HORIZONTE DE SUCESOS | El black metal llegó al llano (XI)

Heathcliff Cedeño

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Y obviamente estaban esperando que les picáramos la torta, o al menos que le hiciéramos un pasillo. La verdad era que todos les tenían arrechera por echones. Pero como era de esperarse, salieron dos pajúos a sacrificarse por el resto y fueron al encuentro. Ya era bien entrada la noche y lo que se escuchaba era pura “cañandonga espantosa”, como le decía un carajo que después de mucho tiempo descubrimos que se llamaba Arnaldo y no Jhony.

Creo que en ese momento sonaba el Once Upon the Cross, de Deicide, una banda de Florida que escandalizó aún más a una tía religiosa cuando un día le dije que significaba algo así como “los que le dieron la muerte a Dios”. Lo cierto es que esa palamentazón no dejaba escuchar lo que hablaban los recién llegados. Pero seguro le estaban cayendo a mojón a los babiecos que salieron a preguntar cómo estuvo el concierto. Y seguro entre los dos estaban exagerando o apropiándose de vivencias de otros. Que conocieron a los de la banda y los invitaron a beber y cosas así.

Después de dejarlos hablando solos, los chamitos decidieron entrar a la casa. -Llegó la música, dijo Rafa.

Eso era más bien una señal de que no iban a aportar nada para el alcohol. Se sabe que si uno es pobre y metalero en una reunión de ese tipo nunca se come, solo se bebe.

Con una seña, Daniel se pasó un bolso cruzado para el frente y sacó la misma pila de discos originales que había visto en el terminal el lunes cuando llegaron. Rafa vio alrededor y de todos los presentes me señaló.

-Tú te encargas, si se pierde uno te vamos a entrar a coñazos, dijo. Me sentí privilegiado, pero me di cuenta de que estaba rodeado de un montón de ladrones que no perdían tiempo para tumbarse un casette o CD si uno se descuidaba.

-Estos me cagaron la noche, me dije mentalmente mientras Daniel me pasaba los discos. Lo que siguió inmediatamente fue que me rodearon un poco de zamuros queriendo ver el nuevo material.

-Ningún pa’ ve, dije.

Heathcliff Cedeño