BAJO LA LUPA | Las otras pandemias

Eduardo Rothe

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Hablando de enfermedades, la figura estrella de la muerte es el covid-19 con sus casi 5 millones de víctimas mortales, la mitad de ellas en EEUU, India y Brasil. Pero hay otros males, menos famosos porque afectan sobre todo al llamado 3er Mundo, que llevan siglos matando, y seguirán matando sin piedad. Esas enfermedades endémicas afecta a más de mil millones de personas y causan entre medio millón y un millón de muertes por año, todos los años.

El primero de esos asesinos de bajo perfil es la malaria o paludismo (de ′mal aire’ porque los romanos creían que era causada por el aire de algunas zonas y del latín ′palude’ pantano) transmitido por los mosquitos que solo en 2019 infectaron a 229 millones de personas de las cuales murieron 409.000, el 67% de las cuales eran menores de 5 años. Desde el año 2000 a la fecha se registraron 1.500 millones de casos y casi 8 millones de muertes. La malaria llegó a América en los barcos llenos de africanos secuestrados, el “oro negro” que acumuló fortunas en la muy cristiana Europa, hasta que los burgueses descubrieron que un obrero asalariado era más rentable que un trabajador esclavizado. En nuestro continente, según la Organización Panamericana de la Salud de la ONU, los países más afectados son Venezuela, Brasil y Guyana.

Otro asesino importante es la tuberculosis que, en lo que va de siglo, ha contagiado a 10 millones de personas y ha matado a millón y medio.

Y no podían faltar las serpientes venenosas, responsables de 4.500.000 mordeduras al año, unas 140.000 muertes y 400.000 personas discapacitadas por miembros amputados, deformaciones, necrosis o ceguera. En los países industrializados como EEUU y Canadá se dan unas 6.000 mordeduras anuales pero por el acceso rápido a la atención médica y la existencia de antídotos solo se produce alrededor de una docena de muertes; y lo mismo ocurre en Australia a pesar de contar con algunas de las víboras más venenosas del mundo.

El problema de los antídotos, además de su precio, está en la conservación en las zonas rurales que no pueden asegurar su refrigeración, lo que revela la verdad de la frase: “las serpientes muerden a los que andan descalzos”: los pobres que a veces no pueden costearse ni un par de botas de goma, el método preventivo más barato y efectivo. Todo esto perpetúa el viejo miedo que se remonta a la historia de la serpiente del Paraíso Terrenal que tentó a Eva, y que hace de esos animales objeto de culto supersticioso en países como la India, donde ocurre la mitad de las mordeduras de todo el planeta. Todo esto sin olvidar que las serpientes son notables predadoras de roedores: una gran ayuda para la agricultura y la conservación de alimentos…

El mundo en que vivimos, dividido en ricos y súper ricos, pobres y súper pobres, está enfermo del mal que contiene todos los males, el capitalismo crepuscular que gira al vacío en su prioridad absoluta de producir dinero (o deudas) a como dé lugar, con millones de personas víctimas de enfermedades curables.

Hoy nos afecta terriblemente el covid-19, que nos arrebata personas cercanas, queridas y valiosas; pero no debemos olvidar esos otros males en que el mundo venía tropezando para terminar de caer en la pandemia. Ni olvidar que las vacunas, con lo efectivas que son, no son sino paños calientes por aquello de que “a grandes males grandes remedios”, y el gran remedio de la época es la revolución necesaria, que parece imposible hasta volverse inevitable, como ahora.

Eduardo Rothe