EstoyAlmado | Sin gobernar

Manuel Palma

0

Sin gobernar se asignaron sueldos de un millón de dólares, provenientes del desfalco de la estatal Monómeros. También entregaron Citgo con tanta ligereza como quien regala un vaso de agua. Sin ejercer ningún poder legítimo y real vivieron un vida de lujo y derroches, dormían y celebraban en lujosas casonas y penthouses en el exterior, con dinero perteneciente a la República, con el fin de supuestamente liberar a los de a pie; a los que comen menos de tres veces al día y a quienes se rebuscan a diario en la informalidad laboral.

Cuando medio gobernaron algunas alcaldías, no lo hicieron para la gente. Su mayor obra recordada son las guarimbas que dejaron heridos y muertos, incluyendo el abominable incendio de una persona solo por su color de piel y por parecer pensar distinto a ellos. Esa violencia callejera justificada desde los municipios que dirigían, dejó además pequeños negocios saqueados y quemados cuyos dueños nunca recibieron si quisiera una disculpa. Después del desastre, huyeron al norte y se autoexiliaron con dinero desconocido.

Desde afuera promovieron el germen de la abstención. Incluso, en sectores de su electorado lograron una disociación psicótica que tilda de “alacranes” y “colaboracionistas” a otras micro oposiciones que ganaron en buena lid las alcaldías abandonadas por ellos.

Sin gobernar organizaron una invasión al país disfrazada de “ayuda humanitaria” desde Colombia, donde se gastaron a manos llenas el dinero recaudado en todo el mundo. Y a la vista de todos quemaron uno de los camiones con los supuestos insumos para la población. El resto de la mercancía se pudrió en contenedores olvidados en Cúcuta.

No eran gobierno y sin contemplación metieron al país en un espiral de inestabilidad y caos, mediante la creación de un falso poder interino, contando embajadas, oficinas y cargos ficticios que propiciaron en el extranjero la dualidad de autoridades, y con ello el bloqueo de transacciones legítimas para el normal desenvolvimiento de la dinámica económica del país.

Sin gobernar contribuyeron a la parálisis económica nacional, diciéndole a todos afuera que no invirtieran en el país, ni enviaran insumos, productos, materias primas, ni nada que nos ayudara a paliar la crisis aún vigente, porque supuestamente eso “oxigenaba” al Gobierno.

Hacían ese lobby maligno contra el país en su condición imaginaria de “perseguidos políticos”. Hoy, sin embargo, circulan en el país sin pena ni culpa haciendo libremente campaña para alcaldías y gobernaciones, correspondiente al proceso electoral del 21-N. Aún se hacen llamar el G-4. El inicio del diálogo en México los exculpó de las atrocidades perpetradas contra el país. Por tanto, regresaron con más de 60.000 candidatos inscritos bajo la habilitada tarjeta de la manito.

Tienen a la ONU, la Unión Europea y el Centro Carter observando unas elecciones que otras veces han ganado con el mismo CNE de ahorita, incluso con las mismas auditorías y garantías del voto. Sin embargo, nunca dejan de señalar de fraudulento al ente comicial, por si acaso se estrellan por enésima vez con la derrota legítima, que afortunadamente siempre los acompaña.

Ellos, el G-4, ahora al servicio de un pseudo reyezuelo sin corona llamado Guaidó, piden el voto a diestra y siniestra. Con caras lavadas, hablan y prometen en televisión, radio y redes. Dicen que si son alcaldes y gobernadores se arreglará el país, al que tanto jodieron durante los últimos años, desde afuera y desde adentro, sin nada que lamentar.

Se trata del regreso de los victimarios desalmados, ahora pidiéndoles a las víctimas de sus actos que los elijan para arreglar el daño, causado y atizado en parte por ellos mismos. Se agradece que hayan vuelto al carril electoral, pero creo que deberían quedarse como regresaron: sin gobernar.

Manuel Palma | @mpalmac