Punto de quiebre | La muerte andaba ebria y de lo más esmachetada

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“El Ford Fiesta embistió al grupo de playeros.”

Perdieron la vida tres personas y otras cinco resultaron severamente lesionadas

¿Y esa gente es de aquí de La Guaira o de Caracas? preguntó Bonifacio, un negro fornido de La Sabana, que estaba en Naiguatá pasándose unos días en casa de uno de sus hermanos. Se refería a un grupo de unas veinte personas, entre las que se encontraban varios menores de edad, quienes habían llegado desde la mañana y ya se habían jalado tres de anís Bandera y una de ron, de ese que llaman Ventarrón, que dicen que tranquilamente se puede usar como combustible para los carros.

Me imagino que andan en bus y que ninguno tiene que manejar, porque desde que llegaron no han hecho otra cosa que tomar aguardiente y no veo a ninguno en condiciones de manejar. Lo malo es que andan con unos niños. Hasta la embarazada le mete duro a la cañandonga, prosiguió Bonifacio González, quien no se despegaba de una sillita playera que su hermano le había colocado en un lugar estratégico de la playa, desde donde se veía no sólo a los que se estaban bañando o revolcándose en la arena bajo el sol, sino también a todos los que pasaban caminando.

Estrés y desahogo

El estrés y la depresión hacían estragos en la familia Martínez, residenciada en el barrio El Limón, anclado a un costado de la autopista que une a Caracas con el litoral central.

La pandemia había obligado al grupo familiar a permanecer juntos dentro de la casa y a respetar las normas de seguridad, sobre todo después que una pariente muy cercana falleciera de covid 19 en junio del año pasado. El encierro, la rutina, la estrechez de la casa y la falta de internet se mezclaron con la crisis económica que atravesaban y convirtieron a cada uno de los integrantes de la familia Martínez en verdaderas bombas de tiempo a punto de estallar. De vez en cuando alguno arrojaba contra el piso algún vaso o plato de vidrio o, simplemente pegaba cuatro gritos acompañados de media docena de groserías. Todos se habían vuelto huraños y malasangrosos.

—Deberían organizar subidas para el cerro El Ávila o hacer excursiones para la playa. Si se organizan bien no tienen por qué gastar tanto dinero. Se llevan unos sanduches, una ensalada fría y una garrafa de papelón con limón y pasan todo el día por allá y se olvidan de los problemas, del encierro y de tanto peo –les recomendó la tía Felipa– quien era muy amiga de la casa.
Y los Martínez no sólo le tomaron la palabra, sino que invitaron a varios amigos del barrio.

Organizando el regreso

Ya comenzaba a llegar la noche y todavía les quedaba una botella de anís casi completa. Sin embargo decidieron recoger todo antes que se le fueran a perder las cosas. Todos los niños y adolescentes estaban enrollados en paños y temblaban del frío, pero no se quejaban, pues habían pasado un día de lo más fenomenal. Las mujeres bailaban hasta solas y en general se reían de todo y de nada también.

Varios de los integrantes del grupo que andaban en sus autos particulares decidieron recogerse temprano, mientras que el resto optó por quedarse y esperar a una gente de otro grupo que andaban con un señor que tenía un Encava y venía hacia Caracas y les había dicho que no tenía problemas en darles la cola hasta la entrada del barrio El Limón.

La hora fatal

Aquello dentro del microbús parecía una fiesta loca. Todos hablaban al mismo tiempo y a varias de las mujeres les dio por cantar, pero el chofer, que también estaba entonado, decidió poner sus vallenatos, mientras los más chiquitos comenzaron a lloriquear.

No habían rodado ni siquiera cinco minutos cuando tuvieron que detenerse porque el microbús presentaba una falla, pero el chofer había ordenado que nadie se bajase de la unidad y en un santiamén arrancó de nuevo. Empezando la autopista el microbús falló una vez más y en esta oportunidad sí fue imposible contener a la gente dentro de la camioneta, pues varios se venían reventando de las ganas de orinar y aprovecharon para adentrarse en el monte.

Prosiguieron su camino, pero cuando iban por el segundo túnel el microbús falló de nuevo y ahora la cosa sí amenazaba con ir para largo.

El chofer llamó a un amigo de Caracas para que fuera a buscar a los pasajeros, pero los que vivían en el barrio El Limón no quisieron esperar y tomando en cuenta que no les faltaba tanto, decidieron despedirse y continuar su camino a pie por el hombrillo.

Ya llevaban unos diez minutos caminando cuando se les apareció la muerte. Les llegó de imprevisto, esmachetada, haciendo piruetas y de lo más ebria. El Ford Fiesta embistió al grupo de playeros. A algunos les dio de refilón y aún sobreviven, pero tres de ellos no corrieron con suerte y les impactó de lleno, perdiendo la vida en el acto. Los cinco lesionados fueron llevados al hospital, donde sus parientes se enteraron que el chofer del carro es un agente del Cicpc, que ya fue detenido.

WILMER POLEO ZERPA | CIUDAD CCS