HORIZONTE DE SUCESOS | El black metal llegó al llano

Heathcliff Cedeño

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El aire de la mañana empezaba a entibiarse. Me di cuenta  que ya había amanecido cuando los rayos del sol se colaban por las rendijas de las láminas de acerolit y ya se escuchaba el movimiento de la cocina, que seguro era mi abuela preparándole el desayuno al viejo Valeriano.

Debía hacer lo posible para que mi abuela no viera esos discos, mucho menos que los escuchara. Quería evitar el disgusto, el exceso de preguntas o algo más drástico. Ya en ese momento se arrechaba porque uno ya no iba a la misa dominguera.

Me quedé pensando que era imposible no asociar el desastre de la noche anterior con el sonido infernal de las bandas de black metal. Todo parecía tranquilo hasta que puse el primer disco y la gente entró en ese trance de querer caerse a coñazo. También pudo ser que se trataba de una emoción repentina por la novedad del sonido. Ahora, mucho tiempo después, era difícil saberlo. Lo cierto es que desde ese día todo cambió entre los roqueros del pueblo.

La imagen más recurrente que tengo es la de Maquinita volviendo del más allá de la pea para reincorporarse a la coñazo. A Carlos siendo bombeado hasta desaparecer en medio de la polvareda y sobre todo, la atmósfera tóxica y maldita que nos arropó a todos.

Estaba seguro  que Rafael y Daniel iban a venir a la casa en cualquier momento del día a rescatar sus discos. En algún instante pensé que se regresaron inmediatamente, pero yo ya me había ido. Para mi sorpresa tardaron varios días en buscarlos, por lo que tuve suficiente tiempo para pavonearme con ellos por la cuadra, atormentando a la mamá de unos vecinos que tenían equipo de sonido.

Siempre recuerdo los ojos pelados de la hermana de Luis cuando vio aquella portada en la que una mujer se está clavando una cruz en Rosa Melano.

Heathcliff Cedeño