Andrés Giussepe: ¡No dudo que hay que subir el salario ya!

Ricardo Romero

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El socialismo como modelo económico, político y social ha sido atacado particularmente por la prensa hegemónica. El relato más difundido: no es viable, no sirve, es anacrónico, fracasó en la Unión Soviética y en otros países a través de la historia contemporánea.

Sin embargo, han sido muchos los ejemplos recientes de gestiones de gobierno, donde una agenda progresista, a través de la cual se ha mejorado considerablemente la calidad de vida de sus ciudadanos, la economía país creció y en paralelo, se disminuyó la pobreza, se alcanzó  una significativa distribución de los recursos acortando la brecha entre los más ricos y los menos favorecidos.

Entre los casos, Bolivia bajo el mandato de Evo Morales: “El producto interno bruto creció 327 por ciento en los últimos 13 años y llegó a 44.885 millones de dólares en 2018”.

Durante el gobierno de Rafael Correa en Ecuador: «Según la CEPAL, Ecuador es una de los países que más ha reducido pobreza por ingresos”.

También se destacan los casos de Brasil durante el mandato de Luiz Inácio Lula da Silva, la Argentina que estuvo bajo la presidencia de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. En el caso de Venezuela, los indicadores socioeconómicos del Comandante Hugo Chávez son sin duda un referente en la reciente historia.

La calidad de vida alcanzada por los venezolanos mientras Chávez gobernó, no logró sostenerse desde que su predecesor, Nicolás Maduro Moros, asumió el poder en 2013. La caída de los precios del petróleo, el asedio por parte del régimen de Washington que va desde sanciones unilaterales, bloqueo económico y despojo de sus activos en el exterior, sumado a la cultura rentista, han hecho mella y afectaron los logros alcanzados por el chavismo.

Analistas sostienen, que además del intervencionismo de la Casa Blanca, algunas acciones de la gestión de gobierno, desde los años de Hugo Chávez, incluso, contribuyeron en cierta medida, a parte de los actuales problemas que padece la nación y que el propio Comandante lo previó en Golpe de timón.

En este debate de ideas, se destaca la administración de la gobernación del estado La Guaira desde que asumió Jorge Luis García Carneiro, elegido en 2008, siendo reelegido en posteriores comicios y permaneció en el cargo hasta su reciente fallecimiento en mayo de 2021.

Gran parte de su gestión ha sido documentada y sistematizada en el libro Principios de la Gestión Pública Socialista de Jorge García Carneiro y Andrés Giuseppe Ávalo. La investigación profundiza en un estudio crítico a la gerencia pública venezolana, generando una teoría sobre las experiencias de administración y dirección en el paradigma socialista bolivariano que sigue en desarrollo en las dos últimas décadas.

Este trabajo le reportó a Andrés Giussepe Ávalo el título de Posdoctor por el Centro de Investigaciones Postdoctorales (CIPOST), de la Universidad Central de Venezuela. Ciudad CCS se acercó al autor para saber más sobre esta obra, que además se presentará en el marco de la Feria Internacional de Libro de Venezuela, FILVEN 2021.

¿Cómo se puede conjugar una economía autosustentable junto a la gestión socialista?

Un Estado socialista por naturaleza debe ser un Estado sustentable y autopoiético a la vez. Sustentable, porque conjuga el desarrollo económico y social con el ambiente, que piensa en el uso y usufructo de nuestras riquezas naturaleza en el presente, pero pensando en dejar un planeta para el disfrute de las próximas generaciones. Y, debe ser autopoiético, porque debe ser capaz de generar sus propios elementos, de manera endógena, para potenciar el crecimiento y desarrollo económico del presente y para el futuro, teniendo como objetivo principal disminuir el mal mayor del modelo capitalista actual que es la desigualdad, garantizar empleos de calidad y bien remunerados, así como el crecimiento inclusivo y la unión de la sociedad a pesar de las diferencias políticas, ideológicas y de religión.

Todas las acciones de los actores económicos deben tener presente el tema del cambio climático, el uso del agua, la agroecología, la transición energética que impulsan los avances tecnológicos, el uso de los desechos sólidos, entre otras formas de aprovechar los recursos naturales de manera eficiente, sean renovables o no renovables.

