin embargo, para el pequeño dictadorzuelo del grupo “pro” era más específico: lo publicado debía ser contenido sexual explícito o videos de nuestros peores comportamientos como adultos.

En su defensa, la niña le dijo que no tenía suficientes “testículos”. Bueno, más bien le dijo la palabra que nosotros los adultos usaríamos. Lo más cumbre fue cuando la niña hirió el orgullo del administrador llamándolo “bruto”. Eso provocó ipso facto su salida del grupo y la condenó al rechazo presencial en clases. Aún no estábamos en pandemia. Precisamente, el video que divulgó la niña asomaba el peligro de algo que llamaban covid.

Tras el incidente, ahora era el turno de las madres. Con la maestra de juez, la progenitora de la niña expulsada denunciaba “discriminación” por parte del niño administrador del grupo. Del otro lado, la madre del niño alegaba irrespeto e “incumplimiento” de las normas del grupo. Aquello fue una escena sumamente peculiar que refleja los signos de estos tiempos. Ni los autores de ciencia ficción más adelantados para su época lo hubiesen previsto.

Como era de esperarse, ese altercado originó murmullos en los padres y madres, atentos a aquella novela pueril resumida en las preguntas: ¿está bien que los niños tengan celular “inteligente”?; ¿por qué, para qué?, ¿es beneficioso o perjudicial?

Edad para los celulares

Para mí la pregunta crucial era, y sigue siendo: ¿a qué edad los niños deberían tener celulares inteligentes?

En 2018 casi la mitad de los niños europeos entre 9 y 11 años ya tenían celular inteligente. Mientras el promedio de uso en América Latina es a partir de los 12 años, en Estados Unidos es a los 8 años. Son cifras del último estudio de Net Children Go Mobile.

En contra de esos resultados, yo creo que niños y niñas deberían usar celulares inteligentes a partir de los 15 años o más. Legalmente debería ser como el consumo de cigarrillos y bebidas alcohólicas: a partir de los 18 años. Luce exagerado, pero no es un juguete inofensivo lo que le estamos entregando.

Un estudio efectuado en distintas clínicas de rehabilitación en Londres indica que darle un celular a los niños significa exponerlos a una adicción similar al alcohol o las drogas.

La especialista a cargo de la investigación, Mandy Saligaril, declaró al medio The Independent que cuando los niños tienen un celular es como si le diéramos un botella de vino o “una gramo de cocaína”. En un contexto más adaptado a estos lares es como darle una botella de cocuy de penca o un porro de cannabis para ellos solitos.

La Organización Mundial de la Salud también concluyó que el uso de las pantallas, entre ellas el celular, es perjudicial para los menores. Para llegar a ese veredicto, la OMS tuvo que analizar 277 artículos médicos y 10 estudios en cinco países con casi 7.500 participantes.

Al margen de esa investigación, la mejor prueba de que los niños no deberían tener celulares inteligentes somos nosotros, los adultos.

Al igual que las máquinas tragamonedas, los celulares estimulan en los cerebros adultos la liberación de dopamina, un químico que genera adicción y hábitos.

Eso explica que hoy nuestra relación con los celulares impacta enormemente nuestro sueño, autoestima, memoria, retención, humor, creatividad, productividad, capacidad para tomar decisiones y habilidad para solventar problemas. Eso hace que sea difícil vivir sin ellos por un largo periodo de tiempo.

Y aunque los celulares son -y seguirán siendo- herramientas indispensables y muy útiles en la actualidad, como adultos asumimos el costo de aprender a vivir con ese opio tecnológico.

Ahora bien, si como adultos no podemos controlar la adicción, las consecuencias y el tiempo que nos quita un celular, por qué los niños sí. ¿Por qué creemos que ellos controlarán mejor la adicción al celular que nosotros? ¿Qué nos hace pensar que ellos sí lo lograrán?

De ninguna manera estas líneas pretenden cambiar el paradigma popular de darle o no un celular a los niños.

Lo que sí creo es que no deberíamos seguir engañándonos creyendo que los celulares son altamente beneficiosos para ellos, cuando en realidad no lo son. Son dispositivos fabricados y pensados para los adultos. Es nuestra condena, para bien o para mal; no tiene que ser la de ellos.

Para muchos padres y madres ya es demasiado tarde. Tras haber entregado un celular a los niños y niñas abrieron una puerta difícil de cerrar. En algunos casos, es irreversible.

Y si todavía seguimos dándoselos es porque lo justificamos gustosamente en la práctica con ideas tan absurdas que la pandemia, por cierto, se encargó de naturalizar.

En la entrega del próximo sábado ahondaré algunas de esas falsas ideas.

Manuel Palma | @mpalmac