RETINA | La salsa de cierta izquierda

Freddy Fernández

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Venezuela ha sido pieza central de propaganda de la derecha internacional. Todo intento de libertad, dignidad, justicia e independencia se quiere apagar con la campaña antivenezolana. Cualquier idea de cambio en Europa y en América Latina y el Caribe se enfrenta al truco de acorralar a los proponentes en un debate sobre Venezuela.

Si un grupo de mujeres dice que la normativa legal de su país debería otorgar mayores garantías y beneficios por maternidad, la derecha les preguntará si han visto cómo muere de hambre la gente en Venezuela.

Las voceras responderán que no hay conexión entre esa pregunta y su propuesta, pero no será fácil romper el encuadre de discusión que les imponen. Serán acusadas de encubrir los crímenes que supuestamente se cometen en Venezuela.

Peor si un partido de izquierda propone un incremento de salarios. De entrada les acusarán de ejecutar una estrategia para socavar la democracia. Los proponentes serán presentados como agentes que quieren imponer un sistema chavista, comunista y bolivariano.

Antes tales ataques motivaban a contraatacar denunciando la demonización de las revoluciones, el sabotaje y la agresión imperialista. La derecha optó por desequilibrar a los dirigentes de izquierda al presentar a venezolanos narrando una barbaridad, pero presentada como testimonio real y, por tanto, asimilado por el público como si fuera más verdadero que lo sustentado por el dirigente. La derecha incluso se puso a inventar historias y hasta documentos, ampliamente presentados por las empresas de noticias de TV, radio y prensa, que supuestamente probarían que se trataba de agentes financiados.

Con todo, la instrumentalización de Venezuela como elemento de propaganda para generar miedo va perdiendo mucho terreno en América Latina, como podemos observar por el fortalecimiento del movimiento popular en la región.

Sabemos, que no es necesario hacer una campaña antivenezolana dirigida a la derecha del mundo. A la derecha le ha aterrado siempre el cambio, la novedad. Defiende la continuidad, la perpetuidad de lo que existe, incluso cuando esa existencia le daña. Pinochet les venía bien, todavía lo veneran, como a Franco y a Somoza. No es que prefiera las dictaduras, es que las añora cuando vislumbran en la sociedad posibilidades de cambio.

Así que la campaña antivenezolana está concebida para frenar y acorralar al pensamiento político que se presenta como portador de un mundo distinto. Debemos reconocer que logró tocar a algunas figuras de izquierda. Unos decidieron no hablar de Venezuela. Otros se sumaron a las filas de los atacantes y hay quienes han negado cualquier vínculo con Venezuela.

Algunos han dado mucha vergüenza porque niegan cualquier relación con Venezuela y sufren pensando en el día cuando aparezca por ahí su foto con franela de los ojos de Chávez, la declaración de solidaridad que firmó, la otra foto, agitando un mojito en “El maní es así”, a las tres de la mañana, y unos 15 segundos de video que demuestran que no tienen ninguna idea de cómo se baila salsa.

Freddy Fernández | @filoyborde