Pensar en socialismo (IV)

0

La Ciudad Comunal y el Estado Comunal Socialista Bolivariano

En la medida que los y las integrantes de las comunas urbanas puedan también producir sus propios insumos alimenticios, particularmente hortalizas y verduras, carne de cerdo, huevos y carne de aves, lograrán de esta manera introducir una nueva dimensión sociocultural en el tiempo histórico de la sociedad comunal, que es antagónico al metabolismo capitalista, creando asimismo conciencia sobre la identidad histórica y cultural de la población comunera, que es el fundamento del poder popular.

El desarrollo de las áreas de cultivo en los territorios de las comunas, del barrio o la parroquia, que populariza el nuevo concepto agroecológico de la agricultura urbana, permite crear espacios laborales y áreas de trabajo que no requieren el desplazamiento físico de las personas fuera de su espacio de vida territorial. Se abre así la posibilidad de construir un mercado comunal para colocar, tanto la producción agrícola-avícola-cárnica, como los bienes manufacturados en los otros proyectos socioproductivos que existan, creando una geometría del espacio social no capitalista, donde convergen los intereses de vida de las diversas comunas, sustitutivo del concepto de la antigua parroquia o, eventualmente, del municipio, los que caracterizan la visión cartográfica de país que nos legó la IV República.

Plan de la patria

En el caso de Venezuela, a diferencia de lo ocurrido en Argentina y Brasil, el Gobierno revolucionario bolivariano ha puesto en práctica el proyecto de país presentado por el Comandante Chávez, denominado Plan de la Patria. Este plan apunta hacia la construcción de nuevas relaciones sociales de producción fundamentadas en el poder popular, que tiene como base las comunas, los consejos comunales, las UBCH, Unidades de Batalla Bolívar-Chávez, que representan al Partido Socialista Unido de Venezuela, en el interés general de coordinación del proceso, las Bases de Misiones Sociales que fomentan la integración transversal de las comunas rurales, periurbanas y urbanas, en alianza estratégica con numerosos movimientos sociales, donde predomina el concepto de la propiedad social de los medios de producción de bienes y servicios. Simultáneamente, todos ellos coexisten con un extenso movimiento cooperativo que incluye también producción agropecuaria, bienes industriales y servicios. Ambos procesos suponen la participación de alrededor de ciento cincuenta mil o doscientas mil familias que habitan diversos estados de la unión venezolana. En este proceso, las mujeres venezolanas ocupan un papel participativo y protagónico; su actividad contribuye a consolidar y cimentar la nueva sociedad comunal en construcción, destacando no solo por su combatividad sino también, fundamentalmente, por su claridad ideológica y lealtad al proceso revolucionario.

Aquel proceso de integración transversal de las unidades socioproductivas se fundamenta en la estrategia del Punto y Círculo, presentada por el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, el 19 de junio de 2010, como un modelo económico de transición al socialismo. De esta manera se lograrían articular en una región determinada los diversos espacios productivos con un núcleo productivo; dicho núcleo productivo debe vincularse con las comunidades aledañas, para lo cual se requiere de la participación de diversos actores sociales, tales como los consejos comunales así como con la tarea de formar y capacitar constantemente, tanto el personal de la unidad productiva como de la comunidad, a través de la Escuela en la Fábrica, el seguimiento y la evaluación de la gestión empresarial (contraloría social) y la consolidación del proceso de intercambio de saberes para generar y rescatar los conocimientos y valores tradicionales y contemporáneos que permitan avanzar en la construcción del socialismo del siglo XXI. Dentro de la estrategia, la fábrica debe constituirse en un sitio donde se buscan soluciones a los problemas locales, un espacio para el conocimiento, un lugar para el desarrollo humano, es decir, debe ser un espacio para promover el desarrollo sostenible local, donde las empresas grandes (incluso las privadas que quieran insertarse en el proceso) deben apalancar a las empresas comunitarias, de manera que se promueva el desarrollo integral del espacio productivo a través de la asistencia financiera o a través de la transferencia tecnológica, hasta crear un proyecto comunal regional que pueda ser replicado en las áreas y regiones vecinas.

Productividad de comunas

Los CLAP deben servir para integrar la producción con el sistema de comunas organizadas en proyectos productivos regionales. Un ejemplo de que ello es posible tanto en la teoría como en la práctica es la estrategia del Punto y Círculo propuesta por el Comandante Chávez en el estado Portuguesa, donde dicha estrategia ya ha dado nacimiento a cadenas productivas y de distribución, donde se combina la productividad de comunas como Chiriguare e Indio Coromoto con la cadenas de distribución del CLAP. En ciertas regiones del occidente de Venezuela, como es el caso de la región de El Papelón, estado Portuguesa, el poder popular ha logrado la integración transversal de proyectos productivos agropecuarios y piscícolas, de transformación de materias primas y de producción industrial con los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción) para la distribución de insumos de primera necesidad destinados a la población regional. La actividad socioproductiva del poder popular se encadena con la de otros estados vecinos como Trujillo donde, por ejemplo, a través del CLAP la producción de café se inserta en un proyecto complementario de trueque de saberes y productos con los del estado Portuguesa para mejorar las condiciones de la vida en ambas regiones.

Esta sería la manera de abrir la vía hacia la constitución de la sociedad socialista comunal y, eventualmente, del Estado Comunal Socialista Bolivariano.

Mario Sanoja Obediente/Iraida Vargas
Cronistas de Caracas