En el caso venezolano, la Gestión Pública Socialista debe gobernar en función de superar el modelo rentista y hacer que emerja un Estado socialista que a la vez sea productivo, no importador-dependiente. Consolidar un modelo de gobierno que involucre la gente, a las comunidades organizadas, al emprendimiento e innovaciones que emana de su propia gente, no de los extranjeros. Hacerse productivo con la participación de la gente requiere de políticas y estrategias públicas que desarrollen una estructura que garantice esa participación, una rentabilidad y beneficios compartidos con la sociedad, la sustentabilidad, el aporte social, el aporte fiscal e ingresos sostenibles para esa nueva institucionalidad.

 ¿Sí hay un modelo de Gestión Pública Socialista exitosa qué mostrar en Venezuela?

En el libro Principios de la Gestión Pública Socialista se describe un modelo de gestión real, con elementos empíricos, experiencias o hechos concretos palpables e irrefutables sobre lo que es gobernar para el desarrollo regional con la participación de la gente: con los emprendedores, los empresarios y los consejos comunales a la vez.  Se toma como referencia entre otras instituciones públicas a la gestión del exgobernador de La Guaira, G/J Jorge Luís García Carneiro.

Es un modelo de gestión pública que se sustenta, en primer lugar, en la creación de empresas públicas productivas que generan ingresos adicionales al gobierno regional, que ayudan a sostener la construcción y el mantenimiento de una serie de obras públicas no previstas en el presupuesto ordinario de gasto que asigna el gobierno central a través del situado constitucional, que genera empleos directos e indirectos, que ayudan al desarrollo regional en los sectores construcción, turismo, deportivo, pesca, educativo y comercial.

Fue así como se crearon una serie de empresas socialistas productivas que hoy día son rentables en La Guaira y aportan continuamente a un fondo especial para obras del estado. Y en segundo lugar, la promoción y apoyo al emprendimiento productivo alrededor de esas obras públicas, entre ellas, infraestructuras de centros comerciales, terminales de pasajeros, estadios de béisbol, mercados populares, rutas turísticas, reacondicionamientos de playas, bulevares y avenidas principales.

¿Por qué en más de 20 años del proceso revolucionario no hemos podido superar el rentismo petrolero?

A 22 años de la revolución bolivariana en el poder gubernamental realmente podemos decir que aún no se ha logrado desmontar ese Estado burgués que tanto le criticamos a la Cuarta República, así como tampoco se ha desmontado el capitalismo de Estado que ocasionó el rentismo petrolero. Hasta el año 2019, predominó la visión socialista del manejo de la renta petrolera como esencia del actuar revolucionario, bajo la excusa reivindicativa de saldar las deudas sociales pendientes del pasado.

Han pasado los años y, ciertamente, hay logros sociales, hechos concretos con cifras y obras palpables que mostrar, como es el caso de la Gran Misión Vivienda, del recién modelo de recuperación de vías, plazas, colegios, canchas y otras infraestructuras a nivel nacional en el marco de la Misión Venezuela Bella, que permiten observar una inversión pública y generación de empleos directos e indirectos que han ayudado a mover la economía en tiempos de crisis, bloqueos y medidas coercitivas unilaterales por parte del imperialismo estadounidense y sus aliados. No obstante, la estructura económica aún sigue siendo la misma desde hace 100 años atrás, porque las relaciones de producción no han sufrido cambios notables en el país.

La revolución y el pregón de independencia política y económica en los últimos años no han propiciado el cambio estructural de la economía venezolana. Sigue el poder de los mercados de bienes y servicios, de valores, cambiario, de crédito, monetario, incluso el laboral, dominado por los dueños del capital, sea el Estado o los grandes “cacaos” de nuestros tiempos, tanto los tradicionales como los emergentes.

