AL DERECHO Y AL REVÉS | Vienen los rusos

Domingo Alberto Rangel

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Y como las capas geológicas que se amontonan unas sobre las otras… les tocó el turno de visitar Margarita a los turistas rusos que por los momentos son los últimos en llegar y sus recuerdos oscurecen los de argentinos y brasileños… colombianos e italianos que los precedieron y nunca más volvieron a estas tierras.

Al respecto y sin tener velas que prender les doy la bienvenida: ojalá la pasen bien y si no ellos que sean otros súbditos de Putin quienes regresen y en mayor cantidad.

Esta ola de rusos será sin duda seguida de grandes ditirambos al turismo que me hacen recordar cuando presenté a un grupo de jefes adecos, junto a otros entonces jóvenes, un plan a diez años para incrementar el turismo: les pareció “interesante” pero inviable políticamente.

¡Según esos ciudadanos notables, nuestro país ya era rico con el petróleo y se vería muy mal que le quitáramos las únicas entradas de Curazao y Aruba!

Pienso que esa boba apreciación sigue vigente entre quienes deciden.

Nuestro país tiene y ha tenido oficinas o ministerios dedicados al turismo desde la época de Pérez Jiménez que construyó una red de hoteles muy bellos y siempre vacíos salvo en pocos días del año.

Uno de ellos el Humboldt que un día de estos amanece renombrado Hiawatha o Jerónimo que sí fue un gran guerrero.

Algunos personajes de la política cimentaron su fama como aupadores o protectores, para decirlo en idioma reciente, del turismo. Por ejemplo Diego Arria quien ahora desde sus enchufes en la ONU pretende “salvarnos”.

Al menos Arria, quien jamás arrimó un barco o avión lleno de turistas a Margarita, no medró con ese tema.

Otros menos conocidos han pasado sus días de ministros y ministras del turismo, entre costosos viajes al exterior para asistir a ferias, dormitar en grandes hoteles, mientras el turismo en Venezuela dormía y duerme la siesta de los perezosos.

Y finalmente ha habido funcionarios de ese ramo que por medio de los malabares financieros se volvieron ricos.

Margarita quizás sea la localidad con mejor infraestructura para hacer turismo en todo el Caribe; al menos en el papel porque, como los afiches de don Diego Arria que ofrecían canchas para esquiar en la nieve, en el pico Bolívar, o las fotografías donde no se ven las moscas, no huele la basura acumulada y los choros andan disfrazados, hablar de turismo en Venezuela es casi como buscar inversionistas para una heladería, en cualquiera de los polos.

Y aclaro que no es cuestión de políticos, no vaya a ser que a alguien se le ocurra poner al interino y su banda a administrar ese sector: es nuestra sociedad la que debe cambiar y no solo de mañas y actitudes, sino del norte que nos guía y nos gobierna.

Está bien que en el área del turismo el Estado cree las bases jurídicas, vigile los exceso y deje a los privados invertir según los planes.

Y estaría mejor que los privados en vez de hablar tantas tonterías en los medios, entendieran que es imposible que el turismo florezca en un país donde algunas maletas llegan abiertas a la aduana, donde algunos taxistas sangran a los turistas cuando no se asocian con asaltantes con quienes dividen la cochina después de simular atracos, para no hablar de falta de servicios que siempre se pueden explicar por las sanciones.

A estos rusos habrá que cuidarlos sin tener que llegar a la adulancia del ciudadano Protector, que fue filmado haciéndoles reverencias como si fuese un bajah tercermundista. Pero tendremos que cambiar y empezar “desde abajito”.

Turismo por ahora en Margarita, quizás en la Colonia Tovar o Caripe El Guácharo, en Mérida, Choroní y paremos de contar. Menos mal que con las sanciones yanquis y del interino, el gobierno está seco y no puede dilapidar divisas.

¡Qué inviertan los privados y que los poderes nacionales, locales y regionales ayuden a que algún día seamos una potencia turística!

P. S. escribiendo estas líneas me entero de la muerte del general Jacinto Pérez Arcay, un hombre íntegro con el cual conversé en varias oportunidades, la última cuando me invitó a su oficina de Miraflores. No se pudo dar; me iba a regalar unos libros. Será en el más allá que volveré a conversar con el general… QEPD su alma.

Domingo Alberto Rangel