PUNTO Y SEGUIMOS | Ellos, los de siempre ¿Y nosotros?

Mariel Carrillo García

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Vigésima novena elección en 20 años. Podrán decir lo que quieran, pero indudablemente el ejercicio del voto es tan practicado en el país que podría decirse que ya tenemos músculo y maestría en el asunto. A pesar de la ya histórica y fastidiosa cantaleta opositora del fraude incomprobable y la supuesta falta de garantías e independencia del Consejo Nacional Electoral con las que se ha intentado socavar la credibilidad de nuestro sistema electoral por años, lo cierto es que raya en la pena hacer ese tipo de aseveraciones a estas alturas, aunque bien sabemos, algunos no le temen al ridículo, sino pregúntenle a Juanito que todavía pide elecciones “libres” o a Ramos Allup, que todavía no presenta pruebas.

La cosa es que el sistema automatizado es rápido, eficiente y seguro como lo han repetido cientos de acompañantes electorales nacionales y extranjeros durante dos décadas. Y lo más importante es que el pueblo lo sabe. En estas elecciones regionales volvimos a ver a opositores participando, luego de años de malcriadez y falta de visión política, tratando de recoger los vidrios rotos y abrirse espacios propios ya que el G4 los dejó a todos como la guayabera con el megaguiso del gobierno interino. Tampoco creerán que es que son muy demócratas. Golpe de Estado, paro patronal, gobierno ficticio, guarimbas, sanciones, etc. Prohibido olvidar. Eso sí, para            -como gustan decir los funcionarios- el desasosiego de la población, es indudable que una vuelta al carril institucional es una mejoría.

Punto aparte los porqué de este regreso, y las condiciones. No es solo la “traición” interna en la oposición, o la avaricia de unos pocos, sino también el necesario reacomodo toda vez que desde el gobierno se empiezan a hacer concesiones en política económica que benefician al empresariado nacional y foráneo. Cuánto de esto afecta al proyecto de la revolución bolivariana o a las bases chavistas, es tema para otros artículos, pero sí queda claro que la oposición puede ser de todo, menos poco amante de ponerse donde haya. Y esta tierra de gracia, con bloqueo o sin él, sigue siendo una mina de oro.

Regresar a la vía democrática es, para la derecha local, la oportunidad que siempre tuvieron de tener cargos de elección popular, pero que se negaron a utilizar, embarcados en el sueño trumpista de poder robar sin siquiera tener que gobernar. Por otro lado, también se abren espacios a nuevos y poco conocidos opositores, que nunca tuvieron lugar en la rosca tradicional de los de siempre. El tiempo dirá si optan por presentar aunque sea un borrador de proyecto de país o si van por la consabida vía del modelo adeco de hacer política.

Más allá de los resultados, una vez más Venezuela demuestra su vocación democrática, con un pueblo que sigue confiando en este sistema como el mejor para desarrollar sus potencialidades. Las aventuras de invasión y subyugamiento frontal ante potencias extranjeras no es del agrado de un país con historia de libertadores, y ya iba siendo hora de que al menos un grupito de opositores lo tomara en consideración en sus cálculos. Tampoco fue de mucha ayuda que se dejaran quitar Monómeros y que evidenciaran tan poca pericia en lo que se supone eran expertos, es decir, en saquear las arcas de la nación; pero en estos tiempos de crisis, suponemos que todo suma.

Así que mientras la derecha sigue en su proceso de acomodarse a las circunstancias, el gobierno debe administrar bien sus victorias y analizar sus debilidades. Todos queremos reactivación económica, pero al modo robinsoniano rama del proyecto chavista, inventando o errando, no recurriendo a viejas recetas liberales que en todos los plazos temporales perjudican a la clase trabajadora, corazón de la Revolución. Seguimos votando porque sabemos quiénes son ellos. Lo que no se puede permitir es que no se sepa quiénes somos nosotros.

Mariel Carrillo García