Tres en 1 | Yldefonso Finol: No hay nada más odiado por el imperialismo que el bolivarianismo

Revele su rollo Roberto Malaver

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Historiador, investigador, cronista de Maracaibo, compositor y cantante.

¿El conflicto entre Venezuela y Colombia es el conflicto entre santanderistas y bolivarianos?

No. La fórmula es mucho más compleja.

Conceptualmente la contraparte de la Doctrina Bolivariana es la Doctrina Monroe, y el santanderismo es apenas un apéndice (necrótico) de esta última. El conflicto del Proyecto Bolivariano es con el imperialismo. No hay nada más odiado y temido por los imperialismos que el bolivarianismo. Simbólicamente consideran al “comunismo” derrotado con la caída de la URSS (graficada con el desmoronamiento del Muro de Berlín y la “órbita” socialista); al socialismo lo tienen enjaulado en una “internacional socialista” donde caben hasta partidos fascistas como Voluntad Popular. Y ya sufrimos náuseas con el “socialismo” de Felipe González y CAP.

El bolivarianismo, en cambio, siendo un pensamiento nacional venezolano, tiene la potencia ideológica de sostener todas las luchas de los pueblos contra las diversas formas de imperialismo, colonialismo, neocolonialismo y recolonización. Y esto es solo uno de los tres componentes de la Doctrina Bolivariana.

Si agregamos los otros dos: la igualdad (establecida y practicada) y el buen gobierno, que tiene por esencia la ética y por objetivo construir la sociedad del rango buen vivir-bien común, y a nivel internacional el equilibrio del universo (concierto de naciones por la paz y la cooperación), entonces el santanderismo es una garrapata amaestrada por una bestia superior.

Por algo se ha confabulado la transnacional mediática antibolivariana en un cartel que domina los titulares de la prensa, TV, radio, redes (anti)sociales, y la glamorosa industria del “entretenimiento” para seguir calumniando al Libertador, como en su momento lo hicieron Rafael Diego de Mérida, Riva Agüero, Ducoudray-Holstein, santanderistas como Francisco González y Lorenzo María Lleras, y, sobre todo, los agentes gringos Tudor, Poinsett, Irvine, Harrison, Clay, entre otros.

Colombia no un es un Estado-nación soberano; como territorio es un vecino problemático, con una clase política y unas instituciones nada fiables, dominadas por economías ilícitas, e intereses económicos y geopolíticos externos. Las oligarquías colombianas han hecho su trabajo ideológico muy bien. Exaltan el patrioterismo frente a los países latinoamericanos, especialmente contra Venezuela, mientras se desviven por ser sumisos ante Estados Unidos y Europa. Son capaces de manipular una mayoría para que se oponga a la paz (caso único en el mundo), o convertir en “influencer” al sicario (alias) Popeye, que se jactaba de haber asesinado a más de mil personas.

Eso es el santanderismo, un bagazo servil que representa a lo interno terrorismo de Estado para sostenimiento del régimen oligárquico, y a lo externo absoluta sujeción a los intereses de Estados Unidos, “porque Colombia gana mucho acercándose a un socio tan poderoso” (Santander).

Veamos unos breves apuntes que ilustran esta tesis:

  • La famosa “doctrina Monroe” fue emitida en diciembre de 1823; ya en marzo de 1824 Santander la celebraba como “un consuelo para la humanidad”. En EEUU se gestó desde entonces el aparato de propaganda y espionaje que llevó a la frustración del Proyecto Bolivariano en el siglo XIX. (Tema para tratar con más amplitud)
  • Desde entonces lo que quedó de la original Colombia fue un peón sumiso a los intereses gringos: ni chistaron al perder Panamá, apoyaron (hasta enviando tropas) todas las guerras imperialistas en Corea, Vietnam, contra nicaragüense, Afganistán, “Operación Cóndor”, Malvinas, etc…
  • Se sigue cometiendo el error (a mi modo de ver) de hablar solo de narcotráfico colombiano, cuando la realidad es que se trata de un negocio colombo-estadounidense. Sin demanda, sin consumo, sin las ventas no se “realiza la ganancia”, como diría el barbudo de Tréveris. Es harto conocido por informes de UN que el 85% de las finanzas del narcotráfico quedan en el país consumidor. Un kilo de pasta de cocaína pura en una vereda de Tumaco la pagan si acaso en mil dólares. En Las Vegas mezclada vale treinta y cinco mil.

