BAJO LA LUPA | Música política

Eduardo Rothe

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Sí. ¿Y por qué no? No solo los himnos y marchas y los eventos o concursos aprovechados para mandar mensajes, sino hasta la música más personal y sentimental, cuya política tácita es mantenerse dentro de lo íntimo. Por ahí salieron unos gusanos con “Patria y Vida” para atacar a Cuba, una ya fermentada y fementida práctica gringa, y más precisamente mayamera, en el mundo de la música. Y si no, que le pregunten a Oscar  D’ León, recibido y agasajado como un rey en Cuba (1983), pero al llegar a Miami y ser informado de que se le cerrarían las puertas de la industria disquera no dudó un segundo (bozal de arepa) en despotricar de la Revolución cubana.

El mismo Oscar D’ León que, si mal no recuerdo, fue detenido y acusado de seducir una vecina de 14 años a la que llevaba al hospital ver a la madre enferma de cáncer (era gobierno el moralista social-cristianismo de Copei). El músico negó todos los cargos afirmando que se trataba de un intento de extorsión. Entrevistado en la cárcel por un reportero de El Nacional “Reiteró que es inocente y el expediente debió paralizarse cuando al tribunal llegó una prueba, que no reveló aduciendo el secreto sumarial, que lo deja libre de toda responsabilidad. Expresó que “somos hombres” y esto le puede pasar a cualquiera”.

Sin embargo, los críticos del músico relacionan la solución del caso con una canción contra el aborto llamada El derecho de nacer, justo cuando el tema iba a ser discutido en el Congreso:

“(…) si tienes fruto en tu vientre, dale el derecho a nacer. Es crimen y no hay que hablar, es la verdad neta y pura, matar a una criatura que se ha empezado a formar, y no se puede negar, se quitó la vida a un ser. (…) es asunto comprobado, de hoy, mañana y ayer: nunca Dios dará un poder, de matar con ciencia y maña, a ese fruto de tu alma, a ese fruto de tu entraña, dale el derecho a nacer. No hay en el mundo un Congreso que estudie el aborto y frente a Dios no quede corto firmando una ley para eso, anunciar el crimen con eso, precisamente es lo que viene a ser; pregunto y voy a entender, por qué a este mundo vinieron… porque a ustedes les dieron el derecho de nacer”. (…) CORO: “¡Malas las mujeres que abandonan niños!” (…). “Y el que no esté de acuerdo, oye, que no me busque como amigo”.

Una opinión personal, sin duda, pero en su momento y ahora, política. Como lo es el Récord Guinness a las muchachas y muchachos del Sistema de Orquestas Juveniles que tanta roncha levantó en la derecha opositora. Y lo que pasa con la música ocurre en general con la cultura, con una parte dedicada a sostener el sistema espectacular-mercantil del capitalismo crepuscular y otra empeñada en su destrucción revolucionaria. Pero esta distinción no es tajante y polarizada: existe una zona de matices grises, entre negro y blanco, a veces difícil de navegar. Lo que sí está claro es que el enfrentamiento histórico entre tradición e innovación siempre se resuelve, tarde o temprano, por el triunfo de la innovación. En esa regla está la esperanza del mundo y la supervivencia de la especie, una forma global del axioma que afirma: “Solo el amor puede vencer a la muerte”. Amén.

Eduardo Rothe