Si bien es cierto, la industria petrolera venezolana está de capa caída en la actualidad, porque ya no aporta lo suficiente como para apalancar el desarrollo industrial no petrolero como era antes, así como tampoco para financiar la economía importadora actual, vemos que gran parte de las importaciones las financia el capital privado, algo inédito en nuestro país. La era del petrodólar para importaciones ha estado limitada por el bloqueo y persecución financiera internacional. Eso ha obligado al empresariado a buscar distintas formas de financiamiento de inversiones propias del capitalismo a nivel nacional e internacional, es decir, una economía que se rige esencialmente por las llamadas leyes del mercado y por el capital privado.

Asimismo, producto del bloqueo económico, tanto el sector gubernamental como el privado, por sobrevivencia, se han visto en la obligación de coordinar esfuerzos para garantizar los medios y recursos para dinamizar la economía y sacarla de la crisis larga de casi ocho años continuos.

Esa coordinación ha contribuido al uso eficiente del gasto público, del ingreso de las divisas no petroleras (Sistema de Mesa de Cambio), beneficios arancelarios, del uso de los recursos y divisas propias del empresariado,  liberación de precios, salarios bajos que garantizan mano de obra barata, entre otros. Son acciones concretas que se han hecho sin los ingresos petroleros forzados por las circunstancias, que no quiere decir que hemos superado el rentismo, porque aún se sigue trabajando para reactivar la industria petrolera y aumentar sus ingresos fiscales.

¿Cómo lograr superar las dificultades económicas actuales sin los ingresos petroleros?

En primer lugar es fundamental una aptitud optimista ante los problemas actuales. Los venezolanos tenemos que creer que somos capaces de superar el rentismo petrolero. La resolución de los problemas pueden venir desde arriba (desde los líderes del gobierno o de la oposición) o que la sociedad desde su diversidad se siente a debatir sus propias soluciones.

Es reunirnos a dialogar sobre los problemas comunes que afectan a nuestra sociedad, sobre lo que se ha heredado del pasado, de los que se han generado en el presente, de lo que podía ocurrir en el futuro si todo sigue igual al presente, y finalmente, la visión futura de lo que quiere para solucionar esos problemas, los puntos de apoyo que tenemos, y los que se requieren para alcanzar esa visión.

Es el verdadero desafío, sobre todo cuando los actores tienen diferentes perspectivas e intereses. Es la ruptura del escepticismo y el despertar de la conciencia social por la “nueva sociedad” con nuevos rasgos de socialización y de conducta de los actores sociales.

Además de los valores éticos expresados en tu libro, ¿Qué tipo de formación se hace necesaria para afianzarlos?

La formación de la “conciencia productiva” de los venezolanos desde la escuela hasta las universidades es la única forma de superar esa cultura asistencialista, de ver al Estado como un papá, que todo debe darlo porque administra el patrimonio común de todos los venezolanos que es la renta petrolera. Al mismo tiempo, la clase política debe dejar ser populista, demagogo, oportunista, que en tiempos electorales se aprovecha de las circunstancias críticas de la población electoral para ofrecer villas y castillas cuando esté en el poder. Lo ideal sería tener líderes políticos que inviten a construir, al emprendimiento, a generar las condiciones para una nueva gestión pública más participativa, como lo decía Hugo Chávez: empoderar al pueblo.

En ésta época, donde el petróleo ya no aporta lo suficiente como para mantener una sociedad llena de opulencias como las vividas en la primera década de este siglo 21, es necesario fomentar valores de apropiación del destino del país por nuestros ciudadanos, empresarios y trabajadores.

El socialismo que debemos profesar es aquel donde la sociedad como un todo se apropia de su destino, donde participa en su construcción, donde la gente forma parte y a su vez apoya al Estado en esa reconstrucción económica y social. Es la sociedad como un todo coordinando esfuerzos, no esperando sentados en sus casas encerrados esperando a jugar al alzar: esperando a que aumente los precios del petróleo, que los “gringos” nos quiten las sanciones, o que caiga un bono, llegue la bolsa Clap y pegar un numerito de lotería. Mucho menos es por la vía de la autocracia, es decir, por la voluntad de un sólo hombre, un sólo partido o un grupo de empresarios en el poder (oligarquía).

