MICROMENTARIOS | El origen de las cometas

Armando José Sequera

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Han transcurrido más de dos mil años desde que la primera cometa cabalgó sobre una corriente de aire.

Su invención ha sido atribuida a numerosos individuos de diferentes culturas, cuyo ingenio los llevó a elevar una armazón ligera de caña, recubierta de tela o papel, aprovechando, como las velas de los barcos, el impulso arrebatador del viento.

Sin embargo, por documentos antiquísimos que se conservan en el Archivo de Beijing, se ha establecido que el inventor de las cometas fue un general chino del siglo II antes de Cristo, llamado Han-Sin.

Se cuenta que, en cierta ocasión, el ejército de Han Sin estaba sitiado y el general requería de un medio para comunicarse con las fuerzas que iban en su auxilio.

El asedio al que se hallaba sometido era tan opresivo que Han-Sin comentó con ironía que la única posibilidad de salida que tenían era por el aire. En ese momento, vislumbró a lo lejos a una embarcación de vela que se dejaba llevar por el viento a través del mar y tuvo una idea.

A Han-Sin se le ocurrió no solo que podía fabricar una especie de vela que, controlada desde tierra por un cordel, burlase impunemente el cerco enemigo, sino además un código según el cual las distintas formas de las velas y sus colores tuviesen un especial significado.

Sobre la superficie de la primera cometa y antes de elevarla, Han-Sin hizo copiar las claves de su código. Luego, cuando la vio rebasar las líneas enemigas, soltó el largo hilo y la dejó caer entre sus aliados.

Hasta cuando estos rompieron el bloqueo, las multicolores cometas de Han-Sin –que, para los sitiadores, no eran más que objetos danzando a merced de la brisa–, se mantuvieron en el aire transmitiendo mensajes.

El uso militar de las cometas obviamente no concluyó allí y el código de Han-Sin pervivió muchos años, tal vez hasta que fue sustituido por el uso de palomas mensajeras. En el siglo XVII, en Japón, cuando luchaba por derrocar a los Tokugawa, Ui-Shosetsu construyó una cometa de gran tamaño y, atado a ella, pudo inspeccionar –fuera del alcance de lanzas y flechas–, el interior de la sede del gobierno, el castillo de Yedo.

En los últimos siglos, las cometas dejaron atrás su pasado militar y llegaron a manos de los niños y los adolescentes, hasta que la televisión los separó de ellos. Ya no son un medio de comunicación estratégico, aunque en mi infancia algunos las utilizaban como armas, colocando hojillas de afeitar en la cola para cortar los hilos de las cometas y papagayos que se alzaban en su vecindad.

Hoy es raro ver a uno o varios niños jugando con estos amigos multicolores. Si acaso, en algún parque urbano o en la calle semisolitaria de un pueblo. Esto ha hecho que las cometas hayan retornado a los adultos quienes, en diversas partes del mundo organizan festivales, campeonatos y otros torneos, restableciendo de vez en cuando en el firmamento la presencia de estas hermosas aves de papel.

Armando José Sequera