ASÍ DE SENCILLO | Elección

Maritza Cabello

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Las fiestas de los habitantes del Sur eran su única preocupación. Tenían organizadores, logística, decoradores, músicos, malabaristas, payasos, y toda la variedad de artistas que puedan imaginar. No había terminado una celebración, cuando ya estaba otro grupo preparando la siguiente. Así pasaban sus días. Entre risas, cantos y licores.

Mientras que los del Norte, solo se interesaban en las estrategias para ganar la guerra. Vencer era su lema. Tenían una fábrica de problemas para iniciar conflictos. Estaban ansiosos por usar la maquinaria inventada por sus excelentes científicos. Sufrían al ver abandonado como trastos viejos a sus mejores inventos: la pisadedos, la pica pica, la que hala los cabellos uno por uno, la que evita el parpadeo ¡Que desperdicio! Se lamentaban. Por eso era un pueblo triste y amargado.

Los del Oeste eran grandes comelones, ¡tragones! Su baja estatura no podía con tanto peso. El más delgado pesaba por lo menos, cien kilos. Su especialidad era la cocina, así que allí vivían los mejores chef, bartender, catadores, misólogos y sibaritas. Vivir para comer o comer para vivir, era su debate.

Los del Este se dedicaban a vivir una vida “correcta”. Según sus parámetros. Lo más importante para ellos era la religión, su iglesia y la palabra escrita en un libro que consideraban mágico. El que encerraba todas las verdades. Pedir perdón era su ocupación principal. Si rompían el ayuno ¡Perdón! Si miraban a una muchacha que no era su novia, ¡Perdón! Si envidiaban el traje de otro, ¡Perdón! Si sentían deseos carnales, ¡Perdón, perdón, perdón!

Un día a alguien de los cuatro puntos, se le ocurrió que no podían seguir viviendo sin presidente que gobernará a toda la nación, porque lo que cada grupo hacía era lo más importante, así que decidieron ir a elecciones.

Se presentaron cuatro candidatos: María Bonche, Carlos Peleas, Fina Megapapa y Santos Yonofui.

Pasaron un año entre pancartas, twiter van y twiter vienen, desfiles, entrevistas, encuestas, acuerdos, desacuerdos. Este dijo, el otro respondió. Que se unen, que pelearon y así, así.

Hasta que llegó el día de las elecciones. El resultado…

Ninguno ganó, sacaron el mismo número de votos.

¿Qué decidieron?

Gobernar los cuatro

¿Cómo?

¡No sé! Allí están encerrados, estableciendo prioridades y llegando a acuerdos. Se escucha:

-Hay que estrenar las máquinas.

-Pero en una gran fiesta.

-Que dispare comida.

-Solo aceptaremos si antes se les da la bendición a las máquinas.

Fin

Maritza Cabello