La amplísima agenda de asuntos entre Colombia y Venezuela tenemos que tratarla en plural:

  • Problemas político-diplomáticos
  • Fronterizos
  • Delitos transnacionales
  • Migratorios
  • Pueblos originarios comunes en ambos lados del límite fronterizo
  • Ambientales (cuencas de los ríos que nacen de aquel lado como el Catatumbo)
  • Guerrerismo y mercenarización de la región

Ya en el pasado reciente fuimos víctimas del robo de vehículos y materiales estratégicos, destrucción del signo monetario, extracción de alimentos y medicamentos en forma masiva, y las medidas de nuestra parte se tomaron tardíamente o simplemente no se tomaron.

La agresión escaló a intentos de agresión con paramilitares, bases militares extranjeras, mercenarios, invasiones, todo lo cual se ha logrado sortear, pero no se debe bajar la guardia en ningún instante.

¿Cómo llegaron a Venezuela el narcotráfico, los paramilitares y los sicarios?

El narcotráfico colombo-estadounidense siempre ha buscado permear nuestro territorio. Aunque el 75% de la droga sale por el Pacífico colombiano, desde la época de la marihuana, a comienzos de los setenta, se intentó usar la Guajira venezolana como parte de la ruta hacia el mercado gringo.

Con la cocaína la cosa se fue a mayores. Los volúmenes de dinero en juego crecieron exponencialmente. Las organizaciones se hicieron más sofisticadas y el financiamiento requirió de alianzas con la banca comercial, especialmente en los llamados “paraísos fiscales”, y el “lavado” de millonadas en dólares, al punto que países de la región se volvieron burbujas del narco, mientras que México y Centroamérica las bisagras de un negocio sin límites morales: drogas hacia allá, armas hacia acá, liquidez para todo lo que se deje contagiar.

El paramilitarismo es una política de terrorismo de Estado con fines contrainsurgentes. Aquí debemos apuntar y subrayar el rol jugado por Israel. Los sionistas fueron los creadores del paramilitarismo colombiano, desde el genocidio contra la Unión Patriótica diseñado por el israelí Rafi Eitan, hasta la gestación y entrenamiento de las AUC por parte de cuatro coroneles israelitas: Yair Klein, Tzadaka Abraham, Teddy Melnik y Amatzia Shuali.

La vieja advertencia de que Colombia podía convertirse en un Israel en Suramérica hace rato es una realidad taimada: Colombia es la Israel de Latinoamérica.

Ese paramilitarismo se introdujo en Venezuela desde la llegada de Chávez al Gobierno. Siempre supieron que el Comandante no sería un títere de los intereses imperialistas. Intentarían derrocarlo con golpes clásicos como hicieron, o con insurrecciones elitistas como lo hicieron, o asesinándolo, como lo hicieron.

Sicarios, torturadores y soplones siempre surgen en todos lados, aquí los entrenaron Posada Carriles y Orlando Bosch; el problema es que en Colombia el sicariato se convirtió en un modo de vida societariamente aceptable; pudiéramos decir que desde los tiempos que mataron a Sucre, pero más hacia lo contemporáneo, desde que el Cartel de Medellín y la oligarquía santanderista decidieron convertir a Colombia en el país de la muerte.

Santander siempre tuvo dos tipos de pillos a su servicio: unos que escribían pasquines calumniosos, y otros que aporreaban o mataban a sus competidores. Así lo hizo con Nariño y con Infante.