Debe ser el esfuerzo de todos, la voluntad organizada de un pueblo, de una comuna, de una cooperativa y de una empresa para sacar adelante la producción nacional. Pero debe ser una producción bien remunerada, libre pero equitativa, llenas de igualdad de oportunidades para los trabajadores y emprendedores, pero con una justa distribución de los ingresos y los beneficios, finalmente, que cuando lleguen los tiempos de “vacas gordas” esa abundancia sea bien repartida.

En ese sentido, al sistema educativo nacional le hace falta un módulo, catedra, materia o talleres de formación de la “sensibilización social” hacia lo nuestro, hacia la excelencia humana, como un valor esencialmente socialista.

¿Cómo realizar una gestión socialista eficiente sin caer en el asistencialismo?

Claro que se puede realizar una gestión socialista eficiente sin caer en el asistencialismo. Teóricamente, el asistencialismo siempre está atado a los niveles de pobreza, al socorro de individuos en condiciones de vulnerabilidad. Se da cuando una parte de la población no encuentra la vía para solucionar sus propios problemas y requiere del apoyo material o pecuniario del Estado para poder garantizarles un nivel mínimo de subsistencia. Diversos organismos internacionales sostienen que la población venezolana actual está pasando una difícil situación económica producto del bloqueo y persecución financiera de Estados Unidos contra el gobierno de Nicolás Maduro. Razones por las cuales se justifica que en tiempos de crisis cualquier medida de asistencia social debe ir dirigida a atender la población más vulnerable.

Nadie puede negar que los subsidios directos, bonificaciones y subvenciones gubernamentales que reciben partes de las familias venezolanas a través del Sistema Patria han ayudado a muchos a superar las dificultades económicas temporales. El Gobierno llama al conjunto de programas directos de protección a las familias “inversión social”.

Cuando se evalúa directamente en el territorio a programas como las Bases de Misiones te encuentras una atención integral a la población venezolana más golpeada por esa guerra económica, el bloqueo, el sabotaje internacional a la industria petrolera venezolana, incluso por la corrupción.

Al gobierno de Nicolás Maduro debe reconocerle ese sentido socialista de atender a los grandes sectores más vulnerables. Por eso su gobierno tiene aún mucho apoyo popular. No obstante, su sistema de gobierno, el modelo de gestión pública está vinculada directamente a la gente por medio del Sistema Patria y el Sistema Nacional de Misiones, que ha sido un éxito, y sería mejor si los ingresos nacionales fueran mayores, eso no lo pongo en dudas. Porque es un sistema integral que funciona como una red planificada para enlazar toda la institucionalidad gubernamental en los cuatro niveles de gobierno, nacional, estadal, municipal y comunal. Es por eso que cuando contabilizas los ingresos nacionales con el gasto público te encuentras que más del 75 por ciento del Presupuesto Nacional está dirigido para el gasto social. Es una buena estrategia para un Gobierno con tendencia socialista que como todas las formas de gobierno, depende de ingresos para poder financiarlo o mantenerlo.

Era lógico pensar, que cualquier partido de oposición, interés extranjero o corporativo transnacional interesada en nuestros recursos naturales que quisiera salir del Gobierno de Nicolás Maduro iría contra la principal fuentes de ingreso del Sistema de Misiones, y eso fue lo que hicieron con la industria petrolera venezolana, la atacaron, compraron conciencia de varios líderes petroleros como Rafael Ramírez y su equipo, conspiraron para detenerla, sabotearon sus sistemas de suministros, de proveedores internacionales, se apropiaron de Citgo, Monómeros.

Un elemento fundamental para sostener la revolución bolivariana en Venezuela ha sido el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el partido de Gobierno, que está relacionado directamente con el pueblo de a pie. Tiene una estructura de cuadros políticos que llega hasta las calles, avenidas, callejones y edificios en todo el país. Son hombres y mujeres comprometidos con el partido y militan activamente vinculados a las políticas públicas del gobierno nacional, estadal y municipal. Que se han organizado en consejos comunales, en UBCH, en Clap, en brigadas de asistencia social. Es una estructura político-social para dar respuesta directa a la población en general, algo que no podemos catalogarlo como “asistencialismo puro” porque abarca todo el territorial nacional, sean ricos o sean pobres.

