HISTORIA VIVA | Lo hecho y por hacer

Aldemaro Barrios R.

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Mientras el pueblo venezolano fue a marchar y a expresarse masivamente, Alex Saab aguardaba en una celda gris a la justicia divina y la presión de la opinión mundial que son las únicas que pueden sacarlo de la ilegalidad impuesta por los creídos dueños del mundo. La prisión de Saab es la concreción física, abominable e ignominiosa del bloqueo que contra el pueblo venezolano y la Revolución Bolivariana ha desatado un monstruo con nombre de gobierno, una injusticia que no tiene tamaño en la memoria del siglo XXI.

Para llegar donde hoy estamos hemos andado contracorriente durante 22 años ante un poderoso y execrable Estado gobernado por ocho corporaciones transnacionales, Estados Unidos ha desentrañado sus garras para tratar de impedir que Venezuela decida por sí misma donde ir y como ir para superar la pobreza que ellos mismo impusieron desde hace 100 años cuando nos obligaron a entregar nuestro petróleo, hierro, oro y aluminio al precio que mejor les convenía para luego obligarnos a comprar lo que sus industrias producían.

Tres o cuatro generaciones de jóvenes revolucionarios venezolanos, en el siglo XX tuvieron que entregar fuerzas y vida para confrontar ese mismo Estado hegemónico que tejió su poderío con la complicidad de una cúpula política que les entregó la República a cambio de dádivas “vacacionistas” y corruptas, toda una trama de engaños bajo la doctrina de una llamada democracia representativa.

De todo el siglo XX destacamos la raíz que dio origen al Puntofijismo (1958) y su relación embrionaria con los que detentaban el poder político, económico, policial y militar en Estados Unidos. Bajo una supuesta amenaza Soviética se hizo creer que el comunismo iba a destruir los países y así se nos impuso la Guerra Fría, que de fría tuvo solo el nombre porque fue tan agresiva y caliente como una guerra convencional.

Un personaje central asociado al tema Guerra Fría fue el empresario y político estadounidense Nelson Rockefeller, quien jugó un rol primordial desde la II Guerra Mundial hasta avanzada la década de los 70, en el diseño de políticas de Estados Unidos hacia América Latina, que incluían el tema de inteligencia militar y policial y que, por tanto, como asesor de seguridad y política de los presidentes Harry Truman, Dwight Eisenhower, John Kennedy y Lyndon Johnson, marcó los contenidos de las relaciones de Estados Unidos con América Latina y en especial con Venezuela en razón de su potencialidad petrolera y los intereses de la trasnacional Stándar Oil Corporation, propiedad de la familia Rockefeller en este país, una de las ocho corporaciones que pretenden controlar el mundo.

De esos dominios venimos, hasta que la decisión voluntaria del pueblo venezolano catapultó a Hugo Chávez Frías a la presidencia en 1998 y desde entonces desvestimos los trapos sucios de una oligarquía nacional que nunca tuvo categoría de burguesía porque jamás generó modos de producción revolucionarios sino que vivió de bagatelas y de las barreduras que los emporios petroleros transnacionales le dejaban al Estado venezolano, una desclasada oligarquía que se agarrotó en los gobiernos de AD y Copei para depredar la renta petrolera, que bajo la corrupción, el derroche, mantuvo una relación de dependencia crónica con el gobierno de Estados Unidos.

Todavía hoy, hay resquicios cancerígenos de esa doctrina, tanto en la oposición como en algunos focos de corrupción endógena que generan un daño considerable al bienestar social tomando en cuenta las circunstancias del bloqueo y el asedio contra este pueblo valeroso, resistente y consecuentemente paciente.

La lectura que nos dieron las elecciones del domingo 21 de noviembre de 2021, con pronóstico de reserva permite entender el mensaje que el pueblo está enviando a la dirigencia opositora, para que rectifiquen francamente los errores cometidos durante las sesiones de violencia de los últimos años, y a la vanguardia chavista para reafirmar la ruta liberadora con ética y moral bolivariana, es el reto para las nuevas generación de dirigentes que se asumen mandatarios.

No es con pan y circo la manera como avanzará la Revolución Bolivariana, es como lo ha dicho el presidente Maduro, con una fortaleza económica de producción y productividad nacional a gran escala que permita la autosuficiencia alimentaria, suficiente oferta para que la especulación impuesta a empellones baje y no golpeé el salario deteriorado en la complejidad de la guerra económica. Cuando hablo de producción es cantidad y de allí la productividad que es calidad, valor agregado a las materias primas que generamos. Esos valores cualitativos se refirieren sobre todo al valor adicional de la materia prima bruta que todavía estamos exportando. Pregunto ¿Por qué todavía estamos entregando bauxita bruta a las transnacionales del aluminio? Si estamos en capacidad de aprovechar todos los minerales estratégicos que ella contiene, incluyendo el oro entre otros materiales valiosos.

¿Por qué todavía no se ha construido un astillero poderoso como lo planteó Bolívar en 1818? Si desde 1817 el gran Orinoco es dominio patriota gracias a la hazaña y voluntad entre otros del general en jefe Manuel Piar. Ahora más que nunca nuestro hierro y aluminio en vez de salir en lingotes o en cargas brutas, debe ser el pivote para construir una fortaleza naval y un puerto estratégico por donde salgan productos derivados con valor agregado de esos minerales estratégicos a mercados aliados distintos al europeo o nortemericano.

En la geopolítica internacional multipolar, el fortalecimiento de las alianzas con China y Rusia nos da la oportunidad de construir ese modelo económico independiente que ha anunciado el presidente Maduro, pero sobre todo con una fuerza laboral poderosa consciente de su rol histórico que es la llamada a construir la ruta definitiva hacia nuestra independencia económica y política.

En Venezuela se ha reconstruido un tejido social poderoso durante 20 años, que supera las posibilidades de un partido, porque en ese entramado social concurren compatriotas que no necesariamente son militantes de partidos, pero si antimperialistas y sobre todo patriotas. Ese es un factor radical de la Revolución Bolivariana que los partidos del Chavismo deben considerar para aglutinar fuerzas sociales que están sembradas en las organizaciones sociales de bases de mujeres, estudiantes, profesionales, gremios laborales, redes y otras formas colectivas de organización que superan las limitaciones de los partidos políticos.

Una abstención que ronda el 60% es de alarma para un sistema de participación política en una democracia madura como la venezolana, cuando vemos los números de 21 millones de inscritos y observamos la fotografía de 13 millones que no fueron a votar, allí hay un mensaje de alerta que ofrece una lectura para revisar, que obliga a la dirigencia política a mirarse el ombligo y preguntarse ¿Qué pasó? ¿Por qué ocurrió ese resultado? Uno de los valores de la Revolución Bolivariana es precisamente el incentivo y fomento de la participación política.

No es recomendable ser triunfalistas, si bien el chavismo sigue siendo la mayor fuerza política activa en el país, las 13 millones de personas que no fueron a votar nos ponen a prueba para estimar su opinión “silente” y tenemos el deber de escuchar y leer esos datos.

Por ahora el análisis y luego las acciones que mejoren esta fotografía que nos tomamos en las recientes elecciones.

Aldemaro Barrios R. | venezuelared@gmail.com