EstoyAlmado | El cepo de la incredulidad económica

Manuel Palma

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Fedecámaras sostiene que la caída del sector privado en Venezuela se detuvo. No es para lanzar cohetes, pero según el organismo es un signo positivo después de muchos años en picada. Una declaración de ese calibre por parte de la patronal de empresarios del país, en medio de una economía bloqueada, calumniada y altamente especulativa, debió ser un bombazo mediático o convertirse en una tendencia viral. Pero no, apenas pasó por debajo de la mesa.

Y no fue casual. Aunque algunos medios y cuentas en redes sí se enteraron, no hicieron bulla. Omitieron esa declaración deliberadamente. No vaya a ser que afuera, y aquí adentro, se crea que hay un leve síntoma de posible “recuperación”. La declaración de Fedecámaras se sale de la narrativa de caos e incertidumbre que lograron instalar en buena parte de la población. Es más fácil meter el dedo en la llaga exacerbando a diario el drama de las mayorías que padecen los efectos nocivos de la hiperinflación y la precarización salarial.

Es mejor que usted subestime cualquier señal favorable de la economía pensando lo absurdo de hacer cola bajo la lluvia para comprar una chicha, que vale más que el salario mínimo legal. Es más conveniente que prevalezca la incredulidad en el país, el pesimismo y la desesperanza porque lo contrario, aunque beneficie a la población, favorece al Gobierno. Por tanto, no se puede mostrar. Está vetado por la sacrosanta libertad de expresión.

Hace meses hubo otra señal positiva omitida. El Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB concluyó que al cierre de este año la actividad económica podría mostrar una tasa de recuperación cercana al 2%. Para 2022 proyectan 5%. No lo dice el BCV, o la comisión de finanzas del Parlamento. Lo divulga una casa de estudios abiertamente contraria a la Revolución.

Si usted no se enteró de eso es para que no sintiera un atisbo de optimismo. No hay lugar para la esperanza real. En materia económica la narrativa mediática antichavista -y antivenezolana en algunos casos- está centrada en que nos sintamos peor que el día anterior. Ese discurso en época electoral es un abono ideal para caldear ánimos y tratar de sumar votos.

Si le cuento que la Cámara de Centros Comerciales se frota las manos para los venideros noviembre y diciembre puede parecer un sinsentido en pandemia. Sin embargo, no es así. Los centros comerciales esperan un alto consumo, dicen. Incluso, desde ya se declaran listos para abrir. Solo esperan la aprobación definitiva del Gobierno de flexibilizar completamente esos meses. Leer una noticia como esa no es creíble en un país que a diario comparan con Somalia. En el imaginario de desastre y caos generalizado, es común que piense que sea una fake news. Es normal que empiece a guglear y a buscar esa información en las redes.

Hay otra noticia mucho más perturbadora y que lo puede dejar boquiabierto. Conindustria (insospechadamente antichavista) realizó un estudio de coyuntura del parque industrial del país. Exactamente en la lámina 18 de sus resultados indica que el promedio salarial en las industrias oscila entre 90 y más de 400 dólares mensuales. Advierten que estas remuneraciones irán en aumento. También en la lámina 21 indican que 52% de las empresas esperan aumentar su producción en unidades. El estudio se llama Encuesta de Coyuntura Industrial II-2021. Son las cifras del parque industrial, severamente golpeado por la crisis y el bloqueo, que no responden a la prédica repetitiva de que el país está paralizado, y por tanto, no hay signos viables de recuperarse.

Ver la omisión de esas señales económicas en medios antichavistas es lo natural. Es coherente con lo que hacen y lo que buscan. Lo lamentable es que los medios públicos aún no hayan podido reflejar esos signos económicos proporcionados por los propios grupos fácticos del capital. Tal vez estemos esperando que un funcionario lo declare. O quizás en nuestro discurso mediático sea prudentemente más fácil mostrar solo los efectos criminales del bloqueo contra nuestra economía.

De ese modo, todos al unísono vamos afrontando nuevos signos económicos, quedándonos sin claves, tragándonos por momentos la narrativa de catástrofe del país. Viviendo a diario bajo el cepo de la incredulidad económica.

Manuel Palma