Es por lo anterior, que algunos intelectuales ubican la forma de gobernar de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro como asistencialismo puro, de sólo gastar los ingresos y no generarlos, pero han entendido cómo funciona el sistema, que es un gobierno socialista vinculado directamente a la sociedad, a sus necesidades productivas, de consumo, de inversión, de créditos, de atención médica, educativa, culturales, de viviendas, entre otros.

Todas esas necesidades requieren ser satisfechas con inversiones e inversionistas, con bolívares y con divisas, con financiamiento público y privado, con aportes científicos y tecnológicos, con insumos nacionales e importados, con participación de los empresarios chavistas y opositores, con las universidades públicas y privadas, de las comunidades organizadas en sectores chavistas y no chavistas, entre otras.

Además de ser economista también ejerces la docencia y la formación política. ¿Los actuales modelos académicos universitarios son realmente efectivos en la formación de profesionales y técnicos?

Las universidades no pueden escaparse del debate de cómo superar la coyuntura actual de un país que está bloqueado económica y financieramente, atacado, perseguido y hostigado sus líderes, sus instituciones, etc. le añade un nivel de complejidad más a aquella Venezuela que estructuralmente estaba diseñada para ser  rentista petrolera por muchos años.

Impulsar el desarrollo de un modelo de país basado en la producción industrial, con tecnología de punta, donde se aplique la ciencia, la tecnología y la innovación, basado en la informática, para impulsar producción no petrolera de bienes y servicios para el consumo masivo, exige pensar en un nuevo modelo educativo dirigido a potenciar lo económico y lo social en los venezolanos del ahora y del futuro cercano.

Ese debe ser algunos de los debates centrales en las universidades, en la Academia de las distintas disciplinas científicas económicas y sociales. Incluso, la política de estímulo a la ciencia y la tecnología aún es incipiente. No se escucha mucho en los medios de comunicación sobre esos debates, más allá que la pandemia del covid-19 tenga a las universidades capa caída. Pero, en el resto del mundo vemos como la innovación y la tecnología no se detiene por pandemia.

Considero que deben redireccionarse las políticas de educación superior, ciencia y tecnología, a fin de generar nuevas sinergias entre el gobierno, empresarios privados y centros de investigación en función de maximizar las potencialidades productivas del país. Pareciera que es un tema de incrementar el presupuesto público para el sector ciencia y tecnología, no obstante, la coordinación conjunta entre las universidades y los centros de investigación de las empresas más sólidas del país es fundamental.

De las universidades y centros de investigaciones deberían surgir los proyectos de inversión en innovaciones y emprendimientos tecnológicos, sobre todo en sectores de bienes de consumo masivo, de primera necesidad y del sector salud, para ir disminuyendo importaciones, hacerlos competitivos y avanzar hacia la soberanía económica en el mediano y largo plazo. Aquí es necesario fijar alianzas gubernamentales con el sector privado, universidades y centros de investigación para apoyar los grandes proyectos estratégicos que surjan.

Exigir a las universidades que los proyectos para optar a títulos académicos estén vinculados a las necesidades reales de la industria nacional. Las empresas privadas y públicas deben financiar los proyectos factibles universitarios.

¿Cree que al PSUV le hace falta consultar con más énfasis a sus profesionales, técnicos, académicos e intelectuales?

El PSUV es un partido conformado por hombres y mujeres con vocación social, varios de nuestros altos dirigentes son ministros, presidentes instituciones, gobernadores, alcaldes, que tienen altos grados académicos y de reconocida trayectoria científica. Sus equipos son de altos rendimientos. Creo que no hay que subestimar a los que dirigen al primer partido de Venezuela.

Dentro del PSUV el debate es permanente. A todas las estructuras políticas regionales, municipales, parroquiales y de UBCH se les exige reunirse como mínimo una vez por semana para deliberar, para planificar agendas, para coordinar con autoridades del gobierno local o regional para solucionar problemas sociales de las comunidades. Eso ha hecho que sea un partido estudioso, donde se debate, analiza, se comprende los fenómenos sociales, y planifican acciones concretas para dar respuestas sociales.

