Tres en 1 | Miguel Ángel Núñez: Urge un nuevo orden productivo

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Agroecólogo, escritor, docente e investigador en varias universidades nacionales. Ha publicado El reto del hambre y La ciencia en el Konuco

—¿El Konuco tiene ciencia?

—Nuestros konucos caribeños, andinos, llaneros, amazónicos y en otras modalidades de producción, siempre han tenido, un saber con ciencia en nuestras asociaciones de cultivos. Son prácticas históricas, de nuestras familias campesinas; de Latinoamérica y del mundo. Agroecosistemas productivos, donde se concentran valores, virtudes, sabidurías, conocimientos y servicios, elevando más su vigencia. Por cuanto, nos ayudan a mitigar los extraordinarios embates climáticos que estamos viviendo. Te recuerdo, nuestro país, nos ofrece 462 especies agroalimentarias, entre plantas aromáticas, cereales, colorantes, hortalizas, legumbres, granos, semillas, raíces, tubérculos y frutas. De estas últimas, hemos precisado 279 especies frutales en nuestro país, de las cuales 52% son nativas y el 92% se crían y se cosechan entre diferentes arreglos de las asociaciones de cultivos. Allí, se dan saberes y vínculos de la ciencia con nuestros konucos, sorprendiéndonos, los nuevos descubrimientos que hemos detallado en nuestro libro. La Ciencia en el Konuco y su visión Integral.

—Ahora que estamos bloqueados y sancionados nos piden que volvamos a la tradición, ¿por qué no nos lo pidieron antes?

—Cierto, entre todos los embates e improntas que vivimos, se ve reflejada la crisis sistémica civilizatoria, que todo el mundo está confrontando a nivel planetario. Nos parece, que en este caos destructivo, también se nos cuela, arrastramos, o estamos inmersos en crisis de percepciones, de cómo entender nuestras propias realidades, limitaciones y potencialidades. Recordemos, décadas atrás se nos suplicó el sembrar petróleo, volver al trabajo de nuestra agricultura. Ello, también significaba interpretar nuestra realidad cultural agrícola tropical y no fue posible. Copiamos y se impusieron modelos coloniales científicos, tecnocráticos, educativos, mono-agrícolas, no adaptándose a nuestras condiciones productivas tropicales. Ojo, ejemplos sobran y con las secuelas ambientales aún más, se denotan.

—El hombre y la mujer abandonaron el campo para buscar trabajo en la ciudad, ¿ahora hay que volver al campo?

—En estas crisis multisistémicas o este caos destructivo social, político y corporativo, se levanta un nuevo orden y nosotros los venezolanos estamos demostrando que se puede avanzar en nuestra propia propuesta civilizatoria. Esta opción, obligatoriamente se ve dinamizada por la producción agrícola primaria, la cual ha existido siempre entre nuestros konuqueros, allí están las cifras, los mercados campesinos de cielos abiertos, nuestra propia producción y adecuándose a las nuevas realidades técnicas, ecológicas y sociales. Es, son o no? Las respuestas para volver al trabajo del campo, con otras miradas, visiones, perspectivas e incluso, lo decimos con fuerza, sin abandonar los aprendizajes, la formación, la ciencia y su evolución. Urge un nuevo orden productivo nacional para la vida.

—Aseguran que se avecina una crisis de alimentos, ¿cómo
nos podemos defender?

—¡¡¡Perdóname!!! mi necedad e insistencia. Las asociaciones de cultivos: sus fundamentos; sus diferentes estrategias; sus arreglos y logros, son algunas de las herramientas básicas para dinamizar nuestra economía y confrontar las crisis climáticas, que es piedra angular en la producción de alimentos a nivel global. Allí está, una de nuestras principales fortalezas, de defensas, de resistencia y que estamos seguros, nos ayudarían a pasar a la ofensiva. Son los monocultivos agrícolas corporativos, que pregonan su crisis multiescalar, de producción, distribución, consumo, destrucción y escases de alimentos. ¡¡Su situación es crítica y espantosa!! Reiterativamente anunciada por las predicciones y realidades, en los aumentos de las temperaturas; por la carencia de recursos de agua, suelos y la escases estructural de energía, no sólo para mover los procesos productivos, también para la producción de sus fertilizantes, venenos y otros en las cadenas de suministros.

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Retrato Hablado

“Comencé a escribir en prisión. Eso me protegió de los convictos y de los carceleros. Los convictos negros tenían un respeto instintivo, e incluso miedo, por alguien que podía sentarse a escribir a máquina y cuyo nombre aparecía en periódicos y revistas. Los carceleros no podían tocar a quien pensaban era una figura pública”. Así escribió Chester Himes, ese gran escritor de novelas negras, en la revista Esquire. Antes que escritor fue un delincuente. Fue condenado a 20 años de cárcel por un atraco a mano armada. Y en la cárcel se hizo escritor. Estuvo 7 años detenido. Una vez en la calle comenzó a trabajar en talleres mecánicos y al mismo tiempo escribía. Viajó a París y allí sus novelas pasaron a formar parte de las críticas y comentarios. Allí escribió El gran sueño del oro, Todos muertos y Por amor a Imabelle. Fue el creador de esos dos famosos policías; Sepulturero Jones y Ataúd Johnson. Después se fue a España y se quedó a vivir allí. Murió en Alicante el 12 de noviembre de 1984. Había nacido en Estados Unidos, el 29 de julio de 1909.

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El viernes de Lira