PARABIÉN | Tantos mundos (tantos nudos) Segunda entrega

Rubén Wisotzki

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1.

Cuando por estas altitudes, no celestiales pero algunas veces de celestes grisáceos, comentamos que en nuestras lejanas tierras habitan, además del castellano, decenas de lenguas gracias a las diferentes comunidades de habitantes originarios, nos suelen preguntar de qué mundo procedemos.

Cuando expresamos una opinión contraria a la mayoría de los presentes, lo más probable es que, además de la crítica feroz, la sorna despiadada, o la burla desconsiderada, se nos pregunte de qué planeta (mundo) procedemos.

Cuando apreciamos un hecho, algo, puede ser desde un gesto hasta una política pública para nada púdica, lo que sea que nos descorazone, nos enferme, o nos derrote, nos preguntamos qué mundo es este que no reconocemos como propio y del que creemos, en un triste optimismo, estar fuera.

¿Y todavía seguiremos pensando que solamente hay un mundo? ¿Insistiremos en que hay un mundo (el nuestro), u otro mundo (el del otro)? Y, en consecuencia, ¿no podemos pensar en otro mundo, en otro mundo posible, realizable (o no)? ¿No podemos soñar (utopía) en otro mundo? ¿Es éste y ya? ¿En serio?

2.

(Paréntesis)
(No aceptas el mundo tal como es, tal como está, reniegas de él, te sales de él, te excluyes, te ves fuera de él, pero no te preguntas si el mundo te acepta a ti. (esta reflexión, que hacemos nuestra, palabras más, palabras menos, procede de leer a Goodman, a Levinas, o a Blumenberg. Disculpen la falta de precisión para efectos de la adecuada cita, pero sabemos que la idea supera, algo que no es muy difícil, nuestros errores de redacción).

3.

De la primera entrega de estos “tantos mundos (tantos mudos)”, el sábado pasado, quisimos asentar, aunque sea mínimamente, un par de posturas merecedoras de reflexión, sean éstas compartidas o no por usted, querido lector que no existe. Algunos las llamarían premisas. Nos basta, si le parece, que las tratemos como ideas merecedoras de una mínima atención.

Una de ellas es que no hay un mundo, sino que hay muchos, muchísimos, tantos como seres terrestres existen sobre, por encima, o por debajo, de su superficie. Vaya problema. Mejor cerramos los ojos, ¿no?

La otra es que todas las personas, -quieran o no, les guste o no-, por el simple hecho de ser y ejercerlo sobre la tierra (los que la pisan con sus pies), de manera volátil (los que la sueñan o imaginan), o subterránea (los excluidos o autoexcluidos), contribuyen, si se podría decir así, a la construcción del mundo que nos alegra o nos entristece.


“Inmundo: sucio y asqueroso, impuro.
In-mundo: in (adentro, o al interior) – mundo (conjunto de todo lo existente).

4.

Vaya esta empresa nuestra de seguir, sin que signifique perseguir, que es otra cosa ya que, para nosotros, conceptualmente hablando, “seguir” es un “ir hacia” (sea lugar, persona, cosa), en cambio “perseguir” es un “ir por” (sea razón, excusa, obsesión); como diría Aristóteles en su ‘Poética’: aquí cada cosa hace lo que es.

Pero, ¿qué es “seguir”? En este caso, y llevados por un impulso del que tal vez no conoceremos ni un esbozo de su corpus en esta vida, “seguir” llamamos a reconocernos en una serie de descolocaciones, de unas supuestas aseveraciones, en lo pretendidamente ya colocado por otros.

5.

Un espíritu así, o unos espíritus así, se entenderá, perciben cierto cosquilleo cuando un autor como el relativista Nelson Goodman se acerca a los ojos. Goodman, que es como se dice “todo un entendido en materia del arte y su conocimiento”, es un filósofo relativista, es decir, que le apasiona relativizar. Apoyado en un principio, que puede ser de cualquiera de nosotros, estimado lector que no existe de este texto, -“Estaríamos perdidos si no tuviésemos la capacidad de dominar y modificar los hábitos que debamos perder”- Goodman propone que siempre busquemos otra mirada para nuestra mirada.

En Maneras de hacer mundos ya afirmaba que “las formas y las leyes de nuestros mundos no se encuentran ahí, ante nosotros, listas para ser descubiertas, sino que vienen impuestas por las versiones-del-mundo que nosotros inventamos”.

Y también:
-“Una versión verdadera es verdadera en algunos mundos, una versión falsa en ninguno”.

-“En cualquier mundo sólo hay una tierra; y los diversos mundos no se distribuyen en cualquier espacio-tiempo”.

-“Si hay un mundo, entonces hay muchos, y si hay muchos es que no hay ninguno”.

6.

Muchos mundos temblaron hasta hace pocas horas al momento de escribir este texto de muchas pretensiones, pero se sabe anticipadamente, de poco alcance. Hasta esta montaña llegó la parcial desconexión planetaria de los que se creían conectados, es decir, todos, absolutamente todos. No creemos, por lo tanto, que esos muchos mundos supieran que ya sus vidas temblaban antes del fenómeno, como la de uno.

La desconexión entre nuestros pares no es ni un hecho tecnológico, y mucho menos un hecho aislado. No es un simple accidente, no es un simple error. Y temblamos. Este mundo, que viene de las cabezas de muchos mundos, no es el nuestro. Deberíamos pensar cómo le hacemos un lugar a otros mundos, con sus nudos, mundos que también orbitan hoy alrededor del sol.

Hace pocos días, un filósofo que no forma parte de nuestras atenciones, recordó oportunamente lo que respondió Jorge Luis Borges a la pregunta de su opinión en torno a los atrayentes viajes al espacio. Muy a su aire, respondió que no había que olvidar que cada vez que traspasamos la puerta de nuestras casas salimos al espacio. Impecable.
Siempre estamos de viaje, siempre vamos de mundo en mundo. Para bien.

Rubén Wisotzki