HORIZONTE DE SUCESOS | El black metal llegó al llano XII

Heathcliff Cedeño

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Luego me aparté del gentío que me rodeaba. La presión de cuidar los discos y la emoción de tenerlos por fin en mis manos me dejó absorto un rato porque debía encontrar un método para cumplir con la tarea. Después de un momento infinito de cavilaciones empecé a ver los CD.

Lo primero que hice fue contarlos varias veces para estar seguro de que ese número debía mantenerse hasta el final de la fiesta. Después de repetir el número 10 varias veces en la mente me dispuse a intercalarlos con la lentitud de quien se detiene en cada detalle hasta que se completó la rueda y el primero que vi volvió a estar encima de la pila.

Finalmente pude detallar cada nombre, algunos ininteligibles, de cada disco. Setherial, Mayhem, Dark Funeral, Ouija, Judas Iscariot, Emperor, Darkthrone, Marduk, Impaled Nazarene y Burzum fueron las bandas de black metal que llegaron al pueblo. Suficiente satanismo para que a mi tía y a mi abuela les diera un beriberi.

Lo bueno que Rafa y Daniel llegaran tarde era que a esa hora ya varios habían perdido la batalla por el alcohol, traducible en menos carajos ladillando para que les mostrara los discos. El método que apliqué para controlar la situación con los que quedaban fue soltar un solo CD con la misma amenaza que me aplicaron a mí y así hubo una cadena de responsabilidades y repartidera de coñazos hasta que llegara de nuevo el disco para soltar otro. Paradójicamente podía ver los rostros alumbrados por esa oscuridad malévola y satánica.

Poco a poco fue pasando el material hasta que finalmente todos los interesados pudieron ver la novedad. Después que varios fueron a rogarle a Rafa que dejara escuchar la música este se acercó a mí y dijo que eligiera uno. Y como no sabía nada del género, escogí el primero que vi.

Cuando empezó a sonar el Vobiscum Satanas de Dark Funeral todos se quedaron pasmados por el sonido de las guitarras rápidas y los riff repetitivos, pero la atención fue mayor cuando todos escuchamos la voz rasgada y chillona. La poca luz, el delirio y el estruendo sonoro le dio un aire más oscuro al ambiente.

Cuando vi a Rafael noté que miraba alrededor y asentía en cámara lenta con satisfacción, más agrandado de lo normal, como tratando de seguir el ritmo de la música. A medida que avanzaba el disco todo se volvió más turbio cuando se armó una olla en la que se fueron incorporando hasta los que ya estaban muertos de la pea.

Supimos que todo se había terminado cuando alguien se cayó sobre una mesa plástica y la partió en dos. También cuando dos se estaban entrando a coñazos e intervino el dueño de la casa y lo mandaron al piso de un empujón. Lo que vino después fue obvio, nos corrieron a todos y sabiendo lo que iba a ocurrir saqué el disco y lo guardé en su caja con cuidado. Cuando busqué a los dueños no los vi y, al preguntar, me dijeron que fueron los primeros en irse.

Afuera lo que quedaba era una ola de lamentos, balances y discusión sobre los posibles culpables del desastre. Como era uno de los pocos que estaba sobrio veía el ambiente un poco ridículo y le dije a los que vivían cerca para irnos. Al llegar a la casa recordé que me había quedado con el botín satánico, pero decidí no sacar los discos del bolso.

Heathcliff Cedeño