El PSUV es un partido que continuamente hace foros, encuentros sectoriales, con invitados internacionales, con expertos en diversas temáticas económicas, sociales y políticas. Siempre vemos al Presidente reuniéndose con intelectuales de diversas disciplinas científicas. Comúnmente lo vemos consultándole al pueblo sobre sus necesidades y recomendaciones, de abajo hacia arriba, desde las bases hacia la Dirección Nacional.

En ese sentido, no dudo que la consulta profesional siempre está presente en todos los ámbitos de acción dentro del partido. Sobre todo en las acciones a emprender para superar la dependencia de la renta petrolera y desarrollar una economía productiva en Venezuela, para potenciar la agenda económica, para reconstruir la mayoría chavista en el país, para la defensa y sostenimiento de la Revolución en el tiempo, sobre las nuevas formas de lucha política para su defensa, para seguir mejorando las condiciones de vida de nuestro pueblo; para que la política social, las misiones y grandes misiones lleguen a todas y a todos, y sus beneficios sean de cada vez de mejor calidad.

La sistematización de la gestión de García Carneiro ha sido recogida en tu tesis posdoctoral. ¿Qué debe hacerse para que sea replicada en otras gobernaciones, alcaldías e instituciones del Estado?

Muchos dirigentes del alto Gobierno, así como líderes de la izquierda y de la derecha nacional reconocen que durante la gestión pública de García Carneiro en La Guaira generó grandes transformaciones económicas y sociales.

En el libro Principios de la Gestión Pública Socialista se explica un modelo, con hechos concretos y con cifras que demuestran los avances hacia ese estadio superior de administrar un gobierno de manera eficiente pensando tanto en los ingresos estadales como en los trabajadores.

Citando una parte que pudiera comprender mejor lo que se dice: “El fin de un Estado improductivo, en transición hacia un Estado productivo, es fijar estrategias que coadyuven a la producción, al ahorro e incrementen las utilidades netas y dividendos para la Nación.” Pero, la base fundamental, es el trabajo de todos, tanto del empresariado como de la fuerza laboral activa. En ese sentido, es fundamental una buena administración de los recursos públicos, pero que al mismo tiempo mejore la calidad de vida de la sociedad en general.

Con ese sentido, el General en Jefe García Carneiro había impulsado una serie de alternativas empresariales productivas autosostenibles y rentables, entre ellas para la extracción en minas de níquel, asfalteras, canteras, empresas de seguro, empresas de transporte público, recolectoras de basura, empresas de construcción de pequeñas y grandes obras, administradoras de centros comerciales y terminales de pasajeros terrestre, entre otras experiencias que indican unos primeros pasos sólidos de una gestión pública con fines socialistas, donde permanentemente se insiste en superar a ese estado burgués.

¿Es posible con el actual ingreso fiscal y el leve, pero sostenido crecimiento económico se podría incrementar el salario mínimo integral de los trabajadores?

Actualmente en Venezuela sigue ese debate entre intelectuales chavistas y no chavistas sobre el nivel del salario debido a la continua pérdida del poder adquisitivo que sufren los ingresos de los trabajadores y trabajadoras como consecuencia de la inflación inducida generada por la especulación en el mercado de bienes y servicios y los vaivenes del dólar paralelo, aunado a la política del Banco Central de Venezuela de permitir que el dólar oficial (interbancario) se ajuste hacia arriba cada cierto tiempo, algo que extrañamente ocurre al ritmo que lo impone el dólar paralelo (esquizofrenia cambiaria).

Es un reto aún pendiente por resolver por el Gobierno Revolucionario incrementar el salario mínimo a un valor que alcance por lo menos el nivel mínimo de subsistencia que establece el Banco Mundial, de 1,9 dólares diarios (57 dólares al mes).

¡No dudo que hay que subir el salario ya! No obstante, considero que la mayoría de la población venezolana ha venido buscado sus propios medios para sobrevivir sin la necesidad de depender de la asistencia gubernamental ni esperando el incremento salarial. De hecho, en la actualidad hay dos mercados laborales: uno que gana en dólares (sector privado) y otro que gana en bolívares (administración pública). En el primero, un trabajador puede ganar como mínimo 40 dólares mensuales, mientras que en el sector público se referencia por un salario mínimo integral estimado alrededor de los 4 dólares mensuales. Esa distorsión hay que corregirla.

