EstoyAlmado | El G4 al descubierto

Manuel Palma

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Por los nuevos acontecimientos esta columna debió ser la continuación de la anterior titulada: “La palabrita los delata”, pues se percibía en el clima político-electoral que la fracción opositora G4 activaría la palabra fraude durante y después de la campaña electoral. No lo hicieron antes, porque creían que el mandado estaba hecho: en un contexto de pesadumbre atizado por sanciones y recesión económica, parecía fácil ganarle al chavismo. Desde sus aposentos multimillonarios en el exterior, la oposición de Guaidó calculaba una arrase electoral.

Pero la calle, las propias movilizaciones de campaña electoral y algunas de sus propias encuestas le asomaron resultados regionales inesperados. Para el cierre de campaña ya habían notado que el chavismo tiene con qué para mantenerse y renovarse como fuerza política. Al parecer el G4 una vez más engañó a sus financistas y correligionarios haciéndoles creer que el chavismo es fácil de derrotar electoralmente.

En la columna anterior decía que a sabiendas de lo que pasará en las elecciones de este domingo, la oposición extremista apelaría al recurso trillado de cantar fraude. Fue una narrativa que venían preparando, aún cuando recibieron todas las garantías que se les antojaron y se les trajeron todos los observadores internacionales que pidieron. La primera señal provino del senador Rubio, la segunda de Leopoldo. Y si quedaban dudas: extraoficialmente un vocero de la Casa Blanca se sumó al coro diciendo que las votaciones del 21-N serán “manipuladas”, lo cual, por supuesto ameritó la respuesta del presidente de la República.

Ese no fue un off the record inocente. Deslizar en plena campaña electoral que las elecciones serán “manipuladas” es un vulgar salvavidas lanzado desde EEUU para la oposición extremista. A juzgar por esa ayudaíta internacional enviada a última hora, y a riesgo de equivocarme, el G4 regresará al ruedo electoral sin lograr los votos alcanzados con la tarjeta de la manito en las elecciones parlamentarias de 2015.

Y si el próximo lunes el G4 no es mayoría en el mapa electoral de alcaldías y gobernaciones, no será por supuestas inconsistencias en el sistema comicial; es porque nunca han sido una alternativa política responsable y sensata, que garantice condiciones de inclusión social y desarrollo nacional. Ayer fueron los representantes legítimos de paros petroleros, guarimbas sediciosas, atentados, golpes, caos e inestabilidad política. Hoy, faltando horas para la votación, son los candidatos del bloqueo que agravó los males de nuestra economía especulativa. También son los candidatos del intento fallido de invasión por Cúcuta y del saqueo sucesivo de multimillonarios recursos procedentes de Monómeros, Citgo y otros bienes públicos en el exterior.

La prueba adelantada de su derrota fue su metamorfosis discursiva: de pedir meses atrás “condiciones mínimas” para participar el 21N, pasaron a cantar un supuesto fraude que ellos saben que no existe, pero que necesitaban posicionar en el imaginario social con alguna declaración controversial (“votaciones manipuladas”, por ejemplo), que abone a la duda y a la desconfianza de los resultados electorales.

Con eso el llamado G4, cobijados bajo el títere de Guaidó, intentan proporcionar excusas sin fundamentos para que la fulana comunidad internacional intente desconocer el proceso electoral, como pasó recientemente en Nicaragua. Para ello, el G4 espera que en el informe final los observadores refrenden su coartada.

De lo contrario, será más que evidente que su petición de “elecciones libres y justas» es un simple eslogan dictado desde el Norte sin ningún asidero en la realidad política y social venezolana. En el fondo, buscan tapar lo inocultable: el problema no es el sistema electoral, ni las instituciones del Estado, ni tampoco el aguerrido y consciente pueblo venezolano. Queda al descubierto que ellos, el G4, son el fraude, un timo flagrante hasta para sus propias filas.

Manuel Palma