BAJO LA LUPA | “Mundo, demonio y carne”

Eduardo Rothe

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En los colegios católicos se enseñaba que los enemigos del alma eran “mundo, demonio y carne”. Pero ahora los científicos han descubierto que la carne es el demonio que está acabando con el mundo.

No todas las carnes, sólo las rojas, de bovinos: bistec, filete, hamburguesa o perro caliente, amenazan la existencia de la humanidad. ¿Cómo? Pues produciendo 17,3 millones de toneladas de gases de invernadero anuales, el 60% del total mundial, y por lo tanto siendo las mayores responsables del calentamiento global y el cambio climático.

En un artículo de la revista “Nature Food”, el científico climático Atul Jain, de la Universidad de Illinois en Estados Unidos, revela que la producción de carne genera la mayoría de los gases con efecto invernadero y que un kilo de carne de vaca es responsable por 70 kilos de esos gases, comparado con un kilo de cereales que sólo general 2,5 kilogramos.

Los humanos consumen unos 250 millones de toneladas de carne roja al año, y la siembra de soya y otros productos para alimentar ese ganado ocupa el 83% de la tierra agrícola del planeta; y a ese alimento para el ganado se le añaden 115 millones de toneladas de antibióticos. Y, al contrario de lo que generalmente se cree, la carne roja sólo contiene 18% de calorías y 37% de proteínas.

Para alimentar una sola vaca se necesitan 2 hectáreas (20.000 metros cuadrados de pasto) los cuales, sembrados de yuca por ejemplo, una planta por metro cuadrado, producen 20.000 plantas que, a un mínimo de 3 kilos por planta equivale a 60 toneladas de alimento, muchísimo más que los kilos de carne que produce una vaca.

Los gases de invernadero producidos por la industria cárnica son más que los producidos por todos los automóviles, trenes y aviones (estos últimos con 28 millones de despegues diarios) que se mueven por el planeta. Además, las condiciones en que viven, mueren y son procesadas las vacas son tan crueles y repugnantes que en Estados Unidos el poderoso lobby de esa industria logró que el Congreso votara una ley por la cual es crimen federal fotografiar, filmar o grabar el proceso.

Los países que más carne consumen (por encima de los 50 kilos por habitante al año) son Australia, China, Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil y Argentina. Los que menos consumen son India, Bangladesh, Islandia, y en general aquellos países con gran consumo de pescado como Corea, Japón, Noruega y Portugal (entre el 60 % y el 70 % de su dieta).

Todo lo anterior ha creado una tendencia mundial a evitar el consumo de carne roja (no incluye los cerdos ni los pollos) pero la producción sigue aumentando a un ritmo que se calcula alrededor del 100 % desde el año 2000 a esta fecha. Una gran parte de ese incremento se debe a la “comida-rápida” o “comida-chatarra”, especialmente de las hamburguesas (claramente tóxicas) de las cadenas transnacionales como McDonald’s y Burger King.

No soy vegano ni vegetariano pero considerando el daño que la industria cárnica le causa al ambiente y todas las enfermedades asociadas con la carne roja industrial, trato de comerla lo menos posible en sus formas clásicas (carne mechada o un buen biftec a caballo, por ejemplo) y evitarlas radicalmente en sus versiones tóxicas de hamburguesa o perro caliente.

El cochino es otra cosa, es una carne mucho más sana (al contrario de lo que se cree) y más sabrosa: como dijo un viejo margariteño a unos caraqueños que dudaban, en el mercado de Porlamar, entre hacer una parrilla de pescado o una de cerdo: “Amigos, yo soy pescador de toda la vida y les digo una cosa: pescado no le gana a cochino ni nadando…”

Eduardo Rothe