¿Por qué buscamos tantos enemigos en el pasado si los tenemos aquí, en el presente?

Toda lección viene de la historia. Los pueblos que pierden conexión con su ancestralidad son presa fácil de intereses foráneos y nuevos colonialismos.

Quienes nos conminan a olvidar el pasado, a no seguir mirando nuestra raíz originaria, son los mismos que a diario nos invitan a rumiar los mitos (alienantes) y leyendas de los imperios, los mismos que en éxtasis de sumisión besan las ensangrentadas manos de la realeza y añoran presenciar el desfile militar por el “Día de la Hispanidad”.

Al primer gobernador de ese imperio lo dieron de baja los indígenas barí de la Sierra de Perijá el 31 de mayo de 1533, y al último lo derrotamos en las aguas del lago Maracaibo como regalo de cumpleaños para el Libertador en 1823.

El asunto es que el bolivarianismo está tan vigente que se ha formado una transnacional de grupos capitalistas, monopolios mediáticos, “tanques pensantes”, cagatintas tarifados, y toda clase de bichos neoliberales, pro monárquicos y pro colonialistas, para arremeter contra Bolívar.

Si según esos mismos señores los bolivarianos estamos desfasados, condenados al fracaso, ¿para qué gastan tanta plata y energías en atacarnos?

¿Quiénes miramos al pasado, los que basados en las experiencias de lucha de los pueblos queremos conquistar espacios de justicia social y construir un mejor futuro, o quienes negándonos a priori la capacidad de tener éxito, nos pretenden retrotraer a aquel pasado de dependencia y subordinación?

“El velo se ha rasgado, hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas: se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos”, nos legó Bolívar en septiembre de 1815.

Su protesta se manifiesta también a través de la décima y el canto, ¿es mejor decir las cosas cantando?

Creando y construyendo; luchar con todas las armas por las mejores causas de la “república humana”, como decía fray Domingo de Mendoza.

Contrario a cierta conseja pragmática sobre que los poetas y cantores no son efectivos en la lucha y la política, basta recordar que fue Bolívar muy cantarín, bailador, con tan buen gusto por el verso como por las arepas y los sancochos; que poetas fueron patriotas como José Antonio Almarza, Martí, Tomás Borge, Neruda, Dalton, el Che, Ho Chi Ming, Mao, Argimiro, y millones de almas revolucionarias que han escrito la excelsa poesía universal.

Lo del canto y la décima es culpa del gen espiritual “arei” que caracteriza al pueblo AÑÚ originario del lago Maracaibo; “arei” es el impulso vital por la creación poética y musical. (También lo tienen como “areito” nuestros hermanos taínos de Cuba, Borinquen, Quisqueya)

Ya la gente no se emociona tanto cuando va a Maracaibo y empieza a pasar el puente, ¿por qué será?

Sí se emociona, pero no se le nota por la desgraciada mascarilla.

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Retrato Hablado

“Un arte que no se basa en el sentimiento no es arte”. Así afirmaba siempre el pintor Paul Cézanne. Esa fue su filosofía. Apoyarse en el sentimiento para hacerse entender. En su pueblo natal, Bourbon, en Francia, se hizo amigo del escritor Émile Zola. Y desde su pueblo viajó a París para estudiar allí y convertirse al poco tiempo en uno de los pintores más influyentes del siglo XX. Estando en París visitó el museo del Louvre y allí la pintura de Caravaggio y la de Velázquez lo dejaron entusiasmado para continuar ejerciendo su obra. Hay que decir también que en 1886, su pintura fue rechazada en el Salón de Otoño, lo que lo mantuvo en silencio por un tiempo. Y en 1904, en ese mismo Salón de Otoño que antes lo había rechazado, se le dedicó una exposición que fue un acontecimiento para el arte. Había nacido el 18 de enero de 1839, en Francia, y murió el 22 de octubre de 1906, dos años después de su máximo reconocimiento como uno de los grandes maestros del arte del siglo XX.

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El viernes de Lira