Los pronósticos de cierre del 2021 para Venezuela indican un crecimiento económico, a pesar de la pandemia, del bloqueo, de las medidas coercitivas unilaterales y la persecución financiera por parte del Imperio del Norte. Creo que el Gobierno encontró un camino para dinamizar la economía, luego de nueve años de guerra económica. Pareciera que se encontró una fórmula económica para motivar las inversiones, el emprendimiento, para superar las expectativas negativas y para incrementar la producción.

Que una firma inglesa de inteligencia financiera, el Grupo EMFI, pronostique un crecimiento del 6,2% en la economía venezolana para el 2021, y que Credit Suisse, otra analista financiera, la estime en 5,5%, a dos meses de finalizar el año, indica que el resto del mundo comienza a vernos con otros ojos, con potencialidades y la capacidad de superar las dificultades políticas y económicas inducidas por intereses imperiales.

Que el producto interno bruto, luego de ocho años de caída comience a aumentar sin la necesidad del apalancamiento tradicional de los ingresos petroleros (Pdvsa aún sin mostrar una reactivación progresiva), significa que la economía pospetrolera se está desarrollando sigilosamente.

Que la inflación acumulada a septiembre sea apenas de 208,9%, y que en el mes de septiembre de 2021 haya sido apenas del 7,1%, en comparación con la del año 2020 que fue del 17,9%, indica que la tendencia hiperinflacionaria ya desapareció y que la curva de inflación ya no es exponencial como lo era hace un año atrás, viene descendiendo continuamente.

Creo estamos en buenas condiciones para hacer ajustes en las fuentes de financiamiento del gasto público para poder devolverle al trabajador público un salario justo. Buscar estrategias más eficientes de recaudación fiscal que garanticen ingresos extraordinarios para pagarles más a los empleados públicos, más allá de seguir esperando a que aumenten los ingresos petroleros como lo sugieren algunos economistas del lado del Gobierno.

Poco a poco debemos ir avanzando hasta llegar a comenzar a devolverles a los trabajadores los niveles de ingresos de hace 8 años atrás, para que decida junto a su familia qué consumir, en qué gastar su dinero, en vez que el Estado le siga suministrando combos de alimentos preestablecidos, electricidad y agua casi que regaladas, entre otros servicios que el Estado ha asumido forzados por la guerra económica.

¿Es viable la propuesta de indexar los salarios de la administración pública?

En Venezuela hay dos mercados laborales, uno donde los trabajadores cobran su salario en dólares y otros donde ganan en bolívares. En el primero, el salario se indexa cada vez que se incrementan el valor del dólar oficial y el paralelo, mientras el segundo, más bien pierde poder adquisitivo, no se indexa.

Por tanto, cada vez que se devalúa la moneda, como efectivamente ocurre cada día debido al Sistema de Mesa de Cambio (interbancario) aprobado por el Banco Central de Venezuela, el trabajador que cobra en bolívares se empobrece cada día más.

Ese fenómeno económico viene ocurriendo en nuestro país en los últimos 7 años, debido a la influencia del dólar paralelo en el comportamiento de los agentes económicos de Venezuela. Desde mi perspectiva, ha sido el arma estratégica usada por la oposición desde el 2014. Las secuelas que han generado son la pérdida del poder adquisitivo del trabajador, y por ende, la pérdida de la calidad de vida; quiebra de pequeñas y medianas empresas, estímulo a la pobreza colectiva y la salida masiva de venezolanos al exterior buscando alternativas donde el salario les alcance para una mejor calidad de vida, afectando las relaciones comerciales y familiares de muchos venezolanos.

La única forma de detener que los efectos perniciosos sobre el poder adquisitivo del trabajador que genera la devaluación continua que induce a la inflación en bolívares, es que indexando el salario, sobre todo los de la administración pública. Lo ideal sería dejar que el mercado resuelva las perturbaciones que genera el mercado paralelo. Valga decir, dejárselo a la libre interacción del mercado de bienes y el laboral, donde la clave sea indexar el salario al ritmo de la inflación que imponen los mismos empresarios desde el sector cambiario oficial y paralelo.

¿Cómo ocurriría eso? Supongamos que el dólar paralelo aumenta en un 10%, y por ende los empresarios (como siempre lo hacen) aumentan todos los costos vinculados al factor capital en la misma proporción, generando inflación. Pero en este caso, la indexación los obligaría a incrementar el salario mínimo también en la misma proporción del 10%. Con esto se garantizaría por lo menos que los trabajadores puedan seguir comprando la misma cantidad de producto antes de la inflación generada por la devaluación en el sistema cambiario. De esa forma, el trabajador ni se empobrece ni se enriquece, mantiene su nivel de vida en el tiempo, hasta que haya mejores condiciones macroeconómicas.

En cuanto al Gobierno, gracias al aumento de los ingresos empresariales en 10%, recaudaría ahora montos superiores, que le garantizaría seguir pagando la misma nómina del Estado, sin despedir a nadie, manteniendo el nivel de empleo en la economía, y la calidad de vida del empleado público se mantiene en el tiempo.

Evidentemente, que en esa dinámica, todos los actores demandarán más dinero para poder hacer sus transacciones, por lo tanto el Banco Central deberá aumentar la inyección monetaria a la economía sin generar perturbaciones inflacionarias, más allá de la inflación que se ha generado desde el propio sistema cambiario.

En ese sentido, suena lógico pensar que sea la dinámica especulativa o de oferta y demanda cambiaría la que determine semanalmente el valor indexado del salario de las verdaderas víctimas de la guerra económica. Si aumenta el valor del dólar, y como efecto directo, aumentan los precios de los bienes y servicios, entonces que también aumenten de manera proporcional los ingresos del factor laboral, para evitar que se empobrezcan los trabajadores.

Con una medida como esa el Gobierno nunca pierde, porque si los empresarios aumentan los precios de los bienes entonces la recaudación tributaria nominal y real aumenta. En sus efectos, el Gobierno debería activar las inspectorías del trabajo para defender a los trabajadores y dejaría de alcahuetear a los empresarios pagándoles sus nóminas. Que el empresariado les pague a los trabajadores lo que les roba a diario especulando; y, con una inamovilidad laboral garantizaría que no haya despidos masivos.

Biografía Mínima

ANDRÉS RAMÓN GIUSSEPE ÁVALO (Caripito, estado Monagas, 1972). Profesor, investigador, escritor, ensayista, asesor, historiador. Doctor en Gerencia, especialista en Política y Comercio Petrolero Internacional y Economista de la Universidad Central de Venezuela, con máster en Gerencia Pública en la UNED- España y Posdoctorado en el CIPOST-UCV. Diplomado en Gobierno y Poder Ciudadano por la Fundación Escuela Venezolana de Planificación y en Docencia Universitaria por la Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Autor de los libros: Petrodiplomacia y Economía en Venezuela (2010),  La Conciencia de La Lealtad, Confesiones del General en Jefe Jorge Luis García Carneiro sobre el golpe de Estado de Abril de 2002 (2014),  Visión Petrolera de Hugo Chávez Frías (2015) entre otros. Es director de la revista “Flama, liberación y petróleo”. Condecoración “Orden Waraira Repano” en su Primera Clase (Nov. 2012) y Condecoración Especial “Orden 13 de abril” en su única Categoría (Abril 2012), ambos otorgados por el Concejo Municipal Bolivariano Libertador, Caracas. En los últimos 16 años ha complementado su formación académica con la militancia política en el Movimiento Quinta República (MVR) y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), equipo asesor de la Vicepresidencia de Movilización y Despliegue del PSUV. Diputado al Parlamento Latinoamericano (2000-2005) y al Parlamento Andino (2006- 2011). Asesor de la Comisión Especial de la Asamblea Nacional para atender a las víctimas del 11, 12 y 13 de abril de 2002. Fue presidente de la Asociación Civil Víctimas del Paro (Videlpa).